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miércoles, 3 de junio de 2026

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI (ciclo A)

 EL QUE COME, VIVIRÁ POR MÍ


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Hoy es el domingo del Corpus Christi, el Cuerpo de Cristo; es el domingo de la Eucaristía y de la Caridad.

    La eucaristía es el gran regalo que Cristo ha dejado a su Iglesia, su presencia permanente de entre nosotros y aún dentro de nosotros, cada vez que lo recibimos en la Sagrada Comunión. En este sacramento de nuestra fe se cumple la promesa que nos hizo el Señor antes de volver al Padre en la Ascensión: “No os dejaré solos. Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

    Es verdad que no es la única presencia del Señor con que contamos: también está en el resto de los sacramentos, en la palabra del Evangelio, en la comunidad que se reúne en su nombre, en los pobres y necesitados, en cada uno de nosotros… Pero la presencia de Jesucristo en el sacramento del altar es realmente especial: está con su Cuerpo y con su Sangre, real y verdaderamente, aunque nuestros sentidos solo perciban un poco de pan y un poco de vino.

    Lo creemos y lo vivimos por la fe. Sabemos que Él no puede engañarnos, y si nos ha dicho “Esto es mi Cuerpo” y “Esta es mi sangre”, es porque realmente lo son.

    Podríamos hablar tanto de la eucaristía y nunca acabaríamos… muchos santos y místicos han dicho maravillosas palabras a lo largo de la historia de la Iglesia y, al final, la mejor palabra que encontraron ha sido el silencio y la adoración. Porque cuando se descubre por la fe la presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento, uno no puede menos de doblar la rodilla y adorar.

    La Palabra de Dios de este domingo del Corpus nos invita a ver las dos dimensiones inseparables que tiene la eucaristía: la vertical y la horizontal. Igual que en la cruz hay dos palos, uno vertical y otro horizontal, también en este sacramento hay siempre estas dos orientaciones.

    En la dimensión vertical, la eucaristía nos une a Jesucristo. Así nos lo dice en el discurso del Pan de Vida que recoge el evangelio de Juan. Recibirle en su Cuerpo y su Sangre, en el Pan y el Vino eucarísticos, hace que Él viva en nosotros y que nosotros vivamos en Él. Cuando los judíos le escuchaban decir que iba a dar su carne para la vida del mundo, no le entendían y se escandalizaban: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”.

    No sabían que estaba hablando de la Eucaristía, porque aún no la había instituido en la última cena antes de padecer. Nosotros sí lo entendemos bien. En el sacramento del altar, Jesucristo se hace para nosotros alimento de vida y bebida de salvación. Al comerlo y beberlo, nos unimos al Señor de un modo que nada puede igualar.

    Es el nuevo maná que Dios da a su pueblo peregrino para darle las fuerzas necesarias con las que seguir caminando hacia la verdadera y definitiva tierra prometida: el cielo.

    La primera lectura nos recuerda aquel maná del cielo con el que Yahvé Dios alimentó a Israel en el desierto, un pan generoso caído del cielo con el que sacia su hambre y que era un anuncio de esta eucaristía, regalo de Dios que recibimos cada domingo.

    En la dimensión horizontal, la eucaristía nos une entre nosotros, como Cuerpo de Cristo en el mundo, la Iglesia. Es lo que expresa el apóstol san Pablo en la segunda lectura: como el Pan eucarístico es uno solo, así nosotros, aun siendo distintos, nos hacemos uno solo al recibirlo. La Eucaristía nos une y nos invita a preocuparnos por el hermano, a verlo como un miembro que está conmigo en el único Cuerpo del Señor.

    Por este motivo, hoy además de ser el domingo de la eucaristía es también el domingo de la caridad. Porque la eucaristía nos empuja a la caridad y sin caridad no podemos celebrar la eucaristía. 

    “Elige amar. Elige comunidad” es el lema de este día de la Caridad: tenemos que ver al Señor en el Santísimo Sacramento y tenemos que verle en el hermano que necesita de mí.

