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miércoles, 5 de marzo de 2025

MENSAJE PAPA FRANCISCO CUARESMA 2025

 CAMINEMOS JUNTOS EN LA ESPERANZA

Queridos hermanos y hermanas:

Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3) [1].

En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.

Antes que nada, caminar. El lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos.

Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿Cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.

En segundo lugar, hagamos este viaje juntos. La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales [2]. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos [3]. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.

En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades. Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos [4]. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.

En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la esperanza de una promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del Jubileo [5], sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)» [6]. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado [7], y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.

Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?  

Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme [8]. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» ( 1 Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3) [9].

Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

ADVIENTO: EL SEÑOR ESTÁ CERCA

 

 

Esta sencilla reflexión quiere ayudarnos a entrar, con la mente y con el corazón, en el precioso tiempo litúrgico del adviento, que se abrirá ante nosotros este próximo domingo.

Es realmente un tiempo precioso, y no solo porque nos anuncia la inminente ternura de la Navidad, el nacimiento de un niño adorable, que espera ser acogido y amado, al que reconocemos como el Emmanuel, sino porque es un tiempo privilegiado para cultivar actitudes espirituales tan importantes en la vida cristiana como son la vigilancia, la esperanza, la conversión y la alegría. Siempre se ha dicho que es uno de los “tiempos fuertes” del año litúrgico cristiano.

Para nuestra sociedad el adviento es ya un tiempo desconocido; solo se habla de él en ambientes cristianos como este en el que estamos, en los templos, en las catequesis y en las clases de religión. Lo que importa para el mundo es adelantar la Navidad lo más posible, el encendido de las luces, la decoración, los productos rebajados... Con ello se busca únicamente aumentar de modo irracional el consumo, esperando de este lo que no puede ofrecer: un sentido para estas fiestas navideñas.

Para muchos hermanos nuestros, aunque lo intenten año tras año, como en aquel mito de Sísifo en que debía llevar cuesta arriba la pesada piedra que volvía a rodar cuesta abajo, la Navidad resulta una experiencia agotadora y frustrante. Se espera de ella lo que no puede ofrecer cuando su centro ya no es el acontecimiento por el que merece la pena que sea celebrada. Nuestra sociedad, en tantos aspectos ya post-cristiana, está condenada a vivir una Navidad sin sentido por haberla despojado de su verdadero centro, que es el nacimiento de Dios hecho hombre.

La Iglesia Madre nos recuerda a sus hijos cada año que necesitamos de la preparación intensa del Adviento para disponernos a la Navidad; en la medida en que lo vivamos con tensión espiritual de espera y esperanza, la Navidad resultará más o menos significativa para nosotros. Un buen Adviento, desde el punto de vista espiritual y cristiano, es garantía de una buena Navidad, vivida con pleno sentido y hondura.

Necesitamos de estas cuatro semanas, en las que la pedagogía de la liturgia de la Iglesia nos va llevando de la mano. La liturgia tiene mucho de pedagogía de Dios y de su Iglesia con nosotros: no se trata de celebrar acontecimientos del pasado como si fuesen aniversarios para el recuerdo. El pasado es pasado y ya no cambia el presente, se dice con razón. Pero en las celebraciones litúrgicas no hacemos una simple memoria, sino un memorial, que actualiza la salvación que una vez se realizó en la historia de la salvación. Lo que ya sucedió no vuelve a suceder, pero nosotros somos introducidos al celebrar en esa corriente de gracia que no cesa, la historia de la salvación.

Nos lo ha dicho el Papa Francisco en su reciente carta sobre la liturgia Desiderio desideravi: “La liturgia es lugar del encuentro con Cristo” y  es el “Hoy de la historia de la salvación”. Lo que ya sucedió al comienzo de la era cristiana se vuelve presente para nuestra salvación. Es algo que descubrimos bien si nos detenemos a ver los prefacios de las misas de la Navidad, que suelen ser oraciones que a los fieles les pasan desapercibidas:

Prefacio II Navidad: Porque en el misterio santo que hoy celebramos, el que era invisible en su naturaleza se hace visible al adoptar la nuestra; el Eterno, engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para reconstruir todo el universo al asumir en sí todo lo caído, para llamar de nuevo al reino de los cielos al hombre descarriado.

Prefacio III Navidad: Por él, hoy resplandece el maravilloso intercambio de nuestra redención: porque al asumir tu Verbo nuestra debilidad, no sólo asume dignidad eterna nuestra naturaleza humana, sino que esta unión admirable nos hace a nosotros eternos.

En ambos textos aparece repetido la palabra “hoy” y los verbos están en presente: es el presente eterno de Dios del que podemos participar a través de la liturgia de la Iglesia. Como dice el Papa “aquí está toda la poderosa belleza de la Liturgia”.

