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sábado, 4 de abril de 2026

DOMINGO DE PASCUA. ¡Cristo ha resucitado!

 NOSOTROS SOMOS TESTIGOS


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Hoy es Pascua, la vida ha vencido la muerte, el Señor ha resucitado y su sepulcro está vacío. Hoy es el gran domingo del año, y todos los demás domingos del año serán un eco de este.

    Hemos vivido, con sencillez, en las parroquias de nuestra Unidad Pastoral, los días más decisivos en su vida y los días más importantes en nuestra fe: el Santo Triduo Pacual.

    No ha sido un simple recuerdo de hechos ya pasados, sino una actualización en el presente: le hemos acompañado en el cenáculo para la última cena pascual y hemos acompañado su tristeza y oración en el huerto el Jueves Santo, su camino hacia el Calvario, su Pasión y Muerte el Viernes Santo.

    ¡Qué suerte hemos tenido de poder vivir un Triduo Pascual sin distracciones, centrados en lo verdaderamente importante, en acompañar al Señor y agradecer su redención conseguida en la cruz!

     Por eso desde anoche, con la celebración solemne de la Vigilia Pascual, nos hemos  llenado de alegría por su resurrección. La resurrección es la prueba definitiva de la verdad de la vida de Cristo; si no hubiese resucitado, sería un profeta más, un hombre bueno con un gran mensaje al que, como a tantos otros antes, el mal y la injusticia acallaron y vencieron.

    Pero si resucita, tal y como había anunciado que el grano de trigo tenía que ser sepultado en la tierra para dar fruto abundante, entonces es que todo lo que dijo es cierto: realmente es el Hijo de Dios, el Salvador que nos puede dar vida eterna.

    María Magdalena se acerca al sepulcro a realizar un último gesto de amor con el cuerpo muerto de su querido y admirado Maestro. Sólo quiere terminar de ungir su cuerpo, porque las circunstancias tan duras que han vivido con la crucifixión no se lo han permitido. No se le pasaba por la cabeza que hubiera resucitado, como tampoco al resto de apóstoles que han huido a donde han podido para llorar la muerte y el fracaso de Jesús.

    Cuando ve el sepulcro vacío, corre a anunciárselo a Pedro y a Juan. Estos corren a comprobarlo y, al llegar, ven los lienzos y el sudario. Ven y creen. Creen y, por fin, logran entender la Palabra de Cristo que ya les anunció repetidamente su resurrección. Nadie podía haber robado el cuerpo y haber dejado así las valiosas telas, aquello era un signo claro de que la resurrección era real.

    ¿Qué significa para nosotros la resurrección de Jesucristo? Lo significa todo. Él ha vencido a la muerte y nos ha dado la esperanza de una vida nueva. Estamos salvados de la muerte y del pecado, que, aunque sigan teniendo poder sobre nosotros, ya no son definitivos, están vencidos por su resurrección.

    Dos son los grandes signos que nos acompañan en todas las celebraciones de la Pascua: la luz del cirio y el agua bautismal.

    La luz del cirio es la luz del resucitado que ilumina la oscuridad del mundo. ¿Qué oscuridad habría en este mundo y en nuestros corazones si el Señor no hubiese resucitado? No habría esperanza para nosotros; solo nos quedaría distraer la vida que se escapa, intentando no pensar que todo se va a acabar definitivamente. Muchas personas hay que viven así, sin conocer esta luz del Resucitado.

    El agua bautismal es la que nos ha hecho renacer, nos ha dado la vida nueva de los hijos de Dios. Por eso en estos domingos de Pascua la recibimos al comienzo de cada misa y renovamos así nuestro bautismo.

    San Pablo nos invita a vivir ya como resucitados, nacidos de la Pascua: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allí arriba, no los de la tierra”.

    ¿Cómo es mi modo de vivir, como alguien que tiene la esperanza de la resurrección de Cristo en su vida o la de alguien aún aferrado a los bienes efímeros que pasan y que nos distraen de los esenciales?

    Feliz Pascua, hermanos.

    Cristo ha resucitado y nosotros también con él.

 


jueves, 26 de marzo de 2026

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

 HOSANNA AL HIJO DE DAVID


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Con la celebración del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor nos adentramos en el período más intenso y significativo de todo el año cristiano: la Semana Santa.

    Cantando como los habitantes de Jerusalén “Hosanna al Hijo de David; bendito el que viene en nombre del Señor”, y agitando en nuestras manos las palmas mientras entrabamos en el templo, hemos revivido anticipadamente en la procesión el triunfo de Jesucristo, su Resurrección.

    Pero estas aclamaciones de alegría duraron poco tiempo, como hemos escuchado en la lectura de la Pasión del Señor, pues inmediatamente resonarán los gritos hostiles contra Jesús, quién, a pesar de ser inocente, fue condenado a la muerte en la Cruz. Muchos de los que hoy gritaban “Hosanna al hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor”, el próximo viernes gritarán “crucifícalo, crucifícalo”, y lo llevarán hasta la Cruz.