Abrir los ojos de la fe para la Eucaristía y abrir los ojos de la caridad para todo el que sufre por cualquier causa. Creando comunidades en las que nadie se sienta excluido, ocupándonos y preocupándonos de que en ninguna mesa falte el pan necesario, elegimos amar como la Eucaristía nos reclama.

lunes, 28 de julio de 2025

HORARIOS AGOSTO 2025

 XVIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 2 

20 H. VILLAOBISPO (Misa vespertina)

DOMINGO 3

11 H. VILLAMOROS

12 H. VILLARRODRIGO

12 H. ROBLEDO (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLANUEVA


XIX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 9 

20 H. VILLARRODRIGO (Misa vespertina)

DOMINGO 10

11 H. VILLAMOROS 

12 H. ROBLEDO 

13 H. VILLAOBISPO 

13 H. VILLANUEVA (Celebración de la Palabra)


XX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 16

18 H. VILLANUEVA (Misa vespertina)

DOMINGO 17

11 H. VILLAMOROS

12 H. ROBLEDO

12 H. VILLARRODRIGO (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLAOBISPO


XXI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 23

20 H. ROBLEDO (Misa vespertina)

DOMINGO 24

11 H. VILLANUEVA

12 H. VILLARRODRIGO 

12 H. VILLAMOROS (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLAOBISPO 


XXII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 30

20 H. VILLAMOROS (Misa vespertina)

DOMINGO 31

11 H. ROBLEDO

12 H. VILLARRODRIGO

13 H. VILLAOBISPO (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLANUEVA 


FIESTAS:

SAN ROQUE: SÁBADO 16 ROBLEDO (13 H.)


lunes, 30 de junio de 2025

SAN PELAYO MÁRTIR. VILLANUEVA 2025

 

Señor primer teniente de alcalde, concejala, presidente de la Junta Vecinal de Villanueva, feligreses y vecinos.

Nos congregamos un año más en este día de fiesta en honor de San Pelayo.

Es día de fiesta, en primer lugar, porque es el Domingo, el día de la resurrección de Jesucristo que nos congrega en la eucaristía para hablarnos con su Palabra de vida y alimentarnos con su Cuerpo y Sangre, alimento y bebida de salvación.

Pero, además, porque celebramos la memoria trasladada de este santo tan querido que ejerce su patrocinio sobre nuestro pueblo de Villanueva del Árbol y su parroquia: San Pelayo.

Conocemos su historia. En el tiempo tan duro de las luchas entre reinos cristianos y taifas musulmanas en el territorio español, el aún niño Pelayo es capturado con diez años tras una derrota de las tropas cristianas y trasladado con un gran número de prisioneros a las cárceles del califa de Córdoba. Su tío era Ermogio, el obispo de Tuy, en Galicia.

Aunque intentó reunir la suma del rescate que le pedían por su sobrino Pelayo no lo consiguió y el niño pasó preso tres años. A la edad de trece años, el califa tuvo noticias de la belleza e inteligencia del joven prisionero cristiano y ordenó que lo vistieran con ropas lujosas y lo llevasen a su presencia.

Allí trató de conquistarlo prometiéndole los lujos de la corte califal si abjuraba de su fe cristiana, pero no lo consiguió. Más bien recibió reproches por parte del chico que recibiendo una fortaleza que no podía venir sino de Dios, le dijo claramente: Si, oh rey, soy cristiano. Lo he sido y lo seré por la gracia de Dios. Todas tus riquezas no valen nada. No pienses que por cosas tan pasajeras voy a renegar de Cristo, que es mi Señor y tuyo aunque no lo quieras".

Durante varios días siguió asediándole, bien con promesas bien con amenazas. Pero nada consiguió de él porque el joven san Pelayo era como una roca anclada firmemente en Cristo, del cual no quería separarse aún a riesgo de perder su vida.

Al fin, enfurecido, ordenó su tortura y ejecución desmembrándolo con tenazas de hierro y mandó que sus miembros fueran arrojados al rio para que los cristianos no pudieran recoger su cuerpo y darle sepultura como a un mártir, testigo de la fe.

Todo ello lo tenemos muy bien representado en los dibujos de nuestro retablo principal.

Nos separan muchos siglos de aquellos acontecimientos, que nos describen la dureza de la persecución religiosa que, tristemente, tantas veces se ha repetido en nuestra historia. Y que sigue ocurriendo para muchos hermanos nuestros en la fe, a día de hoy, en tantos países del mundo.

Las lecturas que hemos escuchado nos ayudan a comprender mejor el martirio de san Pelayo que hoy celebramos.

