Mostrando entradas con la etiqueta Diocesis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diocesis. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de noviembre de 2025

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN. DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

 SOIS EL TEMPLO DE DIOS


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Hoy en todas las parroquias y capillas del mundo se celebra la Fiesta de la Dedicación de la Basílica de san Juan de Letrán. Fue el primer templo construido por la Iglesia, dedicado a Cristo Salvador, cuando los cristianos dejaron de estar perseguidos y pudieron comenzar a vivir libremente su fe.

    Se la llama la Catedral del Papa, el obispo de Roma, y la madre de todas las iglesias cristianas, por ser la primera y la más importante.

    Las lecturas que nos propone la fiesta litúrgica de hoy son muy interesantes para considerar el significado que tiene el templo para la fe cristiana. El templo es la imagen más repetida en todas las lecturas de hoy.

    El profeta Ezequiel contempla en visión a un hombre, que podría ser Jesucristo, que le va guiando por el Santuario, el Templo, la Casa de Dios entre los hombres. Pero ese templo que contempla, ya no es simplemente el edificio de piedras construido en Jerusalén. Porque de él brotan unas corrientes misteriosas de agua que van dando vida a su paso, que sanan las tierras y los mares que parecían muertos, llenándolos de vida y de vegetación. Los árboles frutales que crecen a las orillas de aquellas aguas del santuario, no se marchitan ni dejan de producir frutos abundantes que alimentan y hojas que curan.

    Es una visión profética, cargada de simbolismo, que nos conduce directamente al evangelio para poder entender su significado. Jesús, antes de la Pascua, sube al templo de Jerusalén para la oración de la fiesta. Pero aquel lugar, que debía ser una casa de oración, para el encuentro con Dios y de los hombres y mujeres entre sí, se ha ido convirtiendo en un lugar de comercio.

    Las monedas se cambian, para no introducir monedas de paganos en el templo, y los animales se venden para los sacrificios que no cesan. Quien puede más compra un buey, quien no tanto una oveja, y quien no puede apenas una simple paloma. Hay negocio, hay lucro, hay desigualdad… precisamente allí, en el lugar más santo de todos, en la casa de Dios en la tierra.

    Jesús derriba, destruye, simbólicamente, todo ese culto sacrificial injusto y adulterado. Y proclama que, en adelante, habría un nuevo templo y un nuevo y definitivo sacrificio. En tres días sería levantado ese nuevo templo sobre las ruinas del antiguo: es el templo de su Cuerpo resucitado que, desde la Pascua, es el único lugar en el que el hombre puede encontrarse con Dios.

    Cristo resucitado es el nuevo templo que Dios construye para los hombres y nadie encuentra de verdad a Dios si no es entrando en ese templo: “Nadie va al Padre si no es por mí”. Y ya no es necesario derramar la sangre de animales inocentes, porque el sacrificio que nos reconcilia con el Padre Dios ya lo ha realizado Él en la cruz y se renueva sacramentalmente en la Eucaristía.

    San Pablo saca las conclusiones de esta maravillosa novedad: si Cristo es el nuevo Templo de Dios, y nosotros hemos sido incorporados a Él por el bautismo, entonces también nosotros somos el edificio de Dios. Habitados por el Espíritu Santo somos verdadero templo de Dios con Cristo; un templo sagrado, tan sagrado como lo fue el templo de Jerusalén hasta la llegada del Señor.

    “Que cada cual se fije bien de qué manera construye”, nos dice, advirtiéndonos que en este templo no podemos ser piedras muertas, tenemos que ser piedras vivas, aportando todos algo al bien común y a la edificación compartida.

    ¡Qué bien entendieron todo esto los primeros cristianos! Cuando por fin pudieron construir su primera edificación, no se inspiraron en los templos paganos, que eran construcciones vacías que tenían en el centro la imagen de un dios para que viviera allí, ni se inspiraron en el templo judío, concebido para hacer sacrificios de animales y dividido rigurosamente en secciones según la condición de cada uno (judíos, gentiles, hombres, mujeres, sacerdotes, laicos), sino que hicieron una basílica.

    Las basílicas eran unos edificios civiles para las reuniones de los ciudadanos. Y los primeros cristianos pensaron: lo que necesitamos es un edificio donde se reúna toda la comunidad, la Iglesia (que significa asamblea), porque el templo somos nosotros si estamos reunidos en el nombre del Señor y Él está en medio de nosotros.

    En este día de recuerdo de la primera iglesia cristiana, la basílica de san Juan de Letrán, celebramos el día de la Iglesia Diocesana.