    Jesús es el Rey aclamado por el pueblo, el Mesías anunciado por los profetas y esperado por los pobres, pero su actitud, montado sobre un borriquillo, manifiesta que llega en son de paz, como estaba anunciado.

    La momentánea alegría del pueblo judío, que esperaba un caudillo libertador, contrasta con las lágrimas de Jesús al llegar a Jerusalén y comprobar la obstinación de sus corazones, cerrados al amor y a la misericordia divina.

    El relato de la Pasión, su escucha y los sentimientos que suscita, nos sitúan muy cerca de Jesucristo y de sus sufrimientos, puesto que será traicionado, escarnecido, flagelado y crucificado. Su ejemplo de obediencia y docilidad a la voluntad de Dios, de amor efectivo y de cumplimiento de la voluntad divina, es la más esclarecedora expresión y el gesto más profundo y auténtico del amor divino, que llega hasta derramar la última gota de sangre para salvarnos a todos. Nos amó y se entregó por nosotros, para salvarnos.

    En la lectura de la Pasión hemos recordado la entrega total de Cristo por nuestra salvación. Ese es su deseo y el motivo de que acepte el sufrimiento: su amor al Padre y su amor por cada uno de nosotros. 

    Las lecturas que hemos escuchado nos preparan para todo lo que vamos a vivir durante toda la Semana Santa. En ella podremos profundizar con todo detalle en lo que Jesús ha hecho por cada uno de nosotros.

    Entre los muchos personajes que aparecen en la narración, la mayoría gente común del pueblo, algunos quedan afectados por lo que estaba sucediendo: Simón de Cirene es obligado a ayudar a llevar la cruz con Jesús; las mujeres de Jerusalén se lamentan al ver el sufrimiento de Jesús; el buen ladrón, que comprendió su inocencia y que le pidió que se acordara de él cuando entrara en su reino; el centurión, que confesó al verle morir que era un hombre justo; las mujeres que lo seguían desde Galilea y lloraban a verlo pasar cargado con la cruz; José de Arimatea que se preocupó del cuerpo de Jesús y de enterrarlo... 

    ¿Qué siento y quiero hacer yo ante la Pasión de Jesucristo que entrega su vida por mí como expresión del amor que Dios me tiene? ¿Cómo voy a vivir esta Semana tan intensa para mi fe?

    Toda la Cuaresma llevamos oyendo hablar de la necesidad de Conversión, de cambio del corazón. Pero sabemos bien, por experiencia propia, que es imposible cambiar sin la gracia de Dios. Por esto, la mejor forma de entrar en la Semana Santa es recibiendo el perdón de Dios en el sacramento de la Confesión o sacramento de la Reconciliación.

    Hay muchos cristianos que hoy se engañan pensando que pueden prescindir de este sacramento y dicen “yo me confieso con Dios”. Pero al igual que el resto de los sacramentos los recibimos de la Iglesia, también el perdón de Cristo nos llega por la Iglesia, ya que dijo a los apóstoles “A quienes perdonéis los pecados les quedarán perdonados”.

    Vamos a tener el Lunes y Martes santo las celebraciones penitenciales en nuestras parroquias de la Unidad Pastoral. Quien no pueda en estas, puede acercarse a otra iglesia donde haya confesiones. Que podamos entrar con el corazón limpio de pecado en los días más santos del año para un cristiano.

 


miércoles, 25 de marzo de 2026

HORARIOS SEMANA SANTA 2026

 30 DE MARZO. LUNES SANTO 

CELEBRACIÓN DEL PERDÓN (CONFESIONES)

18 H. VILLANUEVA

19 H. ROBLEDO (Con misa)

31 DE MARZO. MARTES SANTO

CELEBRACIÓN DEL PERDÓN (CONFESIONES)

18 H. VILLAOBISPO

19 H. VILLARRODRIGO (Con misa)

2 DE ABRIL  JUEVES SANTO
DÍA DE LA EUCARISTÍA Y DEL AMOR FRATERNO

MISA DE LA CENA DEL SEÑOR 

17 H. VILLANUEVA

18 H. ROBLEDO

18 H. VILLAMOROS

19 H. VILLARRODRIGO

20 H. VILLAOBISPO

ORACIONES

18 H. VILLANUEVA: ROSARIO DE LA BUENA MUERTE

19 H. ROBLEDO: ROSARIO DE LA BUENA MUERTE- HORA SANTA 

3 DE ABRIL VIERNES SANTO
ADOREMOS LA CRUZ SALVADORA

VÍA CRUCIS

11 H. ROBLEDO

12 H. VILLARRODRIGO

13 H. VILLAOBISPO (Canto del Vía Matris)

CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN

17 H. VILLANUEVA

18 H. VILLAMOROS

18 H. ROBLEDO

19 H. VILLARRODRIGO

20 H. VILLAOBISPO

SÁBADO 4 DE ABRIL
VIGILIA PASCUAL PARA TODA LA UNIDAD PASTORAL 

21 HORAS, VILLAOBISPO DE LAS REGUERAS

5 DE ABRIL DOMINGO DE PASCUA 
RESUCITÓ EL SEÑOR 

11 H. ROBLEDO

12 H. VILLARRODRIGO

12 H. VILLAMOROS

13 H. VILLANUEVA


sábado, 19 de abril de 2025

VIGILIA PASCUAL Y DOMINGO DE PASCUA (ciclo C). ¡CRISTO HA RESUCITADO!