Si el adviento es el itinerario pedagógico del que Dios se vale, por medio de la liturgia de la Iglesia, para acrecentar en nosotros la espera de su Hijo, lo mejor y lo más provechoso que podemos hacer, es acercarnos a cada uno de los mensajes que la Palabra de Dios nos ofrece, especialmente en los cuatro domingos que viviremos.

El primer domingo, 3 de diciembre, nos situará ante la primera actitud espiritual propia del adviento: la vigilancia y la vela. El profeta Isaías suplica la intervención de Dios, padre y libertador, en la historia humana: ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!

Aunque la humanidad se ha extraviado en la impureza y en la injusticia y se marchita por la culpa, la compasión de Dios le hará intervenir. Isaías dice que esa intervención será por amor del Señor y recreará a los pueblos como el alfarero recrea la arcilla. La suplica del profeta de Israel es escuchada, Dios rasga los cielos y desciende, pero no en el modo en el que este esperaba, estremeciendo las montañas, sino con la carne humana de Jesús.

Pero su súplica nos pone a nosotros, creyentes del siglo XXI, en sintonía de seguir esperando, ahora ya la segunda y definitiva venida del Señor.

Este es el mensaje fundamental del primer domingo de adviento: estad atentos, vigilad, pues no sabéis cuál es el momento. El mal criado se olvida de estar despierto a la llegada de su señor, deja que su mente y corazón se emboten porque se retrasa y su regreso inesperado le encuentra dormido. Jesús nos invita a lo contrario: la vigilancia, vivir despiertos, siendo conscientes de que aguardamos aún su manifestación definitiva, como nos dice el apóstol Pablo.

¿Cómo está nuestra esperanza? ¿Esperamos todavía algo? ¿Esperamos al Señor que está cerca y su espera nos mantiene vivos y comprometidos con el trabajo por su Reino?

En el segundo domingo, 10 de diciembre, el evangelio dará todo el protagonismo a Juan Bautista y, con él, a la segunda actitud espiritual del adviento: la conversión.

Ya el profeta Isaías, siglos antes, había anunciado que un hombre sería la voz de Dios que grita pidiendo a los hombres preparar el camino al Señor que ha de llegar: los valles de miedo y tristeza deben ser levantados, los montes elevados de orgullos y vanidades deben ser abajados, los caminos torcidos y escabrosos del pecado deben ser enderezados. Dios viene como pastor a apacentar a su rebaño, cuidando de las ovejas más débiles o perdidas. La austeridad en el desierto del Bautista lo identifica como esa voz que había sido profetizada: en el desierto bautiza con un lavado de purificación que dispone a acoger a quien bautiza con el fuego del Espíritu. 

¿Cómo están los caminos de nuestro corazón este adviento del 2023 para que el Señor esperado pueda llegar a visitarnos con su salvación?

El domingo tercero, 17 de diciembre, el domingo Gaudete, será diferente a los dos anteriores: la actitud espiritual a vivir es ya la alegría porque el Señor está más cerca. El profeta Isaías desborda de gozo porque el Señor le ha ungido derramando sobre él el Espíritu Santo, y enviándole a llevar su compasión y salud a cuantos sufren. Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios.

Juan Bautista vive la alegría de ser el testigo de la luz y la voz que grita en el desierto. Todos podemos experimentar esta alegría honda de evangelizar, de la que tantas veces nos ha hablado el Papa Francisco desde el comienzo de su pontificado: la dulce alegría de haber sido escogidos y enviados por el bautismo para proclamar la buena noticia que necesita el mundo.

Pidamos ese don de la alegría evangélica al que nos exhorta también el apóstol Pablo en su segunda lectura: “estad siempre alegres” y que es compatible con las dificultades y sufrimientos de la vida, porque esta alegría brota de la fe, no de la ausencia de problemas.

A partir del domingo tercero, que este año será el 17 de diciembre, y hasta el 24, el adviento entra en una etapa especial, las llamadas ferias mayores del adviento, que son los ocho días previos a la Solemnidad de la Natividad del Señor; la liturgia se centra entonces con mayor énfasis en la preparación de la conmemoración anual del nacimiento del Redentor.

En el cuarto y último domingo el protagonismo será todo para la Virgen María, que recibe el anuncio del ángel y la actitud espiritual a trabajar es la espera activa y la acogida. El rey David recibe el anuncio profético de una esperanza que debe aceptar por la fe, porque no la verá realizada, un reinado definitivo sobre la casa de Israel de alguien de su descendencia, un rey que reinará para siempre, al que Dios tendrá por hijo y que llamará a Dios Padre. ¿Cómo será eso pues no conozco a varón? A la Virgen María le toca aceptar por la fe los planes de Dios que le han sido revelados; en ella el anuncio encuentra la fe más pura y firme “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”.