    El cuerpo de Cristo que vive en medio del mundo es, en León, nuestra Iglesia Diocesana. Con nuestro obispo Luís Ángel al frente, como sucesor de los apóstoles, en comunión con el Papa, sucesor de Pedro, con todas sus parroquias y, en ellas, las comunidades cristianas que, pastoreadas por un párroco colaborador del Obispo, viven la fe, la esperanza y la caridad. Nuestra misión es compartida: adelantar el Reino de Dios en este mundo hasta que Cristo vuelva y lo haga pleno.

    Feliz día de la Iglesia Diocesana a todos los que queremos ser piedras vivas en el Templo nuevo de Jesucristo.

 

 


miércoles, 1 de octubre de 2025

SOLEMNIDAD DE SAN FROILÁN (5 de octubre)

 ID AL MUNDO ENTERO Y PREDICAD EL EVANGELIO


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    El ciclo normal de los domingos del tiempo ordinario, que estamos llevando, hoy cambia. Lo hace porque celebramos una solemnidad propia de nuestra Iglesia diocesana de León. Por ser solemnidad, tiene un rango superior al de los domingos. La solemnidad que celebramos es la de san Froilán, patrono de la diócesis, que ha de celebrarse en todas las parroquias, pequeñas y grandes.

    Celebrar una misma fiesta litúrgica es un signo de comunión, expresamos así que pertenecemos a una misma familia: la Iglesia de Jesucristo que camina, como peregrina de esperanza, en estas tierras antiguas de León. Somos herederos de una riquísima historia civil y eclesial y, tomando fuerzas en este recuerdo agradecido, debemos afrontar los retos presentes y futuros.

    San Froilán, según las fuentes que se conservan en nuestra catedral, nació en las afueras de Lugo en el año 832. A los dieciocho años emprendió vida solitaria y de predicador itinerante. Se trasladó al Bierzo y se recluyó en una cueva de Ruitelán, junto al río Valcarce, que hoy se conserva como ermita.

    Pasó después a los montes leoneses del Curueño, donde se le unió Atilano, sacerdote y monje, que es también el patrono de la diócesis vecina de Zamora. Ambos se recluyeron en el picacho Cucurrino de la Valdorria. Bajaron al valle y, en el poblado de Veseo, organizaron un monasterio con trescientos monjes, apoyados por los reyes de León y Asturias.

    Más tarde, en Zamora, establecieron dos monasterios, el primero en Tábara y el segundo en Moreruela. Los monasterios, en aquella época tan difícil, jugaron un papel fundamental en la reconquista de España: los monjes tenían las escuelas y conservaban la cultura, los códices con el saber de la Hispania cristiana. Y en torno a ellos, se establecían aldeas y se cultivaban los campos, se creaba civilización en tierras arrasadas.

    Está claro que la vocación primera de san Froilán era la de ser un ermitaño solitario. Pero permaneció atento a la llamada de Dios y este le fue cambiando sus planes. Primero le llamó a vivir con otros monjes que querían compartir su vida de oración y estudio de la Palabra de Dios, a ser fundador y abad de monasterios.

    Y en el año 900, cuando la sede episcopal de León quedó vacía, el pueblo leonés pidió al rey que el nuevo obispo de León fuese Froilán, el monje. Entonces Froilán, a la edad de 68 años, dejó la vida de monje, a la que se había consagrado, para aceptar ser pastor de los cristianos de estas tierras nuestras.

    Durante solo cinco años, hasta su fallecimiento fue un buen pastor, a imagen del Buen Pastor que es Cristo. Como él, se dedicó a apacentar a su pueblo en las praderas abundantes de la fe cristiana, nutriendo a todos con la predicación de la Palabra y con los sacramentos. Sin olvidarse de las ovejas descarriadas y perdidas, fortaleciendo a las enfermas y caídas, apacentando a todas con justicia.

    Lo que la Palabra de Dios que hemos escuchado dice en la lectura del profeta Ezequiel y en el salmo 22: san Froilán fue un reflejo fiel del Buen Pastor, enviado por Dios para cuidar a su pueblo amado renacido de las aguas del bautismo.

    Como san Pablo pedía para él mismo y para sus colaboradores, la gente veía solo en san Froilán un servidor de Cristo y un administrador fiel de los misterios de Dios, que se renuevan en la liturgia de la Iglesia para nuestra salvación.