 CRISTO HA RESUCITADO, RESUCITEMOS CON ÉL


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Hermanos, hoy es la gran fiesta cristiana, la mayor de todas: Hoy es la Pascua de Resurrección. Jesucristo, que ha muerto en cruz y ha sido sepultado, ha resucitado al tercer día de entre los muertos, tal y cómo había anunciado y cómo estaba profetizado.

    Es una fiesta tan grande que no tenemos bastante con celebrarla en un solo día. Por eso se extenderá durante cincuenta días, lo que llamamos la cincuentena pascual, hasta la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Y todo como parte de una sola y única gran fiesta.

    Pero, además, cada domingo del año será un eco de esta fiesta de hoy; cada domingo es una Pascua semanal, en la que los creyentes en Cristo nos reunimos para proclamar que está resucitado, para escuchar su Palabra y alimentarnos con su Cuerpo.

    La Pascua, verdaderamente,  es el núcleo, la raíz y la fuerza de la fe cristiana: la gran afirmación de que Jesucristo ha resucitado, está plenamente vivo, es el triunfador de la muerte y de todo mal.

    Un cristiano no lo es porque crea en la existencia de Dios, ya que existen millones de creyentes en Dios, en muchas religiones o sin religión, que no son cristianos. Ni uno es cristiano porque viva su vida de acuerdo a determinados valores como el perdón, la generosidad, la compasión, el amor… ya que hay muchas personas que, sin ser cristianos, quizás ni hasta creyentes, también viven así, e incluso mejor que nosotros.

    Ni siquiera uno es cristiano porque afirme que Jesús de Nazaret fue un gran personaje histórico y le admire por su forma de actuar y de hablar… hay muchos que también lo hacen sin ser cristianos.

    Uno es cristiano cuando cree que Jesús, que después de seguir su camino de anuncio de la Buena Noticia del Reino de Dios, muere en la cruz el Viernes Santo y es sepultado, a los tres días fue devuelto a la vida por Dios Padre. Solo si creemos que Jesucristo ha resucitado, que vive para siempre y que es el Señor de todo, somos cristianos. Si Él no ha resucitado nuestra fe sería vana, vacía.

    Esto es así de claro: si no creemos en su resurrección, no somos verdaderos cristianos. Por eso, la Pascua que estamos celebrando, repitámoslo de nuevo, es el centro de nuestra fe y de nuestra vida de creyentes.

    Es verdad que la resurrección es algo que supera nuestra comprensión, va más allá de lo que podamos pensar: un muerto que vuelve a la vida. A los primeros discípulos les ocurrió lo mismo: les costó aceptar la resurrección y al principio no creían lo que contaban los testigos como María Magdalena.

    Como le ocurre a Pedro en el evangelio de hoy: hasta que no toca los lienzos y el sudario que cubrían su cuerpo muerto, y comprueba con sus ojos y sus manos que el sepulcro está vacío, no comprende lo que ya estaba anunciado en las Escrituras y que Jesús les había repetido.

    Pero cuando los discípulos tienen esas experiencias de la resurrección de Jesús, se convierten en testigos ante todos. Aquellos que habían estado escondidos por miedo a los enemigos de Jesús, aquellos discípulos cobardes que le habían negado, que habían huido, se convierten ahora en valientes testigos que hablan de él a todos, que le anuncian en las plazas, en las sinagogas, en todo lugar. No les importa perder la vida, porque el Resucitado está con ellos y ha vencido la muerte.

    A lo largo del tiempo de Pascua nos acompañarán en las celebraciones dos signos sencillos pero muy expresivos: la luz del Cirio Pascual, que simboliza la victoria de Cristo frente a las tinieblas de la muerte, y el agua que se derrama sobre nosotros al comienzo de la misa. 

    Hemos nacido a una vida nueva por el bautismo y, muchas veces, no nos lo creemos del todo; estamos unidos a Cristo resucitado y hemos resucitado con él, pero en tantas ocasiones vivimos hundidos por miedos y desconfianzas….

    Por eso necesitamos que el agua que recibimos durante la Pascua nos recuerde, una y otra vez, que somos bautizados y no puede haber nada más grande ni más bonito.