En la Virgen María, protagonista del último domingo del adviento, todas las actitudes espirituales propuestas para las semanas anteriores, encuentran su plenitud. Ella es la virgen que vela, la hija de Israel que, participando de las esperanzas y súplicas de los profetas de su pueblo y de los pobres de la tierra, ora a Dios “ojalá rasgases el cielo y descendieses, vinieses a visitar a tu pueblo”. En vela la encuentra el anuncio del ángel del cielo de que va a ser la madre del esperado.

Ella nos estimula como nadie a vivir la actitud de la conversión; no porque la necesite la que está preservada de toda mancha de pecado, sino porque nos muestra por qué debemos enderezar sendas y caminos: para ser una senda recta como ella por la que el Salvador pueda venir a nuestro encuentro. En María, el plan salvador de Dios no encontró obstáculo alguno, ninguna senda extraviada, ningún valle profundo ni montaña empinada.

En ella la alegría es plena, es la alegría honda de Dios que tienen aquellos que le pertenecen por entero y sin reservas. En su Magnificat, con el que la Iglesia ora cada atardecer en el rezo de vísperas, María proclama la grandeza del Señor y se alegra su espíritu en Dios su salvador.

De la mano de la Virgen María y con la liturgia que la Iglesia nos propone, especialmente en la Palabra de Dios de los cuatro domingos, entremos con nuestros hermanos, experimentando la alegría de caminar con otros y no solos, en este tiempo hermoso y siempre nuevo del adviento, el tiempo de las promesas de Dios.

Ella es la que nos puede enseñar mejor a vivirlo plenamente, como nos dice el Papa Francisco (mensaje adviento 2022):

Hermanos y hermanas, en este tiempo de Adviento, ¡sacudamos el letargo y despertemos del sueño! Preguntémonos: ¿soy consciente de lo que vivo, estoy alerta, estoy despierto? ¿Estoy tratando de reconocer la presencia de Dios en las situaciones cotidianas, o estoy distraído y un poco abrumado por las cosas? Si no somos conscientes de su venida hoy, tampoco estaremos preparados cuando venga al final de los tiempos. Por lo tanto, hermanos y hermanas, ¡permanezcamos vigilantes! Esperando que el Señor venga, esperando que el Señor se acerque a nosotros, porque está ahí, pero esperando: atentos. Y la Virgen Santa, Mujer de la espera, que supo captar el paso de Dios en la vida humilde y oculta de Nazaret y lo acogió en su seno. Nos ayude en este camino a estar atentos para esperar al Señor que está entre nosotros y pasa.

miércoles, 4 de octubre de 2023

ARRANCAN EL CURSO LOS GRUPOS DE LECTURA BÍBLICA

 


LEEMOS Y CONOCEMOS MEJOR LA PALABRA VIVA DE DIOS PARA ORAR CON ELLA



NOS REUNIMOS LOS LUNES A LAS 6 DE LA TARDE EN EL SALÓN PARROQUIAL DE VILLARRODRIGO DE LAS REGUERAS (C/Juan Fernández García, nº 30)



COMIENZO: LUNES 9 OCTUBRE 2023



sábado, 27 de mayo de 2023

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

 SE LLENARON TODOS DE ESPÍRITU SANTO


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

Hoy celebramos la solemnidad de Pentecostés, a los cincuenta días de la Pascua. Con esta fiesta concluimos por este año el ciclo pascual, que durante todas estas siete semanas nos ha ayudado a profundizar en la gran noticia que es el centro de nuestra fe cristiana: Jesucristo vive resucitado y está con nosotros para siempre.

El Señor Resucitado les ha dado a los discípulos y a los apóstoles muchas muestras de que vive, les ha abrazado, les ha hablado, se ha dejado tocar, ha comido con ellos… y, según el relato del evangelista Juan que hemos escuchado hoy como evangelio, les ha dado el Espíritu Santo en la tarde misma de la Pascua.

La imagen es preciosa: Cristo resucitado sopla sobre ellos y su soplo es el Espíritu Santo que le llena. Por este motivo, Jesús les había dicho muchas veces que os conviene que yo me vaya al Padre para que podáis recibir el Paráclito-Defensor, el espíritu de la verdad.

El aliento de vida del Resucitado es el Espíritu; esto solamente ocurre después de que Jesús haya resucitado, haya ido al Padre en la Ascensión siendo glorificado; ahora es el transmisor del Espíritu.

La misma tarde de la Pascua el Señor ya les da el Espíritu y les envía, como el Padre le envío a Él para estar con nosotros, a cumplir la misión del Reino. Pero la misión es universal: id a todos los pueblos de la tierra y hacedles discípulos míos bautizándoles en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Resulta demasiado el encargo para aquel grupo tan sencillo, que ha sufrido tanto por la muerte de su Maestro, que se sienten, y así lo son, una minoría insignificante y perseguida ante el poder del Imperio y el opresivo ambiente judío.