    Jesús escogió a los apóstoles para que estuviesen con él y para enviarlos a predicar en su nombre, sometiendo las fuerzas del mal que dañan al hombre y a la creación, liberando, consolando, sanando, animando. Esa misma llamada ha continuado resonando a lo largo de los siglos y el Señor ha seguido escogiendo a otros hombres y mujeres para ser sus colaboradores en la extensión del Reino hasta los confines de la tierra.

    San Froilán hizo su parte, como monje y como obispo, y ahora nos toca a nosotros hacer la nuestra, en este tiempo y en este lugar en el que Dios nos ha puesto. Nuestra iglesia diocesana de León necesita de cada uno de nosotros, cada uno con sus dones y sus talentos, con su vocación particular.

    No podemos quedarnos mirando al pasado, a lo que fuimos y a lo que tuvimos, sino que estamos llamados a contribuir en la hora presente, con sus retos, para que aquellos que viven a nuestro lado puedan escuchar la Buena Noticia del amor de Dios que se nos ha manifestado plenamente en Jesucristo.

    Recojamos el testigo de san Froilán, nuestro patrono, como cristianos de León.


sábado, 24 de mayo de 2025

ROSARIO DIOCESANO EN LA VIRGEN DEL CAMINO


 SÁBADO 31 DE MAYO A LAS 19:30 HORAS EN LA BASÍLICA DE LA VIRGEN DEL CAMINO


PUEDES LLEVAR UNA FLOR PARA OFRECÉRSELA A LA VIRGEN DEL CAMINO


QUIEN LO DESEE PUEDE IR CAMINANDO EN GRUPO: SALIDA A LAS 17 HORAS DE LA PLAZA DE SAN MARCOS CON LOS JÓVENES DE LA PASTORAL JUVENIL DE LEÓN

martes, 18 de junio de 2024

COMUNICADO DE LA DELEGACIÓN DIOCESANA DE MISIÓN SAMARITANA

Comunicado sobre Acogida y Hospitalidad hacia Personas Migrantes

León, 18 de junio de 2024

La Delegación de Misión Samaritana de la Diócesis de León, en sintonía con los valores cristianos y la encíclica “Fratelli Tutti” del Papa Francisco, desea compartir algunas reflexiones y fomentar prácticas positivas en relación con la acogida y la hospitalidad hacia las personas migrantes.

Expresamos nuestra preocupación por las reacciones de desconfianza y rechazo ante la próxima apertura del Centro de Atención a Personas Migrantes en el Chalet del Pozo de León el próximo 22 de junio. Instamos a superar recelos y a recibir a los migrantes con apertura y comprensión.

Recordamos que la convivencia con personas emigradas es una oportunidad para el enriquecimiento mutuo. Las personas migrantes no son un problema, sino portadoras de talentos y experiencias culturales valiosas.

Alentamos a no considerar al migrante como una amenaza, sino reconocer su dignidad como persona; superando los prejuicios que el desconocimiento, el miedo y la desinformación puedan provocar en nosotros

Asimismo, exhortamos a todos los cristianos de nuestra diócesis a escuchar nuevamente el mensaje de Jesucristo, que nos llama a ser agentes de hospitalidad, promotores de la cultura del cuidado y constructores de puentes entre aquellos que son diferentes. Igualmente, animamos a todos a trabajar por una cultura de la justicia a nivel global, donde nadie se vea forzado a emigrar de su tierra.

Invitamos a todos los agentes pastorales a destacar la contribución positiva de las personas emigradas al bien común de la sociedad, evitando actitudes racistas y aporofóbicas y fomentando la cultura del encuentro fraterno y la ayuda que dignifica.

Como dice el obispo de León en su carta quincenal titulada “Iglesia en León es hospitalidad”, volvamos «la mirada a las raíces cristianas, evangélicas y evangelizadoras de la hospitalidad, porque la Iglesia que peregrina en la diócesis de León quiere ser hospitalidad […] Seamos hospitalidad para acoger, proteger, promover e integrar al emigrante y al refugiado. Son los cuatro verbos que el papa Francisco propuso en 2018 como respuesta común a los desafíos de las migraciones contemporáneas».


* La Delegación de Misión Samaritana coordina las siguientes áreas pastorales de la Diócesis de León: Cáritas Diocesana, Manos Unidas, Obras Misionales Pontificias, Justicia Paz e Integridad de la Creación, Pastoral de Migraciones y Movilidad Humana, Pastoral de Minorías Étnicas, Pastoral de la Salud, Proyecto Repara León y Pastoral Penitenciaria.

jueves, 22 de febrero de 2024

Cuaresma por Amor

Carta de Mons. D. Luis Ángel de las Heras Berzal, C.M.F. Obispo de León

Queridos hermanos y hermanas:

Recorrer el camino cuaresmal con los hermanos y hermanas tiene alicientes que nos pueden impulsar a emprender esta andadura de fe hacia la Pascua. Para atravesar el desierto, como nos explica el papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma —“A través del desierto Dios nos guía a la libertad”—, nos ayudará hacerlo sinodalmente con el fin de alcanzar la libertad que nos da el Crucificado-Resucitado a precio de su sangre y de su vida nueva y eterna.