En la primera lectura, del segundo libro de los Macabeos, aparece también una persecución contra los creyentes de Israel ordenada por el rey Antíoco. Este rey, que aparece en la memoria de Israel como un rey perverso y enemigo de la fe, quiso que los israelitas se asemejasen a los otros pueblos renunciando a vivir según la Ley de Dios, abandonando la circuncisión y el resto de normas, obligándoles a comer alimentos que consideraban impuros.

Pero, aunque muchos lo aceptaron para no ser perseguidos, hubo quienes se resistieron a ello. Eso describe el pasaje que hemos escuchado: una madre que anima a sus hijos a resistir, a conservar se fe antes que la vida, como hizo san Pelayo.

Lo hacía confiando en la vida eterna que espera a los que permanecen fieles. “No temas a este verdugo, muéstrate más bien digno de tus hermanos y acepta la muerte, para que yo vuelva a encontrarte con ellos en el tiempo de la misericordia”.

Realmente es un testimonio sobrecogedor de fortaleza y de fe profunda. Esos mártires estaban convencidos de que nuestra patria definitiva no está en este mundo, que pasa, sino en la eternidad junto a Dios. Antes perder esta vida que perder la vida eterna.

Con san Pelayo y con todos esos mártires hemos dicho con el salmo: Pongo mi vida en tus manos, Señor.

Aquellos mártires macabeos actuaban así movidos por la fe en Dios que les daba el Antiguo Testamento. Pero san Pablo, en la segunda lectura, ya nos habla de un motivo más de esperanza en la vida eterna: que Jesucristo ha muerto por nosotros. que ante Dios valemos tanto que ha entregado la vida de su hijo Jesús, muerto en la cruz para nuestra salvación.

Por eso, el apóstol dice: Si Dios está con nosotros, ¿Quién estará contra nosotros? Tengo la certeza de que ni muerte ni vida, ni ángeles ni principados, ni lo presente ni lo futuro, ni criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Las palabras del Señor en el evangelio que acabamos de escuchar son las que sostuvieron al joven san Pelayo en su martirio: No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.

Él declaro a Cristo como su salvador valientemente ante sus verdugos y Cristo lo declaró como su amigo y su hijo ante el Padre del cielo. Por eso hoy celebramos su martirio que, como decían los primeros cristianos, no fue el día de su muerte, sino de su nacimiento para el cielo.

De san Pelayo nos sigue inspirando su fe firme, su valentía y su confianza en Dios en medio de las dificultades. La fe no es algo que deba guardarse en lo profundo del corazón; está ahí, sí, pero también debe salir afuera y plasmarse en toda la vida. 

Como dijo el Señor: no se enciende una lámpara para guardarla debajo del celemín, sino para que alumbre a todos los de la casa. Y vosotros sois la sal y la luz del mundo.

Pidamos por su intercesión una fe más viva y activa, que ilumine nuestra vida de familia, de trabajo, de vecinos y que irradie ilusión y esperanza a todos.

Así sea.


martes, 24 de junio de 2025

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA. ROBLEDO 2025



Sr alcalde, Primer teniente de alcalde,  secretario representante de la Junta vecinal de Robledo, feligreses y hermanos todos:

La fiesta del nacimiento de san Juan Bautista nos vuelve a congregar. El árbol no se seca cuando tiene las raíces bien profundas, resiste fríos y sequias.

Y este árbol de la fe en nuestra parroquia y de la devoción al Bautista tiene unas raíces muy hondas, asentadas en los siglos de la historia de esta comunidad, que siguen dando vitalidad y que producen nuevos brotes, las nuevas generaciones de Robledo que, con ilusión, recogen las tradiciones de sus mayores y las dan nueva vida.

Igual que un árbol sin raíces se seca así le pasa a cualquier comunidad humana, sea una nación o sea un pueblo. Esto no lo digo yo por ser sacerdote, lo dice cualquiera que sea capaz de observar la realidad tal y como es. Recientemente he leído dos testimonios que lo certifican: el sociólogo español Higinio Marín dice que en la sociedad moderna al desaparecer el arraigo en las tradiciones crecen las adicciones. Y el filósofo coreano Byung-Chul Han, que ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, habla del valor de los rituales y las tradiciones para mantener sana y unida una sociedad.

Hoy esa tradición se hace viva al festejar la memoria de san Juan Bautista, de quien el mismo Cristo dijo que no hay un hombre nacido de mujer mayor que él.

Esa grandeza del Bautista la Iglesia la celebra festejando no solo su martirio como con los otros santos, el 29 de agosto, sino también su nacimiento en el día de hoy. Solo de Jesucristo, de la Virgen María y de Juan Bautista se celebra el nacimiento.