Por eso, aunque ha soplado sobre ellos el Espíritu, aún se quedan en Jerusalén, llevando una vida de clandestinidad, compartiendo la fe entre ellos, como un grupito invisible.

Pero en Pentecostés todo cambia: estaban reunidos y, de pronto, la sala se llena de dos manifestaciones del Espíritu: viento y fuego. El viento ya aparecía en el momento de la creación del mundo como viento que sopla sobre las aguas, las ordena y las llena de vida. Es el viento del Espíritu como el aliento que sopla sobre los discípulos el resucitado. Y el fuego que da calor y vida a los que aún estaban tristes y mortecinos.

Cuando el Espíritu Santo les llena, los discípulos empiezan a hablar de las grandezas de Dios en lenguas diversas, que no podían conocer porque eran sencillos galileos. Empiezan a testimoniar la fe de manera que les pueden oír predicar personas llegadas de todos los confines de la tierra, de aquellos lugares a los que van a ser enviados como misioneros los discípulos de Jesús.

En Pentecostés nace la Iglesia misionera, la Iglesia universal que Jesús quiso. Ya no serán un grupúsculo judío, serán sal y luz para el mundo entero, levadura enterrada en la masa del mundo para ir transformándolo hasta que el Señor regrese como prometió.

El Espíritu Santo les desinstala y nos desinstala: salid de vuestras comodidades y seguridades, de vuestros aburrimientos y apatías. ¡Hay tanto que hacer!, ¡Hay tantos a los que debemos anunciar la Buena Noticia que trae alegría y salvación, ¡Hay tanta necesidad de Dios en este mundo!

En Pentecostés celebramos la jornada del Apostolado Seglar. Si hoy mismo, por la acción del Espíritu Santo, como en el primer Pentecostés, cada católico descubriera que es un misionero enviado a aquellos con los que vive, la Iglesia y el mundo cambiarían radicalmente, sería una fuerza evangelizadora imparable. 

Se lo pedimos hoy a Dios, que renueve la presencia transformadora y misionera del Espíritu en cada uno de nosotros.

 

lunes, 19 de diciembre de 2022

CONVIVENCIA DE NAVIDAD DE LOS GRUPOS PARROQUIALES

 Para concluir el trimestre, y antes de la Navidad, hemos disfrutado de una jornada de convivencia, en la que estuvieron representados todos los grupos de nuestra Unidad Pastoral. Nos reunimos a las 18 horas en el salón parroquial de Villarrodrigo y comenzamos con un momento de oración.

La oración esta vez fue distinta: una contemplación del Belén, guiados por la carta del Papa Francisco Admirabile signum. 

Cada figura que íbamos colocando, hasta formar un nacimiento, está cargada de significado: desde los animales hasta los Magos del Oriente; desde las lavanderas hasta el castillo de Herodes. 

Y, en el centro, aquel que hace palpitar el pesebre, Jesús, el Emmanuel que nace para compartir e iluminar nuestra existencia sencilla y cotidiana. 


Contemplar el Belén es una invitación a recuperar el asombro y el agradecimiento por el nacimiento del Salvador, que celebramos cada Navidad. Hacerlo de la mano del Papa fue un descubrimiento y una alegría para todos.

No podía faltar la mesa compartida en fraternidad ni los cantos de los villancicos, que alegran el corazón de quienes quieren celebrar la Navidad con sencillez cristiana.

Damos gracias a Dios por haber compartido este tiempo recuperando los lazos que la pandemia había debilitado. 


FELIZ NAVIDAD A TODOS

martes, 18 de octubre de 2022

MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS, ENVÍO DE LOS MINISTROS DE CELEBRACIONES DOMINICALES Y DE LOS CATEQUISTAS

 Este pasado fin de semana fue muy intenso y feliz para nuestra Unidad Pastoral. El sábado 15, a las 18 horas, recibimos en la Parroquia de San Juan Bautista de Robledo de Torío a nuestro obispo diocesano, D. Luís Ángel de las Heras. 

En un ambiente de fiesta y de familia, feligreses de Robledo, y procedentes de las demás parroquias, celebramos, presididos por el Obispo, una misa de acción de gracias por la finalización de las obras de mejora del templo. 

Al término de la eucaristía, antes de la bendición final, bendijo y envió a los miembros de nuestra Unidad Pastoral que dirigen las Celebraciones dominicales en ausencia de presbítero y les entregó el ritual que han de emplear en estas celebraciones de los domingos.



Hubo tiempo también para compartir un dulce y un refresco a la puerta del templo y estrechar lazos de amistad entre nosotros.