El papa Francisco nos recuerda en esta Cuaresma que la llamada a la libertad es vigorosa y llega a madurar durante el camino. Quizá debemos preguntarnos si hemos escuchado esta llamada; si queremos escucharla; si, para estar atentos a su grito de liberación, estamos dispuestos a dejar las ataduras de la esclavitud; si comprendemos que el recorrido cuaresmal por el desierto hacia la libertad ha de ser por amor.

«La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17)». Asociamos acertadamente la Cuaresma a la conversión y esto supone volver al primer amor. Y volver al primer amor es volver a enamorarse de Dios con una generosa entrega que tiende a la plenitud.

La conversión también nos conduce a la autenticidad, que se encuentra unida a la libertad, para lo cual debemos desprendernos de las envolturas de la apariencia, tan extendidas en estos tiempos, que no son sino formas de esclavitud y egocentrismo. No es extraña una lucha sin cuartel entre la apariencia y la autenticidad, la misma que se libra entre la esclavitud y la libertad, entre el egoísmo y el amor.

Nuestra oración, nuestro ayuno y nuestra limosna en esta Cuaresma han de ser puentes hacia el desierto en el que se halla nuestro primer amor: allí podremos enamorarnos o volvernos a enamorar de Dios. ¡Qué grande y hermoso es vivir enamorados de Dios! Es verdad que podemos huir de esos puentes hacia el amor de Dios pactando con la mediocridad, la superficialidad, la indiferencia y todo lo propio del hombre viejo. Pero si optamos por ser huidizos, nos acompañará la acedia que produce debilidad en tanto que nos mantiene lejos del amor, lejos de Dios.

Volver al amor de Dios nos dará la libertad y la luz que hacen falta para vivir una vida cristiana más auténtica, como hombres y mujeres de paz, de Evangelio, de servicio generoso a los demás en entrega por amor como Cristo Jesús. Hombres y mujeres que tienen presentes y están al lado de tantos hermanos y hermanas que sufren las guerras, que son víctimas de la violencia y la opresión, que viven en la soledad no deseada, que no consiguen trabajo o un empleo decente, que no tienen lo necesario para vivir dignamente, que reivindican mejoras para la agricultura, que luchan por un mundo nuevo según el sueño del Salvador.

Comencemos a recorrer el camino cuaresmal de 2024 por amor, recordando que «antes de la fiesta de la Pascua, […] habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Se nos presenta la oportunidad de hacer vida esta “Cuaresma por Amor”, un amor auténtico y único. Quien nos ha amado hasta el extremo nos inunda el corazón con su amor para llegar a dar frutos de amor en una Pascua que ya debemos desear comer ardientemente con Él (cf. Lc 22,15).

Con mi afecto y bendición.

de las heras firma

✠ Luis Ángel de las Heras Berzal, C.M.F.

sábado, 10 de febrero de 2024

"EL EFECTO SER HUMANO" (Carta del obispo de León)


Queridos hermanos y hermanas:

    Cabría esperar de todo ser humano un cuidado esmerado de la creación, comenzando por sus semejantes. Sin embargo, no siempre es así, como pone de manifiesto la Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas este año con el sugerente lema “El efecto ser humano”. La única especie capaz de cambiar el planeta lo hace provocando su degradación y consecuente destrucción. La casa común, la madre tierra, es don de Dios para que toda la humanidad viva dignamente y alcance su plenitud.

    El papa Francisco en su exhortación apostólica Laudate Deum, publicada hace unos meses, advierte «que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre» (LD 2). La falta de preocupación por la casa común es también desatención de los excluidos, descartados, hambrientos de nuestro mundo, y conlleva una grave complicidad con las guerras que nos asolan y causan más deterioro, desigualdades y hambre.

    Cualquiera de nosotros, si nos sentimos seguros, con recursos suficientes, libres de bombardeos y amenazas cercanas, podemos terminar mostrándonos insolidarios y cometiendo pecado de omisión, abandonando a hermanos y hermanas que necesitan nuestra ayuda. Y no sirve que tranquilicemos nuestra conciencia con un justo y necesario —ojalá que generoso— donativo, como hemos de hacer en esta Campaña Contra el Hambre en el mundo de Manos Unidas con la Jornada del domingo 11 de febrero y el gesto del Ayuno Voluntario el viernes anterior, día 9.