    ¡Feliz Pascua para todos, Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!


viernes, 11 de abril de 2025

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR (ciclo C)

 ¡HOSSANA A NUESTRO REY!


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

“Cuarenta días caminando, hacia la Pascua de Jesús”. Así dice la canción que les enseñamos a los niños de nuestras catequesis y que cantan a pleno pulmón, con inocencia e ilusión. Ya hemos llegado casi al final este tiempo de renovación espiritual comunitaria y, con la celebración de hoy, entramos en la Semana Santa.

¿De verdad hemos hecho un camino o no hemos dado ni un paso desde que recibimos el signo de la ceniza? Cada uno debemos examinarnos y responder con realismo. Porque, lo que no podemos negar es que las celebraciones de la Iglesia y las lecturas de la Palabra de Dios de cada domingo, han sido un reclamo fuerte para nuestra conversión, una invitación continua a acoger el perdón y la misericordia de Dios, que nos llega por su Hijo Jesucristo.

Hoy escuchamos dos evangelios: el relato de la entrada de Jesús en Jerusalén, al comenzar la celebración con la procesión de los ramos, y el relato de la Pasión.

Jesús entra en Jerusalén acompañado de un cortejo festivo de gentes sencillas que llevaban ramos y palmas en sus manos. Le aclaman como rey porque entra en la ciudad santa como había entrado el rey David, a lomos de un borriquito. Los discípulos han visto todos los signos que ha realizado desde que salió de Nazaret y por eso le reconocen como su verdadero Rey.

Como decía Benedicto XVI, también nosotros hemos visto los prodigios que Cristo realiza ahora: “cómo lleva a hombres y mujeres a renunciar a las comodidades de su vida y ponerse totalmente al servicio de los que sufren; cómo da a hombres y mujeres la valentía para oponerse a la violencia y a la mentira, para difundir en el mundo la verdad; cómo induce a hombres y mujeres a hacer el bien a los demás, a suscitar la reconciliación donde había odio, a crear la paz donde reinaba la enemistad”.

Nuestra procesión ha sido una proclamación de que él es nuestro Rey, aquel de quien nos fiamos, en quien esperamos, al que seguimos.

El evangelio que hoy escuchamos en la misa es el relato de la Pasión de Jesucristo, que en este año está narrado por el evangelista Lucas. Volveremos a escuchar el relato de la pasión en la tarde del Viernes Santo, al celebrar los oficios de la muerte de Cristo.

No podemos vivir estos días santos, tan grandes, con rutina, como si fuesen una repetición, sin más, de lo que tantas veces hemos celebrado. No es una repetición de un acontecimiento del pasado, del que ya sabemos el desenlace; al celebrarlos se hacen presente de salvación.

De tal modo que, cuando celebro estos días santos con fe y amor, los revivo: entro con Jesús en Jerusalén con sus discípulos, me siento con los apóstoles en el cenáculo en la tarde del Jueves Santo, para que el Señor me dé el testimonio de amor y de servicio lavándonos los pies y regalándonos su presencia en la Eucaristía. Acompaño a Jesús subiendo al Gólgota para dar la vida en la cruz, contemplo su muerte y sepultura en el Viernes Santo. Y el Sábado Santo me acercó al sepulcro para comprobar que está vacío y que ha vencido la muerte y nos ha dado la vida eterna.

En definitiva, para vivir de verdad estos días, que son los más grandes y santos de nuestra fe, tendremos que apartar de nosotros, desde ya mismo, la rutina, la apatía, la indiferencia… y cambiarlas por una fe más viva y por la capacidad de sorprendernos y estremecernos.

No puedo ser un mero espectador de lo que ocurre en la Semana Santa, lo debo revivir con la celebración de la Iglesia. Porque la Muerte y Resurrección de Jesús, que es el misterio de amor más sublime, se hace actual y nuevo.

Tenemos la oportunidad de prepararnos aún a estos días santos con las celebraciones penitenciales que tendremos el lunes y martes santo. Celebrando la confesión sin miedos, con sencillez, con apertura, recibiremos el perdón del Padre que nos llega a través de la Iglesia y nos renueva, dándonos la capacidad de vivir el Santo Triduo con un corazón limpio y abierto.

 


sábado, 29 de marzo de 2025

HORARIOS ABRIL 2025

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

SÁBADO 5 

18 H. VILLAOBISPO  (Misa vespertina y Vía Crucis)

DOMINGO 6

11 H. VILLAMOROS

12 H. ROBLEDO 

12 H. VILLARRODRIGO (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLANUEVA 


DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

SÁBADO 12 

18 H. VILLANUEVA  (Misa vespertina)

DOMINGO 13

11 H. VILLAMOROS

12 H. VILLARRODRIGO 

12 H. ROBLEDO (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLAOBISPO 


CELEBRACIONES PENITENCIALES CUARESMA (CONFESIONES)