Al día siguiente, el domingo 16, en la misa de las 13 horas de Villaobispo de las Regueras, nuestros catequistas, aunque no pudieron estar todos, profesaron públicamente la fe ante la comunidad y se comprometieron en la tarea de la iniciación cristiana, que desempeñan con tanto esmero en favor de niños y jóvenes.



domingo, 24 de julio de 2022

FIESTA DE SANTIAGO APÓSTOL. VILLAMOROS 2022






Señores concejales del Ayuntamiento de Villaquilambre, Señora presidenta de la Junta Vecinal de Villamoros, vecinos y amigos que nos acompañáis.

Celebramos con toda alegría y unidad la solemnidad, anticipada, del apóstol Santiago, patrono de España y patrono de este pueblo de Villamoros, que lo honra cada año de la mejor manera posible.

El apóstol Santiago, también llamado Santiago el Mayor, uno de los hijos de Zebedeo, junto con Juan, fue uno de los Apóstoles más cercano al Señor Jesús.

De hecho, en los relatos del Evangelio lo encontramos acompañándole, junto con Pedro y su hermano Juan, en el episodio de la Transfiguración y en la Oración en el huerto de Getsemaní, dos de los momentos más cruciales en la vida de Jesús: la Transfiguración porque fue cuando les manifestó lo que hasta entonces estaba oculto, su condición gloriosa de Hijo de Dios, y la oración del huerto porque es un momento de intenso sufrimiento en la vida de Jesús, que sabe llegada la hora de padecer y morir en cruz.

 

Según la venerable Tradición, fue el evangelizador de España y por esto lo tenemos como Patrón. En él se cumplieron las palabras de Pablo que escuchamos en la Segunda Lectura, de la Carta a los Corintios: “el tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro”.

 

Santiago, un simple pescador de Galilea, probablemente sin formación alguna, se convierte en el apóstol que llega hasta el “fin de la tierra” y en el primero de los Doce en dar la vida por el Señor. No le detuvo su pequeñez, su incultura, su incapacidad, más aun, esto se convirtió en su fuerza porque de este modo se manifestó “que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros”.

 

Las palabras proféticas de Jesús en el Evangelio que responden a la petición de la madre de Santiago y Juan, se cumplieron con creces: Santiago bebió el Cáliz de la pasión del Señor, dio la vida por Él, compartió sus padecimientos, fue entregado a la muerte, y, por esto, venció: la “vida del Señor se manifestó en su carne mortal”.

Todos, pequeños y grandes, sencillos o preparados, estamos llamados desde el bautismo a esto. A dar testimonio del Evangelio de Jesús, que es la Buena Noticia que nosotros, nuestro mundo y quienes están a nuestro lado, necesitan, aunque no sean conscientes de necesitarlo.

 

A unos nos llamará Dios a dar testimonio desde una vocación de servicio directo a la Iglesia, a otros desde la entrega a la familia, desde el trabajo o desde la jubilación. Pero la fuente de la llamada es siempre la misma: el Bautismo en el que Dios ha puesto su mirada sobre nosotros y nos ha escogido para ser sus hijos e hijas amados.

A esta fiesta del Apóstol le hemos querido sumar, ya lo hicimos el año pasado, la Jornada Mundial de los abuelos y los mayores. Es una jornada nueva en la Iglesia, este es su segundo año, impulsada por el Papa Francisco. Su finalidad es doble: por un lado, promover que se reconozca en la sociedad y en la Iglesia, el valor insustituible que tienen las personas mayores. Por otro lado, haceros conscientes a todos los abuelos y mayores de que tenéis mucho que aportarnos al resto y que seguís teniendo una misión: nadie puede bajarse de la barca de la vida en la que vamos todos juntos y nos necesitamos los unos a los otros.

Para animar esta celebración ha escrito un mensaje precioso y esperanzador, que viene muy bien leer y reflexionar, especialmente ahora que vivimos una cultura del descarte, en la que parece que nos sobra todos los que no sean jóvenes y exitosos. Luego os la entregaremos para que la podáis leer tranquilamente. Lleva por título “En la vejez seguirán dando fruto” y quiero destacaros, solamente, algunas ideas de este mensaje:

La vejez es una bendición de Dios, no una enfermedad ni una carga pesada. Aunque traiga sus dificultades, como las trae cada etapa de la vida, puede ser una etapa muy fecunda, de crecimiento humano y espiritual, en la que se debe seguir dando frutos. ¡Envejecer no es una condena, sino una bendición!

Es necesario vivir una ancianidad activa, en lo espiritual y en lo humano, con la lectura de la Palabra de Dios, los sacramentos, viviendo la fe en comunidad. Y cultivando relaciones humanas, de familia y amistad, en las que se aporta lo aprendido en el camino largo de la vida.

La ancianidad es tiempo de seguir dando frutos y la mayor aportación que cree el Papa que debéis dar al mundo es la ternura, a un mundo herido y a tantas personas heridas por decepciones, violencias, cansancios, luchas… Los mayores, dice el Papa, que hemos afinado nuestra sensibilidad cuidando a tantos, “podemos ser maestros de una forma de vivir pacífica y atenta con los más débiles”.