Hemos escuchado el relato en el evangelio. Juan nace de Isabel y Zacarías. No nace como Cristo de una mujer y del Espíritu Santo, pero su nacimiento es obra de Dios porque Isabel era anciana y humanamente ya no podía esperar descendencia. Zacarías es sacerdote del templo de Jerusalén y está oficiando su turno de sacrificios en el templo cuando recibe la noticia traída por un ángel de que Dios les concederá el anhelado hijo.

Zacarías no cree como María el anuncio del ángel y se queda mudo hasta su nacimiento. Es el silencio de Zacarías que incluso tiene que escribir el nombre que desea para el hijo en una tablilla. Poner el nombre al hijo era función del padre y significaba reconocerlo como de su descendencia; por eso María no escogió el nombre de Jesús para su hijo, sino que le fue manifestado porque su Padre Dios ya lo había escogido para él.

Juan es el hebreo Yehohanan que significa “Dios ha sido misericordioso”. Los nombres para el pueblo de Israel designan la misión que la persona ha de cumplir, no se eligen por simple gusto como entre nosotros.

Ya antes de nacer Juan será el primer profeta de Jesucristo como vemos en el relato de la Visitación de María a su prima santa Isabel. Aunque el niño aún se estaba formando en su seno, ya da saltos de gozo en el vientre reconociendo que está cerca del Salvador y de su Madre santísima.

Cumplió así lo que dice el profeta Isaías en la primera lectura de hoy: El Señor me llamó desde el vientre de mi madre; cuando aún estaba yo en el seno materno, él pronunció mi nombre.

Esa misión profética que comenzó desde su concepción la continuará hasta su martirio, preparando a las gentes para el Mesías esperado como voz que clama en el desierto, como luz que prepara a quien es la verdadera luz, Cristo, que dice de sí mismo: “Yo soy la luz, el que me sigue no camina en las tinieblas”.

De san Juan Bautista podemos aprender a ser testigos valientes de Jesucristo y de su Evangelio. Como san Pablo que, en la segunda lectura de hoy, anuncia a los judíos que la historia de la salvación se ha cumplido con Jesús y que ya no deben esperar otro salvador, porque Dios se ha hecho hombre y todas las promesas han tenido ya cumplimiento en él.

De san Juan Bautista podemos aprender también la humildad de hacer con alegría lo que nos toca hacer en favor de los demás, sin necesidad de brillar o de palmadas en la espalda. Cumplir la misión de cada uno cada día y hacerlo con esmero, con alegría, con la satisfacción de mejorar la vida a los que tenemos a nuestro lado.

Feliz fiesta de san Juan Bautista. Que esta raíz profunda no se seque nunca, que dejemos a los niños y jóvenes el testimonio de un pueblo y de una parroquia unidos, en el que cada uno es aceptado y respetado y, a pesar de las diferencias que podamos tener, anteponemos lo que nos une a lo que nos separa.


jueves, 19 de junio de 2025

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI (ciclo C)

 EUCARISTÍA Y CARIDAD


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Hoy es el domingo del Corpus Christi, del Cuerpo de Cristo, una fiesta que nació para defender, adorar y agradecer, la presencia verdadera de Jesucristo en la Eucaristía.

    Es una presencia permanente y única, como no se da en ningún otro lugar, con la que Cristo cumple la promesa que nos hizo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

    Es cierto que la eucaristía no es la única presencia del Salvador: también está en la palabra del Evangelio, en la comunidad que se reúne en su nombre, en los sacramentos, en cada uno de nosotros… Pero la presencia de Jesucristo en el sacramento del altar es realmente especial: porque está con su Cuerpo y con su Sangre, real y verdaderamente, aunque nuestros sentidos solo logren percibir un poco de pan y un poco de vino.

    Es algo que creemos y que vivimos por la fe. Sabemos que Él no puede engañarnos; si nos ha dicho en la Última Cena “Esto es mi Cuerpo” y “esta es mi sangre”, es porque realmente lo son.

    La Eucaristía es el mayor tesoro de la Iglesia y la fuente de la que brota todo lo que somos y hacemos como cristianos. Sin Eucaristía no hay Iglesia y, por ello, desde el comienzo las comunidades cristianas se reunieron en el nombre del Señor para repetir los gestos y las palabras de Jesús en la última cena pascual.