    Urge que tomemos mayor conciencia y hagamos lo necesario para que nuestro efecto en la tierra no sea devastador, sino cuidadoso y responsable en la protección de la casa común. Quizá tengamos que comenzar por superar la insistencia en restar importancia o despreciar la cuestión. El mundo necesita transformaciones profundas y duraderas por el bien del planeta y, por tanto, cambios en las rutinas despreocupadas de cada persona y de la sociedad. Es otra dimensión más del proceso de “caminar juntos”, sinodalmente, como queremos hacer en la Iglesia, buscando encuentros y procurando sinergias entre nosotros y con otros.

    Los cristianos creemos en Dios Creador y debemos trabajar para que el ser humano no usurpe su lugar, como pretende o pretendemos tantas veces. En el conocimiento y encuentro con Jesucristo descubrimos el amor de Dios por la humanidad expresado en las maravillas de la creación, en cuyo centro Dios ha situado al ser humano, enviando a su Hijo para la salvación de todos.

    El regalo del Creador clama por un cuidado responsable. Como gritan hermanos y hermanas que sufren las consecuencias de la desnutrición y el hambre, de la desigualdad climática, de la guerra, de las carencias educativas, de las enfermedades olvidadas…

    El mundo dañado y dolorido sigue necesitando la Buena Noticia de la salvación de Jesucristo con su oferta de cuidado, curación, paz, justicia, libertad y fraternidad universal. “Cuidar” y “curar” es lo que el Maestro nos invita a hacer a su modo, desde el amor del Padre y con el impulso del Espíritu Santo, compartiendo lo que somos y tenemos para que toda persona humana viva dignamente.

En el nombre del Señor Jesús, trabajemos por una humanidad sin pobreza, sin hambre, sin enfermedades, sin guerras ni desigualdades. Es consecuencia del seguimiento de Jesús de Nazaret, de la decisión de ser sus discípulos misioneros y nos acercará más al Reino de Dios.

Con mi afecto y bendición.

✠ Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Obispo de León 

lunes, 17 de enero de 2022

COMIENZA EL GRUPO SINODAL DE NUESTRA UNIDAD PASTORAL


    La Iglesia ha puesto en marcha un nuevo SÍNODO. El tema del Sínodo, convocado por el Papa Francisco, es: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Las tres dimensiones del tema son la comunión, la participación y la misión.

    Esta palabra significa, literalmente, caminar juntos, buscar juntos los caminos por los que deben caminar nuestras comunidades cristianas en el tiempo nuevo que estamos viviendo. 

    Ahora hemos comenzado lo que se llama la fase diocesana del Sínodo El objetivo de esta fase  es consultar al Pueblo de Dios para que el Proceso Sinodal se realice a través de la escucha de todos los bautizados. Al convocar este Sínodo, el Papa Francisco invita a todos los bautizados a participar en este Proceso Sinodal que comienza a nivel diocesano.

    Juntos, todos los bautizados son el objeto del sensus fidelium, la voz viva del Pueblo de Dios. Al mismo tiempo, para participar plenamente en el acto de discernimiento, es importante que los bautizados escuchen las voces de otras personas en su contexto local, incluidas las personas que han dejado la práctica de la fe, las personas de otras tradiciones de fe, las personas sin creencias religiosas, etc.

    Esta fase diocesana es una oportunidad para que las parroquias y las diócesis encuentren, experimenten y vivan juntas el camino sinodal, descubriendo o desarrollando así las herramientas y los caminos sinodales que mejor se adapten al propio contexto local, lo que finalmente se convertirá en el nuevo estilo de las Iglesias locales en el camino de la sinodalidad.

¿QUIENES PUEDEN PARTICIPAR?

    Todos los que queramos compartir con otros acerca de la Iglesia, a todos los que les importe la Iglesia y quieran pensar juntos cuál ha de ser su futuro. Se nos convoca, en primer lugar a los que estamos ya en los grupos de la Unidad Pastoral: Catequistas, Caritas, Grupos de Lectura Bíblica, Asociación de la Medalla Milagrosa, Cofradías, Animadores de la Liturgia, Padres de niños en la catequesis, Familias, Personas que solo acuden a la Eucaristía Dominical.....

¿CUÁNDO NOS REUNIREMOS?