Sigamos celebrando a nuestro querido Santiago Apóstol. Que él nos de la fortaleza para vivir a fondo nuestra fe cristiana. Que él ilumine a los mayores para que sean miembros activos que aportan sabiduría y ternura al resto. Que él ilumine a los jóvenes para reconocer la bendición que supone tener abuelos y mayores a nuestro lado.

Que a todos nos bendiga abundantemente.  Así sea.

 

 

miércoles, 20 de julio de 2022

II JORNADA DE LOS ABUELOS Y LOS MAYORES. 2022

 

Como ya hicimos el año pasado en la Unidad Pastoral, vamos a unir la Jornada de los Abuelos y Mayores, impulsada por el Papa Francisco, a la celebración de Santiago Apóstol, patrono de la parroquia de Villamoros de las Regueras. 

El próximo domingo, 24 de julio, el más cercano a la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, a las 13 horas, tendremos la Misa solemne en el Parque de Villamoros, que comenzará con la procesión de la imagen del Santo Apóstol por las calles del pueblo. 

Al término de la Misa, en la que les tendremos muy presentes, obsequiaremos, con la generosa colaboración de la Junta Vecinal de Villamoros, a los mayores de nuestras parroquias que estén presentes con una planta y el mensaje del Papa para esta jornada 2022.


Puedes leer el mensaje del Papa en este enlace:

MENSAJE 2022

viernes, 11 de febrero de 2022

ENCUENTROS SINODALES

   

Ya hemos celebrado dos encuentros de la Fase diocesana del Sínodo sobre PARTICIPACIÓN, COMUNIÓN Y MISIÓN. En ellos han estado representadas distintas realidades activas en nuestra Unidad Pastoral: Caritas, Lectura Creyente, Catequistas, Animadores de la liturgia... y cuantos han querido sumarse.
    
    El diálogo está resultando muy libre, rico y enriquecedor. No se trata de pensar qué Iglesia queremos nosotros, sino qué Iglesia quiere Dios para este momento presente. Y buscamos respuesta en el discernimiento, hecho como comunidad, en clima de oración, de escucha mutua y de respeto total por la experiencia de los otros.


    Culminaremos nuestros encuentros el próximo lunes 21 de febrero con el último encuentro a las 18 horas en el Salón Parroquial de Villarrodrigo de las Regueras. El último tema será la MISIÓN.





CONOCE MÁS SOBRE ESTE SÍNODO VIENDO ESTE BREVE VIDEO:

 

lunes, 17 de enero de 2022

COMIENZA EL GRUPO SINODAL DE NUESTRA UNIDAD PASTORAL


    La Iglesia ha puesto en marcha un nuevo SÍNODO. El tema del Sínodo, convocado por el Papa Francisco, es: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Las tres dimensiones del tema son la comunión, la participación y la misión.

    Esta palabra significa, literalmente, caminar juntos, buscar juntos los caminos por los que deben caminar nuestras comunidades cristianas en el tiempo nuevo que estamos viviendo. 

    Ahora hemos comenzado lo que se llama la fase diocesana del Sínodo El objetivo de esta fase  es consultar al Pueblo de Dios para que el Proceso Sinodal se realice a través de la escucha de todos los bautizados. Al convocar este Sínodo, el Papa Francisco invita a todos los bautizados a participar en este Proceso Sinodal que comienza a nivel diocesano.

    Juntos, todos los bautizados son el objeto del sensus fidelium, la voz viva del Pueblo de Dios. Al mismo tiempo, para participar plenamente en el acto de discernimiento, es importante que los bautizados escuchen las voces de otras personas en su contexto local, incluidas las personas que han dejado la práctica de la fe, las personas de otras tradiciones de fe, las personas sin creencias religiosas, etc.

    Esta fase diocesana es una oportunidad para que las parroquias y las diócesis encuentren, experimenten y vivan juntas el camino sinodal, descubriendo o desarrollando así las herramientas y los caminos sinodales que mejor se adapten al propio contexto local, lo que finalmente se convertirá en el nuevo estilo de las Iglesias locales en el camino de la sinodalidad.

¿QUIENES PUEDEN PARTICIPAR?

    Todos los que queramos compartir con otros acerca de la Iglesia, a todos los que les importe la Iglesia y quieran pensar juntos cuál ha de ser su futuro. Se nos convoca, en primer lugar a los que estamos ya en los grupos de la Unidad Pastoral: Catequistas, Caritas, Grupos de Lectura Bíblica, Asociación de la Medalla Milagrosa, Cofradías, Animadores de la Liturgia, Padres de niños en la catequesis, Familias, Personas que solo acuden a la Eucaristía Dominical.....