LUNES SANTO  

18 H. VILLANUEVA
19 H. ROBLEDO

MARTES SANTO 

18 H. VILLAOBISPO
19 H. VILLARRODRIGO


JUEVES SANTO (17 DE ABRIL) 

MISA DE LA CENA DEL SEÑOR 

17 H. VILLANUEVA 

18 H. ROBLEDO 

18 H. VILLAMOROS (Celebración de la Palabra) 

19 H. VILLARRODRIGO

20 H. VILLAOBISPO 

ORACIONES

18 H. VILLANUEVA: ROSARIO DE LA BUENA MUERTE

19 H. ROBLEDO: ROSARIO DE LA BUENA MUERTE- HORA SANTA 


VIERNES SANTO (18  DE ABRIL)

VÍA CRUCIS 

11 H. ROBLEDO

12 H. VILLARRODRIGO

13 H. VILLAOBISPO (Canto del Vía Matris)

CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN

17 H. VILLAMOROS

18 H. ROBLEDO 

18 H. VILLANUEVA  

19 H. VILLARRODRIGO

20 H. VILLAOBISPO


SÁBADO 19 DE ABRIL
VIGILIA PASCUAL PARA TODA LA UNIDAD PASTORAL 

21 H. VILLANUEVA DEL ÁRBOL



PASCUA DE RESURRECCIÓN (DOMINGO 20 DE ABRIL)

11 H. ROBLEDO

11:45 H. VILLARRODRIGO 

12:30 H. VILLAMOROS 

13:15 H. VILLAOBISPO 


SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

SÁBADO 26 

18 H. VILLARRODRIGO (Misa vespertina)

DOMINGO 27

11 H. VILLAMOROS

12 H. ROBLEDO

13 H. VILLANUEVA (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLAOBISPO 


sábado, 8 de abril de 2023

DOMINGO DE PASCUA

DIOS LO RESUCITÓ AL TERCER DÍA



 COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

Hoy es Pascua, la vida ha vencido la muerte, el Señor ha resucitado. Hoy es el gran domingo del año, y todos los demás domingos serán un eco de este.

Hemos vivido, con sencillez, en parroquia, desde el Domingo de Ramos, con la entrada de Jesús en Jerusalén, los días más decisivos en su vida y los días más importantes en nuestra fe. No ha sido un simple recuerdo de hechos ya pasados, sino una actualización en el presente: le hemos acompañado en el cenáculo para la última cena pascual, hemos acompañado su tristeza y oración en el huerto, su camino hacia el Calvario, y su Pasión y Muerte.

¿Qué suerte hemos tenido de poder vivir un Triduo Pascual centrados en lo verdaderamente importante, en acompañar al Señor y agradecer su redención conseguida en la cruz!

 Por eso ahora nos llenamos de alegría con su resurrección. La resurrección es la prueba definitiva de la verdad de la vida de Cristo; si no hubiese resucitado, sería un profeta más, un hombre bueno con un gran mensaje al que, como a tantos otros antes, el mal y la injusticia acallaron y vencieron.

Pero si resucita, tal y como había anunciado que el grano de trigo tenía que ser sepultado en la tierra para dar fruto abundante, entonces es que todo lo que dijo es cierto: realmente es el Hijo de Dios, el Salvador que nos puede dar vida eterna.

María Magdalena se acerca al sepulcro a realizar un último gesto de amor con el cuerpo yacente de su querido y admirado Maestro. Sólo quiere terminar de ungir su cuerpo, porque las circunstancias tan duras que han vivido con la crucifixión no se lo han permitido. No se le pasaba por la cabeza que hubiera resucitado, como tampoco al resto de apóstoles que han huido a donde han podido para llorar la muerte y el fracaso de Jesús.

Cuando ve el sepulcro vacío, corre a anunciárselo a Pedro y a Juan. Estos corren a comprobarlo y, al llegar, ven los lienzos y el sudario. Ven y creen, creen y, por fin, logran entender la Palabra de Cristo que ya les anunció repetidamente su resurrección. Nadie podía haber robado el cuerpo y haber dejado así las valiosas telas, aquello era un signo claro de que la resurrección era real.

¿Qué significa para nosotros la resurrección de Jesucristo? Lo significa todo. Él ha vencido a la muerte y nos ha dado la esperanza de una vida nueva. Estamos salvados de la muerte y del pecado, que, aunque sigan teniendo poder sobre nosotros, ya no son definitivos, están vencidos por la resurrección.

Dos son los grandes signos de la Pascua: la luz del cirio y el agua bautismal.

La luz del cirio es la luz del resucitado que ilumina la oscuridad del mundo. ¿Qué oscuridad habría en este mundo y en nuestros corazones si el Señor no hubiese vencido a la muerte y al pecado? No habría esperanza para nosotros; solo nos quedaría distraer la vida, intentando no pensar que todo se va a acabar definitivamente.

El agua bautismal es la que nos ha hecho renacer, nos ha dado la vida nueva de los hijos de Dios. Por eso en estos domingos de Pascua la recibimos y renovamos así nuestro bautismo.