    San Pablo nos lo ha recordado en la segunda lectura de hoy: El Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomo pan, pronunció la acción de gracias y dijo… y después de cenar tomó el cáliz diciendo…

    Nos hizo un encargo: “Haced esto en memoria mía”. Nos pidió que siguiésemos reuniéndonos en su nombre, que fuésemos una comunidad de hermanos que se quieren y se cuidan, como sal y luz para el mundo. Y que partamos el pan y repartamos el vino, que son su Cuerpo y su Sangre. Al recibirle a él en la comunión, nos comprometemos a vivir como Él, a darnos a los demás como él lo hizo y lo hace.

    Este domingo del Corpus Christi nos recuerda la presencia de Jesucristo en la eucaristía con su Cuerpo y su Sangre. Pero también nos recuerda una presencia suya muy especial: en los pobres y los necesitados. Por eso hoy es un día muy señalado de Caridad.

    Los obispos españoles, en su mensaje para este día, nos dicen que comulgar con Jesús es comprometerse a ser pan partido y repartido para los hermanos. Somos pan partido y repartido cuando, como Jesús, pensamos más en las necesidades de los demás que en nuestro propio bienestar, y nos ponemos manos a la obra para ayudar, aliviar, acompañar.

    Es lo que hace Jesús en el evangelio que acabamos de escuchar, el relato de la multiplicación de los panes. Él mira y descubre el desvalimiento de aquella multitud: están en un descampado, no han comido ni tienen provisiones, se hace tarde para regresar a sus casas.

    Los discípulos piensan la solución más fácil para ellos “Despídelos y que vayan a buscar comida” o, dicho de otra manera, “Que cada cual se busque la vida”.

    Pero Jesús no les permite desentenderse de la necesidad de los hermanos y les manda “Dadles vosotros de comer”. Con lo poco que cada uno lleva, puesto en común, Jesús hace un milagro de solidaridad compartida.

    El pan se multiplica con su bendición, pero eso no hubiese sido posible si Jesús no les hubiese obligado primero a mirar el sufrimiento y la necesidad de los hermanos y a buscar una solución.

    El lema de la campaña de Caritas de este año dice “Mientras haya personas hay esperanza”. Mientras haya personas que aman, que ayudan, que comparten con generosidad, que se conmueven con el dolor y el sufrimiento de los demás, la esperanza es imposible que se pierda.

    El domingo del Corpus nos pide, como decían los Santos Padres, unir el sacramento del altar y el sacramento del hermano necesitado: Eucaristía y Caridad son inseparables.

 




viernes, 11 de abril de 2025

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR (ciclo C)

 ¡HOSSANA A NUESTRO REY!


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

“Cuarenta días caminando, hacia la Pascua de Jesús”. Así dice la canción que les enseñamos a los niños de nuestras catequesis y que cantan a pleno pulmón, con inocencia e ilusión. Ya hemos llegado casi al final este tiempo de renovación espiritual comunitaria y, con la celebración de hoy, entramos en la Semana Santa.

¿De verdad hemos hecho un camino o no hemos dado ni un paso desde que recibimos el signo de la ceniza? Cada uno debemos examinarnos y responder con realismo. Porque, lo que no podemos negar es que las celebraciones de la Iglesia y las lecturas de la Palabra de Dios de cada domingo, han sido un reclamo fuerte para nuestra conversión, una invitación continua a acoger el perdón y la misericordia de Dios, que nos llega por su Hijo Jesucristo.

Hoy escuchamos dos evangelios: el relato de la entrada de Jesús en Jerusalén, al comenzar la celebración con la procesión de los ramos, y el relato de la Pasión.

Jesús entra en Jerusalén acompañado de un cortejo festivo de gentes sencillas que llevaban ramos y palmas en sus manos. Le aclaman como rey porque entra en la ciudad santa como había entrado el rey David, a lomos de un borriquito. Los discípulos han visto todos los signos que ha realizado desde que salió de Nazaret y por eso le reconocen como su verdadero Rey.

Como decía Benedicto XVI, también nosotros hemos visto los prodigios que Cristo realiza ahora: “cómo lleva a hombres y mujeres a renunciar a las comodidades de su vida y ponerse totalmente al servicio de los que sufren; cómo da a hombres y mujeres la valentía para oponerse a la violencia y a la mentira, para difundir en el mundo la verdad; cómo induce a hombres y mujeres a hacer el bien a los demás, a suscitar la reconciliación donde había odio, a crear la paz donde reinaba la enemistad”.