¿CUÁNDO NOS REUNIREMOS?

Tendremos tres reuniones sinodales para tratar los tres temas propuestos: 

1.     ENCUENTRO-COMUNIÓN: LUNES 24 ENERO (18 HORAS)

2.     ESCUCHA-PARTICIPACIÓN:  LUNES 7 DE FEBRERO (18 HORAS)

3.     DISCERNIMIENTO-MISIÓN: LUNES 21 DE FEBRERO (18 HORAS)

S 

Nos reuniremos en el Salón Parroquial de Villarrodrigo de las Regueras (C/Juan Fernández García, nº 30, bajo). 





martes, 16 de noviembre de 2021

GRUPOS DE LECTURA CREYENTE 2021

 Ahora que ya hemos retomado la mayor parte de nuestras actividades normales, también queremos volver a reunirnos para el encuentro como grupo en torno a la Palabra de Dios. Los grupos de Lectura Creyente son una experiencia de fe que ya cuenta con un recorrido de años en nuestra Unidad Pastoral y que nos ayuda a vivir como discípulos de Jesús nuestra vida cotidiana. 

Se trata de encontrarse para escuchar juntos el evangelio del domingo siguiente, y responder a tres preguntas: ¿Qué dice el texto? (Lectura), ¿Qué me dice este texto evangélico? (Meditación), ¿Qué le respondemos a Dios? (Oración y Compromiso). Estos tres momentos constituyen la dinámica de este método de Lectura Creyente.


No es necesario tener conocimientos previos de Biblia, solo ganas de ponerse a la escucha de la Palabra de Dios, buena voluntad y respeto. Estáis invitados y seréis bien recibidos.


COMENZAREMOS EL MIÉRCOLES 24 DE NOVIEMBRE A LAS 7 DE LA TARDE EN EL SALÓN PARROQUIAL DE VILLARRODRIGO DE LAS REGUERAS (Calle Juan Fernández García 30, bajo. Cerca del Polideportivo). 

lunes, 18 de octubre de 2021

ENVIO DE NUESTROS CATEQUISTAS

    Cada domingo es el día central de la semana para los cristianos. Es un día de fiesta: Jesucristo ha resucitado y nos reúne, como familia, para compartir la fe y alimentarla con el Pan de la Palabra y con el Pan de su Cuerpo eucarístico.

    Pero hay domingos en los que tenemos aún más motivos de celebración. El domingo pasado, 17 de octubre, fue uno de ellos. En toda la Iglesia católica se celebraba la apertura de la fase diocesana preparatoria de un Sínodo de los Obispos que el Papa Francisco ha convocado para el año 2023, con el fin de que juntos pensemos en la sinodalidad de la Iglesia o, dicho con otras palabras más comunes, en que cada uno de nosotros somos miembros activos y corresponsables de nuestras comunidades parroquiales. Por ello, nos deben importar y debemos no solamente reivindicar nuestros derechos (que es lo que, muchas veces, hacemos), sino ofrecer nuestros dones, cualidades y tiempo al servicio de la familia de los bautizados y de su acción misionera.

    Unidos a este domingo tan especial, en nuestra Unidad Pastoral vivimos el envío de nuestros catequistas. Los catequistas ofrecen su tiempo y su ilusión para que los niños y jóvenes puedan ser iniciados en la fe cristiana y en la vivencia comunitaria de la fe. No son maestros, no son voluntarios de una actividad extra-escolar... son testigos de la fe que ellos, en primer lugar, están llamados a vivir. Colaboran con las familias, que son las primeras responsables en transmitir la fe a sus hijos.



    Mediante este sencillo rito del envío, la comunidad cristiana, representada por la asamblea dominical que asistió, reconoce a sus catequistas y se compromete a orar por ellos y a apoyarles en su importante misión. Al mismo tiempo, con el símbolo que tuvimos delante del altar, una cruz y la Palabra, de la que brotan diversas cintas que terminan en una luz, reconocimos y agradecemos los diferentes servicios que se prestan en nuestras parroquias para el bien común: quienes celebran la Palabra los domingos, los voluntarios de Caritas, los que se ocupan de la limpieza y de la economía de los templos, las cofradías, los lectores, los coros, la Asociación de la Medalla Milagrosa, las asociaciones.... 

NO HAY SERVICIO PEQUEÑO SI SE HACE CON AMOR




miércoles, 21 de abril de 2021

DOMINGO IV DE PASCUA (ciclo B)


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Este cuarto domingo de Pascua le llamamos siempre el Domingo del Buen Pastor, porque se lee el evangelio en el que Jesús se llama así a sí mismo: “Yo soy el Buen Pastor”. Quizás las personas que vivan en las grandes ciudades y no tengan la suerte de disfrutar de los campos libres como nosotros, no entiendan bien lo que quiere expresar Jesús al llamarse Pastor. Pero, desde luego, aquellos que le oían, lo entendían perfectamente.