San Pablo nos invita a vivir ya como resucitados, nacidos de la Pascua: Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allí arriba, no los de la tierra.

¿Cómo es mi modo de vivir, como alguien que tiene la esperanza de la resurrección de Cristo en su vida o la de alguien aún aferrado a los bienes efímeros que pasan y que nos distraen de los esenciales?

Feliz Pascua, hermanos. Cristo ha resucitado y nosotros también con él.

 


miércoles, 29 de marzo de 2023

HORARIOS ABRIL 2023

 SÁBADO 1

            18 h. VILLANUEVA (misa vespertina)

DOMINGO 2 (Domingo de Ramos en la Pasión del Señor)

11 h. VILLAMOROS

12 h. VILLARRODRIGO

12 h. ROBLEDO (Celebración de la Palabra)

13 h. VILLAOBISPO

 

SÁBADO 8

           20:30 h. VILLARRODRIGO (Vigilia Pascual de la U.P.)

DOMINGO 9 (Pascua de Resurrección)

11 h. VILLANUEVA

12 h. ROBLEDO

12 h. VILLAMOROS (Celebración de la Palabra)

13 h. VILLAOBISPO

 

SÁBADO 15

          18 h. VILLAOBISPO (misa vespertina)

DOMINGO 16 (Domingo II de Pascua)

          11 h. VILLAMOROS

12 h. ROBLEDO

12 h. VILLARRODRIGO (Celebración de la Palabra)

13 h. VILLANUEVA

 

SÁBADO 22

            18 h. VILLAMOROS (Misa vespertina)

DOMINGO 23 (Domingo III de Pascua)

11 h. ROBLEDO

12 h. VILLARRODRIGO

13 h. VILLANUEVA (Celebración de la Palabra)

13 h. VILLAOBISPO


SÁBADO 29

            18 h. VILLARRODRIGO (Misa vespertina y Confirmaciones)

DOMINGO 30 (Domingo IV de Pascua)

 11 h. VILLAMOROS

 12 h. ROBLEDO

 13 h. VILLAOBISPO (Celebración de la Palabra)

 13 h. VILLANUEVA 

martes, 28 de marzo de 2023

HORARIOS SEMANA SANTA 2023

CELEBRACIÓN CUARESMAL DE LA RECONCILIACIACIÓN

Dejaos reconciliar con Dios



LUNES 3 DE ABRIL (LUNES SANTO)

       18 H. VILLANUEVA 

       19 H. ROBLEDO 


MARTES 4 DE ABRIL (MARTES SANTO)

       18 H. VILLAOBISPO 

       19 H. VILLARRODRIGO 


HORARIOS DEL SANTO TRIDUO PASCUAL




                                           

6 DE ABRIL JUEVES SANTO

Día de la Eucaristía y del Amor Fraterno


MISA DE LA CENA DEL SEÑOR

17 H. VILLANUEVA

18 H. ROBLEDO

18 H. VILLAMOROS (Celebración de la Palabra)

19 H. VILLARRODRIGO

20 H. VILLAOBISPO


ORACIONES

18 H. VILLANUEVA: ROSARIO DE LA BUENA MUERTE

19 H. ROBLEDO: ROSARIO DE LA BUENA MUERTE- HORA SANTA


7 DE ABRIL VIERNES SANTO

Adoremos la Cruz Salvadora


VÍA CRUCIS 

11 H. ROBLEDO

12 H. VILLARRODRIGO

13 H. VILLAOBISPO 

OFICIOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

17 H. VILLAMOROS

18 H. ROBLEDO 

18 H. VILLANUEVA (Celebración de la Palabra) 

19 H. VILLARRODRIGO

20 H. VILLAOBISPO


SÁBADO 8 DE ABRIL SÁBADO SANTO

¡Resucitó el Señor, Aleluya!

VIGILIA PASCUAL DE LA UNIDAD PASTORAL

20:30 H. VILLARRODRIGO 


9 DE ABRIL DOMINGO DE PASCUA

11 H. VILLANUEVA

12 H. ROBLEDO

12 H. VILLAMOROS (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLAOBISPO

sábado, 16 de abril de 2022

DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN (CICLO C)

NOSOTROS SOMOS SUS TESTIGOS


 COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Hermanos, hoy es la gran fiesta cristiana, la mayor de todas: la Pascua de Resurrección. Una fiesta tan grande que no tenemos bastante con un día para celebrarla. Por eso se extiende durante cincuenta días, lo que llamamos la cincuentena pascual, hasta la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Y todo como parte de una sola y única gran fiesta.

    En realidad, la Pascua es la única fiesta de los cristianos porque es la que celebramos también cada domingo. Cada domingo del año es un eco de esta de hoy, es una Pascua semanal.