Tendremos tres reuniones sinodales para tratar los tres temas propuestos: 

1.     ENCUENTRO-COMUNIÓN: LUNES 24 ENERO (18 HORAS)

2.     ESCUCHA-PARTICIPACIÓN:  LUNES 7 DE FEBRERO (18 HORAS)

3.     DISCERNIMIENTO-MISIÓN: LUNES 21 DE FEBRERO (18 HORAS)

S 

Nos reuniremos en el Salón Parroquial de Villarrodrigo de las Regueras (C/Juan Fernández García, nº 30, bajo). 





viernes, 19 de febrero de 2021

MENSAJE DEL OBISPO DE LEÓN -CUARESMA 2021-

 


CAMINO CUARESMAL A BUEN PASO DE ESPERANZA

Queridos hermanos y hermanas:

El 17 de febrero es miércoles de ceniza. A partir de ese día emprenderemos un camino hacia Jerusalén que os invito a recorrer poniendo manos, mente y corazón en cada paso hasta celebrar el triduo pascual cuando se inaugure el mes de abril. Lo haremos desde las circunstancias personales y sociales que cada uno y como Iglesia atravesamos. 

La pandemia del COVID-19 y sus consecuencias fraguan una losa pesada que produce miedo, hastío, crispación, inseguridad, soledad, pobreza, tristeza… Los tratamientos médicos todavía incipientes y las vacunas —debemos exigir que se dispensen al mundo entero sin ser objeto de lucro a costa de vidas humanas— aparecen como pabilo vacilante al que nos aferramos.

Para sobrellevar la carga de esta situación que todavía se vislumbra duradera, los cristianos contamos con el auxilio de la fe, la esperanza y la caridad. El papa Francisco nos invita a renovarlas durante la Cuaresma en su mensaje de este año. La fe —dice el Papa— nos llama a acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Jesucristo. La esperanza es “agua viva” que nos permite caminar en un tiempo litúrgico que está hecho para esperar, volviendo a dirigir la mirada a la paciencia de Dios que nos sigue cuidando, afirma el pontífice. 

La caridad la señala Francisco como la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza, aquella que nos hace salir de nosotros mismos y suscita cooperación y comunión. Os invito a leer y meditar el profundo mensaje cuaresmal del Santo Padre.

Por mi parte, en el contexto que nos envuelve y he descrito muy brevemente, os animo a ir hacia Jerusalén a buen paso de esperanza, haciendo avanzar con ella la fe y la caridad. La esperanza es una profecía cristiana imprescindible en estos tiempos, antes, durante y tras esta pandemia.

Esperamos la vida abundante seguros de que «Él no olvida jamás al pobre, ni la esperanza del humilde perecerá» (Sal 9,19). El anuncio de la pasión y muerte de Jesús lo es también de la resurrección. La palabra definitiva no la tienen el sufrimiento y la aniquilación, sino la victoria sobre el mal, el dolor y la muerte (cf. 1Cor 15,26). Este es el anuncio y la razón de nuestra esperanza.

Caminemos hacia la Pascua vueltos los ojos a la misericordia paciente de Dios, que cuida la Creación entera y nos convierte en “cuidadores fraternos”, igual que nos reconcilia y nos hace propagadores del perdón entre hermanos que es esperanza de fraternidad.

Transitemos la Cuaresma con las alforjas de la oración, el ayuno y la limosna. Una oración en la que nos encontremos con el Señor y con los hermanos, contemplándolos con los ojos de Dios, albergando esperanza para ellos y pidiendo lo que necesiten y les beneficie. Un ayuno que sea como el que Dios prefiere: soltar cadenas injustas y amar a los hermanos sin desentenderse de ninguno, sino dándoles gratis lo que precisen por amor. Una limosna, alforja siempre vacía y siempre llena, que dirija el amor especialmente a la persona herida.

Como nos sugiere el papa Francisco en Fratelli tutti (cf. 223) y en su mensaje cuaresmal, adoptemos un estado de ánimo que no sea áspero, sino afable, suave, que sostenga y conforte a los hermanos para sobrellevar mejor esta y cualquier situación. Ayunemos de lo que hiere, humilla, entristece o irrita a los demás. Seamos magnánimos en palabras y gestos amables que alienten, reconforten, fortalezcan, consuelen y estimulen a recorrer la vereda cuaresmal con hambre de resurrección: con hambre de Cristo vivo, que es nuestro amor y nuestra esperanza.