    El pastor se hace uno con su rebaño, a él le dedica su día, comparte su suerte en el campo; si cae la lluvia se moja también, si es un sol aplastante también él pasa calor. Y el rebaño constituye su preocupación constante, buscar dónde hay agua, buscar donde hay sombras, donde estarán las mejores hierbas del pasto, protegerlo de las fieras… Así hemos visto vivir tantas veces a los pastores de nuestros pueblos.

    Pues el Señor no es solo un pastor, sino el Buen Pastor, el mejor de los pastores posibles. Él mismo lo resume en dos expresiones: él “nos conoce” y “da la vida por nosotros”.

    Nos conoce, es decir que para Dios y para su Hijo Jesucristo no somos simples números, no somos sin más la masa de la humanidad. Cada uno de nosotros le importa, sabe de nuestras tristezas, de nuestras preocupaciones y angustias. Por eso Jesús nos dijo que para hablar con el Padre no necesitábamos usar  de muchas y grandes palabras, ya que él lee siempre en lo profundo de nuestros corazones. No somos anónimos, sino hijos amados. 

    Hay tantas personas que hoy dicen: “nadie me comprende” o “no cuento para nadie”; pues bien digámosles los creyentes que no es cierto, porque cada uno le importamos a este Buen Pastor.

    Pero también dice “y las mías me conocen”, tenemos que conocer a este Pastor nuestro, estar cerca de él, escuchar su voz, sentir su presencia resucitada. Para conocerle tanto como él nos conoce, tenemos que tratarle, que es como se conoce a los amigos: escuchar, leer y meditar su Evangelio, tener ratos de oración ante la Eucaristía o en el silencio de nuestras casas, tratarle en la comunidad cristiana porque "donde están reunidos en mi nombre allí estoy yo", nos ha dicho.

    Y da la vida por nosotros. Para Jesús es muy distinta la actitud del pastor que quiere de verdad a su rebaño, a la de aquellos que son simples asalariados, que solo les importa el jornal, pero no el rebaño. Pastores del pueblo de Israel eran, al menos en teoría, sus dirigentes: los sacerdotes, los escribas y fariseos. Pero, en la realidad, a ellos no les importaba nada lo que les pasara a los leprosos, a las viudas, a los pobres. En cambio, a Jesús sí, les ama hasta dar la vida en la cruz.

    Este Buen Pastor crucificado por amor y ahora resucitado está y estará con nosotros hasta el final de los tiempos, según su promesa. Y no deja de conocernos, cuidarnos, pastorearnos. Lo hace a través de sus discípulos, todos colaboramos con el amor y la preocupación del Buen Pastor cuando nos cuidamos los unos a los otros, cuando tratamos de que nadie se quede olvidado. 

    Es lo que hizo Pedro, que, en el nombre de Jesús cura a un tullido, aunque eso le traiga luego consecuencias como ser interrogado en el tribunal por haber hecho algo en nombre del crucificado Jesús, cuyo nombre quieren hacer desaparecer. Pedro, en lugar de defenderse a sí mismo, aprovecha la ocasión para predicar: “ese que creíais que era la piedra desechada es ahora la piedra angular”, sin la cual nada puede construirse ya.

    ¿Nos creemos esto, lo que hemos repetido en el salmo? Que Cristo es la piedra angular y que, sin él, todo lo que construyamos en la vida carece de valor y de sentido y se derrumba como un arco de piedras al que le falta la piedra clave?

    Ya somos hijos de Dios, hijos amados, dice el apóstol san Juan, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Seremos semejantes a él, transformados, hechos de nuevo como ni podemos siquiera imaginar. Esto no son ilusiones vanas, sino promesas del Buen Pastor que sabemos que se cumplen porque su amor es real, hasta dar la vida por cada uno de nosotros.

    Sigamos viviendo este domingo, haciendo experiencia de su presencia viva en nuestra comunidad.

 

martes, 16 de febrero de 2021

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO CUARESMA 2021

 


Algunos textos destacados del mensaje para esta Cuaresma del Papa:

CUARESMA HACIA LA PASCUA

El itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

EL SENTIDO DEL AYUNO, LA ORACIÓN Y LA LIMOSNA

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo

CON LA PALABRA DE DIOS

En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación

UNA CUARESMA DE FE

La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

UNA  CUARESMA DE ESPERANZA

El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos.

A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia»

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6).

Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

UNA CUARESMA DE CARIDAD

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

CON MARÍA

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual.

DOMINGO XXVII TIEMPO ORDINARIO (ciclo A)

¿QUÉ MÁS PODÍA HACER YO POR MI VIÑA QUE NO HUBIERA HECHO? COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA      En este domingo hay una imagen que se re...