    Y es normal que así sea, porque la Pascua significa aquello que es el núcleo, la raíz y la fuerza de la fe cristiana: la gran afirmación de que Jesucristo ha resucitado, está plenamente vivo, es el triunfador de la muerte y de todo mal.

    Un cristiano no lo es porque crea en la existencia de Dios, ya que existen millones de creyentes en Dios que no son cristianos. Ni es cristiano porque viva su vida de acuerdo a determinados valores como el perdón, la generosidad, la compasión, el amor… hay muchas personas que, sin ser cristianos, y quizás ni hasta creyentes, también viven así, e incluso mejor que nosotros.

    Ni siquiera uno es cristiano porque afirme que Jesús de Nazaret fue un gran personaje y le admire por su forma de actuar y de hablar… hay muchos que lo hacen sin ser cristianos.

    Uno es cristiano cuando cree que Jesús, que después de seguir su camino de anuncio de la Buena Noticia del Reino de Dios, muere en la cruz el Viernes Santo y es sepultado, a los tres días fue devuelto a la vida por Dios Padre. Solo si creemos que Jesucristo ha resucitado, que vive para siempre y que es el Señor de todo, somos cristianos.

    Esto es así de claro: si no creemos en su resurrección, no somos verdaderos cristianos. Por eso, la Pascua que estamos celebrando es el centro de nuestra fe y de nuestra vida de creyentes.

    Es verdad que la resurrección es algo que supera nuestra comprensión de lo que puede suceder o no. A los primeros discípulos les ocurrió lo mismo: les costó aceptar la resurrección y al principio no creían lo que contaban los testigos como María la Magdalena.

    Como le ocurre a Pedro en el evangelio de hoy: hasta que no toca los lienzos y el sudario que cubrían su cuerpo muerto, y comprueba que el sepulcro está vacío, no comprende lo que ya estaba anunciado en las Escrituras y que Jesús les había repetido.

    Pero cuando tienen esas experiencias, se convierten en testigos ante todos. Aquellos que habían estado escondidos por miedo a los enemigos de Jesús, aquellos discípulos cobardes que le habían negado, que habían huido, se convierten en valientes testigos que hablan de él a todos, que le anuncian en las plazas, en las sinagogas. No les importa perder la vida, porque el Resucitado está con ellos y ha vencido la muerte.

    A lo largo del tiempo de Pascua nos acompañarán en las celebraciones dos signos: la luz del Cirio Pascual, que simboliza la victoria de Cristo frente a las tinieblas de la muerte, y el agua. 

    Hemos nacido a una vida nueva por el bautismo y, muchas veces, no nos lo creemos del todo; estamos unidos a Cristo resucitado y hemos resucitado con él, pero en tantas ocasiones vivimos hundidos por miedos y desconfianzas….

    Por eso necesitamos que el agua que recibimos durante la Pascua nos recuerde, una y otra vez, que somos bautizados y no puede haber nada más grande ni más bonito.

    ¡Feliz Pascua, Cristo ha resucitado!

miércoles, 13 de abril de 2022

VIERNES SANTO (CICLO C)

 MIRAD EL ÁRBOL DE LA CRUZ...


    Hoy no es un día que necesite de grandes predicaciones. Basta con vivir, con experimentar, con dejarse conmover por los signos de esta tarde de silencio y sobrecogimiento. Dios hecho hombre, que decide compartir nuestra vida humana en todo lo que significa, no se ahorra pasar por la última y decisiva experiencia humana: Morir.

    Y no con la muerte que merecería una vida de amor por todos, de servicio desinteresado, la vida más noble y hermosa de todas… sino con la muerte del ejecutado, del rechazado socialmente, del pecador más maldecido.

    Esto es un misterio que no llegamos a entender del todo y que nos sobrepasa y estremece.

    Hoy es el único día del año en el que no celebramos la Eucaristía: Escuchamos la Palabra de Dios, especialmente el relato de la Pasión, veneramos con agradecimiento la cruz salvadora y recibimos la comunión del Cuerpo de Cristo que se celebró ayer.

    Hoy muere el Hijo de Dios, el salvador. Y muere en cruz. Y muere por nosotros. No haría falta decir más, sino quedarse en silencio, meditando y agradeciendo lo que ha hecho por nosotros.

    El relato de la pasión según san Juan pone en evidencia el cumplimiento de toda la misión de Jesús, como él mismo afirma en la cruz “Todo está cumplido”. Lejos de fracasar, en la cruz culmina y lleva a término la obra encomendada por el Padre. Jesús parece estar en las manos de estos hombres violentos y llenos de odio, pero él está entregando libremente su vida, compartiendo la suerte de los inocentes y abandonados de todos los tiempos.

    Desde el primer Viernes Santo, que hoy recordamos, ya no podremos decir nunca que estamos solos o que Dios no sabe de nuestros sufrimientos, porque él los ha compartido todos…

JUEVES SANTO (CICLO C)

 ¿VEIS LO QUE HAGO CON VOSOTROS?