✠ Luis Ángel, CMF

Obispo de León

miércoles, 15 de julio de 2020

Admisión a Órdenes del catequista Miguel Lescún




Queridos hermanos,el pasado 19 de Junio se celebró el rito de admisión a órdenes de un
seminarista y de dos candidatos al Diaconado Permanente en el Seminario Mayor Redemtoris
Mater Virgen del Camino.

A continuación paso a describiros como lo vivió un servidor.
Estaba francamente intranquilo; por un lado, por fin había llegado un paso importante: era y
es un reconocimiento que nuestra Iglesia nos hace a esa primera Llamada que un día
acogimos en nuestro corazón, pero también significaba adquirir mayor compromiso con
todos vosotros, los que conozco y los que no, y, por supuesto, la alegría de ser útil al Señor a
través de todos los que os habéis cruzado y cruzaréis en mi vida.

La verdad es que no tengo palabras para agradecer al Señor tanta dicha, por eso me sentía algo abrumado, pero ahí está, como siempre, Él marcando mis pasos y sabiéndome guiar en todo momento. Por otro lado, mi mente se trasladaba a tiempo atrás, cuando en un viaje parroquial a las Edades del Hombre, nuestro párroco don Rubén me habló de el orden de los Diáconos Permanentes
Gracias nuevamente, sin ti no se habría abierto el camino que ahora con tanto amor estoy recorriendo y, por supuesto, a mi familia ,que sabe comprender mis ausencias y que tanto me apoya en este camino.

Por todo ello quería hacer público mi agradecimiento a todos los que formamos nuestra Unidad Pastoral ,a mis compañeros Catequistas ,a mi querido grupo de Lectura Creyente y a toda nuestra gente. Gracias, sin vosotros y sin el Señor no habría llegado hasta aquí.

Un abrazo en Cristo, hermanos


AQUÍ EL ENLACE AL VÍDEO DEL ACTO LITÚRGICO:


jueves, 5 de diciembre de 2019

Adviento: tiempo para levantar la mirada


Queridos diocesanos: El domingo, día 1 de diciembre, comienza el denominado “tiempo del Adviento de nuestro Señor Jesucristo” que inaugura un nuevo “Año Litúrgico” y, aunque parezca contradictorio, evoca lo que sucederá cuando se cumpla la última venida del Señor, su “retorno” glorioso. En efecto, “en ese tiempo se recuerda la primera venida del Hijo de Dios a los hombres y se espera, a la vez, su segunda venida al final de los tiempos”
El año pasado, por estas fechas, el Papa Francisco, en el ángelus del primer domingo de Adviento lo explicaba magníficamente. He aquí su autorizada presentación: “Adviento (es) el tiempo litúrgico que nos prepara para la Navidad, invitándonos a levantar la mirada y abrir nuestros corazones para recibir a Jesús. En Adviento no vivimos solamente la espera navideña, también estamos invitados a despertar la espera del glorioso regreso de Cristo  preparándonos para el encuentro final con él mediante decisiones coherentes y valientes” (2-XII-2018). No se puede decir más claro ni más conciso lo que es este tiempo litúrgico y lo que debemos hacer en él.
Puede parecer una paradoja: prepararnos para evocar y celebrar un acontecimiento del pasado, el Nacimiento de Jesucristo, contenido principal de la Navidad, tratando a la vez de elevar nuestra mirada hacia un acontecimiento que está por venir: “la espera del glorioso regreso de Cristo” al final de la historia humana, cuando el Señor nos pida cuentas de lo que ha sido y será todavía nuestra vida y por el fruto de nuestras actitudes de conducta como discípulos suyos. Pero ese anunciado final tiene una connotación individual y personal para cada uno de nosotros que tiene que ver con el momento en el que se produzca la muerte física, aunque no sepamos el momento ni las circunstancias en que se producirá. Lo que sí es posible saber es que ese hecho inexorable será un encuentro con nuestro Redentor ante el que no podemos presentarnos con las manos vacías de buenas obras o ensuciadas por el pecado.
En este sentido el Adviento encierra una advertencia amistosa y solícita por parte de Jesucristo. Con palabras del papa Francisco también: “Durante estas cuatro semanas (las del Adviento), estamos llamados a despojarnos de una forma de vida resignada y rutinaria y a salir alimentando esperanzas, alimentando sueños para un futuro nuevo”. En este sentido el Adviento nos ayuda a preparar el examen más importante y decisivo de nuestra existencia personal en este mundo. ¿De qué manera? La respuesta nos la ofrece el evangelio dominical: “Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor”, añadiendo un ejemplo muy claro: “Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa” (Mt 24,42-43). Ante semejante peligro no caben ni la indiferencia ni la insensatez.
Pero tampoco cabe la desconfianza respecto de la palabra del Señor. Desde el principio sus discípulos comprendieron que bajo esas expresiones, propias del lenguaje apocalíptico, adoptaron la palabra Adviento para expresar su relación con Cristo: Jesús es el Rey que viene, el que entró ya en esta pobre morada nuestra para hacernos una visita, y que continua acercándose para que participemos de los bienes de la salvación. Con la palabra “adviento” se ha pretendido siempre decir: “Dios viene, no se ha retirado del mundo ni nos ha dejado solos”. Aunque no podamos verlo ni tocarlo, Él está aquí junto a nosotros de muchas maneras. ¡Feliz y santo Adviento para todos!
+ Julián López Martín, Obispo de León