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Comenzamos con esta celebración el solemne Triduo Pascual. Iniciamos una celebración litúrgica que finalizará el día de Pascua con la conmemoración de la Resurrección del Señor. Es una sola celebración, pero extendida en tres días y es muy importante que participemos y vivamos todos ellos.

    En la tarde del Jueves Santo, toda la Iglesia, también nuestra parroquia, vuelve en espíritu al Cenáculo de Jerusalén para celebrar la última Cena de Jesús con sus Apóstoles. Queremos vivir de nuevo y meter en el corazón estas palabras y estos gestos decisivos que se les quedaron a los amigos de Jesús tan grabados como a fuego.

    Jesús se ha reunido con sus Apóstoles para celebrar con ellos, como hacían todos los judíos, la Pascua, que conmemora el paso del Señor, su intervención para liberar al pueblo de la esclavitud de Egipto y hacer una Alianza con ellos. En esta noche, los hijos de Israel comen el cordero, según el mandato antiguo dado por Moisés.

    Jesús hace lo mismo con los discípulos, fiel a la tradición, y aquella cena de la fiesta religiosa, tan cargada de amistad y de ambiente de familia, será el marco que Jesús elige para establecer la nueva y definitiva Alianza de Dios con los hombres. Como en la primera Pascua, aquí también habrá sacrificio, sangre derramada y alimento; pero no se trata de un cordero sin defecto, sino del Cordero de Dios, no se trata de una víctima llevada al sacrificio, sino que él da la vida por amor, no se trata de comer una carne asada, sino de recibir el pan de Vida.

            Jesús sabe que le ha llegado la “hora” de pasar de este mundo al Padre. Y, después de haber amado a los suyos que estaban en el mundo, “los amó hasta el extremo”, nos dice san Juan. La última Cena es precisamente el testimonio del amor con que Cristo, el Cordero de Dios, nos ha amado hasta el extremo.

    ¿Qué significa “los amó hasta el extremo”? No hay amor más grande que el de aquel que da la vida por sus amigos. Y Jesús la dará en la cruz el Viernes Santo. En el Viernes Santo se manifiesta cuánto amó Dios al mundo y cómo es el amor de Dios; es un amor que llega al límite extremo de “dar a su Hijo Unigénito, que carga con nuestros pecados para reconciliarnos.

    La última Cena es el prólogo, la preparación y el anticipo de esta donación. Se suele decir que cuando una persona es consciente de que su final es inmediato, no desperdicia ni una sola palabra ni un solo gesto: lo que hace y dice es decisivo, quiere llegar al corazón de los suyos.

    Pues en esta tarde de la cena Pascual previa a su muerte en cruz, Jesús nos deja tres grandes regalos, sin los cuales no podríamos ser sus discípulos:

 

    1. El mandamiento del amor fraterno: Lavarle los pies a alguien era una tarea propia de esclavos, por lo que se entiende la reacción de Pedro al ver inconcebible que el Maestro se humillase tanto. Pero Jesús lo hace, uno a uno, dando el testimonio supremo de su humildad, de lo que ha sido su vida entregada a los más pequeños, a los enfermos, a los despreciados, a los olvidados… ¿Habéis visto lo que he hecho con vosotros? También vosotros lo debéis hacer unos con otros… amaos unos a otros como y os he amado.

    Sin amor fraterno y sin servicio generoso y desinteresado no somos cristianos porque no seguimos el mandamiento de Jesús.

    2. La Eucaristía: Este don es condición para poder vivir el mandamiento del amor fraterno. Durante la cena, Jesús bendice y parte el pan, luego lo distribuye a los Apóstoles, diciendo: “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”; lo mismo hace con el cáliz: “Esta es mi sangre”. Aquel pan transformado en el Cuerpo de Cristo, y aquel vino convertido en la sangre de Cristo, son ofrecidos en aquella noche, como anuncio y anticipo de la muerte del Señor en la Cruz.

    Y nos dice “haced esto en memoria mía”. De tal forma que, desde entonces, la Eucaristía es el centro y la fuente de nuestra vida de cristianos, y no podemos serlo si nos falta la Misa.

    3. El sacerdocio: Al pedirnos que sigamos celebrando el sacrificio pascual hasta que Él vuelva, Jesús instituyó el sacerdocio, los sucesores de aquellos apóstoles que siguen partiendo el Pan de la Vida para el pueblo cristiano, perdonando los pecados, anunciando el Evangelio. En esta tarde agradecemos el don del sacerdocio ordenado y rezamos por todos nuestros sacerdotes. No hay Iglesia sin Eucaristía y no hay Eucaristía sin sacerdotes.


DOMINGO XXVII TIEMPO ORDINARIO (ciclo A)

¿QUÉ MÁS PODÍA HACER YO POR MI VIÑA QUE NO HUBIERA HECHO? COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA      En este domingo hay una imagen que se re...