martes, 27 de febrero de 2018

DÍA DEL SEMINARIO 2018


 
“APÓSTOLES PARA LOS JÓVENES”

Ante el “Día del Seminario”

 
            Queridos diocesanos:

            El domingo 18 de marzo, al no ser festiva este año la solemnidad de San José, se celebra el Día del Seminario, la jornada eclesial dedicada a recordar a todos los fieles cristianos la institución en la que se forman los futuros presbíteros que han de prolongar la misión del Buen Pastor entre nosotros.

            La jornada está inmersa, además, en nuestro “Año pastoral diocesano vocacional” que impregna todas las actividades relacionadas con la misión de la Iglesia en nuestra diócesis. La iniciativa ha surgido en buena medida ante la “falta de vocaciones al ministerio sacerdotal con el consiguiente descenso en el número de alumnos del ‘Seminario Diocesano de San Froilán’ aun contando con la aportación del ‘Seminario Diocesano Misionero Redemtoris Mater “Virgen del Camino’, erigido el 27 de noviembre de 2007” (Decreto de 21-VII-2017). Nuestra diócesis, cuenta en este momento con 136 sacerdotes en activo, de los que 67 ejercen su ministerio en León capital y 69 en el ámbito restante integrando 13 arciprestazgos y al servicio de 757 parroquias, la inmensa mayoría rurales y muy reducidas en población, además de dedicarse a otros servicios pastorales como capellanías, acompañamiento de asociaciones de fieles, etc. No hago referencia ahora a otras dedicaciones confiadas a los religiosos y religiosas e incluso a los fieles laicos cuya actividad es necesaria y muy valiosa también. Pero ni unos ni otros pueden sustituir en algunas funciones pastorales a quienes han sido consagrados por el sacramento del Orden para presidir la comunidad cristiana, celebrar la Eucaristía, perdonar los pecados, ungir a los enfermos, etc.

Se trata, además, de llevar a cabo la misión evangelizadora y pastoral de la Iglesia en nuestra sociedad cada día más secularizada e indiferente ante la fe y la vida cristiana. El “Año pastoral diocesano vocacional” quiere dar una respuesta a estas preocupaciones y, especialmente, mostrar el atractivo del mensaje de Jesús que sigue llamando, hoy como ayer, a participar en la misión de anunciar el evangelio y transformar el corazón de los hombres. Por eso, durante todo el curso se vienen realizando actividades orientadas a mostrar la belleza de la vocación cristiana en general y de la llamada del Señor para el ministerio sacerdotal en concreto.

El lema del “Día del Seminario” de este año: “Apóstoles para los jóvenes”, alude a la celebración, en octubre próximo, de una asamblea del Sínodo de los Obispos dedicada a este tema: «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». La Iglesia quiere acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud, y también pedir a los mismos jóvenes que nos ayuden a identificar las modalidades más eficaces hoy para anunciar la Buena Noticia. Para realizar esta tarea necesitamos “apóstoles”, y en concreto jóvenes dispuestos a seguir a Jesucristo especialmente como sacerdotes, es decir, dejándolo todo como hicieron los primeros discípulos de Jesús que se fueron con él, se formaron a su lado y después de la resurrección se desparramaron por todo el mundo. Nos va en ello el presente y el futuro de la fe y de la vida cristiana entre nosotros. Por eso os confío esta jornada y espero que la asumáis con compromiso y esperanza. Nos va en ello el presente y, sobre todo, el futuro de nuestra Iglesia diocesana. Gracias.

 

+ Julián, Obispo de León

 

DOMINGO XXVII TIEMPO ORDINARIO (ciclo A)

¿QUÉ MÁS PODÍA HACER YO POR MI VIÑA QUE NO HUBIERA HECHO? COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA      En este domingo hay una imagen que se re...