Nuestra procesión ha sido una proclamación de que él es nuestro Rey, aquel de quien nos fiamos, en quien esperamos, al que seguimos.

El evangelio que hoy escuchamos en la misa es el relato de la Pasión de Jesucristo, que en este año está narrado por el evangelista Lucas. Volveremos a escuchar el relato de la pasión en la tarde del Viernes Santo, al celebrar los oficios de la muerte de Cristo.

No podemos vivir estos días santos, tan grandes, con rutina, como si fuesen una repetición, sin más, de lo que tantas veces hemos celebrado. No es una repetición de un acontecimiento del pasado, del que ya sabemos el desenlace; al celebrarlos se hacen presente de salvación.

De tal modo que, cuando celebro estos días santos con fe y amor, los revivo: entro con Jesús en Jerusalén con sus discípulos, me siento con los apóstoles en el cenáculo en la tarde del Jueves Santo, para que el Señor me dé el testimonio de amor y de servicio lavándonos los pies y regalándonos su presencia en la Eucaristía. Acompaño a Jesús subiendo al Gólgota para dar la vida en la cruz, contemplo su muerte y sepultura en el Viernes Santo. Y el Sábado Santo me acercó al sepulcro para comprobar que está vacío y que ha vencido la muerte y nos ha dado la vida eterna.

En definitiva, para vivir de verdad estos días, que son los más grandes y santos de nuestra fe, tendremos que apartar de nosotros, desde ya mismo, la rutina, la apatía, la indiferencia… y cambiarlas por una fe más viva y por la capacidad de sorprendernos y estremecernos.

No puedo ser un mero espectador de lo que ocurre en la Semana Santa, lo debo revivir con la celebración de la Iglesia. Porque la Muerte y Resurrección de Jesús, que es el misterio de amor más sublime, se hace actual y nuevo.

Tenemos la oportunidad de prepararnos aún a estos días santos con las celebraciones penitenciales que tendremos el lunes y martes santo. Celebrando la confesión sin miedos, con sencillez, con apertura, recibiremos el perdón del Padre que nos llega a través de la Iglesia y nos renueva, dándonos la capacidad de vivir el Santo Triduo con un corazón limpio y abierto.

 


miércoles, 19 de junio de 2024

DOMINGO XII TIEMPO ORDINARIO (B)

 ¿AÚN NO TENÉIS FE?


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

En las lecturas de este domingo aparece el mar, tanto en la primera lectura como en el evangelio. El mar, para los hebreos, simbolizaba las fuerzas más poderosas y aterradoras que el hombre no podía controlar; en el mar las fuerzas del hombre son nada. Sólo Dios, por ser su creador, puede dominarlo.

A Job, que disputaba con Yahvé Dios porque quería saber cuál era el sentido de sus sufrimientos, se le invita a mirar el mar con sus tormentas, su inmensidad y su fuerza. ¿Quién lo conoce y lo domina, sino su Creador? Se le invita a pensar en el mar y, contemplando su fuerza y todas las demás manifestaciones de la naturaleza, termina asumiendo que no puede comprender a Dios como a una criatura o a una cosa: Dios es mucho más de lo que podemos conocer de él, siempre desborda nuestro pobre entendimiento.

Hay muchas cosas que no podemos entender y que debemos asumir que no podremos entender del todo, por más vueltas que le demos. El mundo actual nos dice que podemos conocer y dominar todo, pero la revelación nos dice algo que no debemos olvidar: somos criaturas limitadas y sólo Dios es Dios. La historia de Job nos lo recuerda, porque Job es cualquier ser humano cuando se hace preguntas, algunas de ellas sin respuesta posible, y se encara con Dios.

Lo que sí podemos saber de Dios es que actúa en favor nuestro, que está ahí para calmar las tormentas del mal cuando le pedimos que nos ayude. Es la experiencia que refleja el salmo de ser salvados cuando es más necesario: “gritaron al Señor en su angustia y los arrancó de la tribulación. Apaciguó la tormenta en suave brisa y enmudecieron las olas del mar”.

A veces podemos dudar de que Dios actúe así en favor nuestro cuando más le necesitamos. Lo dudaron también los discípulos, que veían a Jesús dormido mientras la tormenta amenazaba con hundir la pobre barca en la que viajaban. Y se lo reprochan: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”.

Jesús duerme con paz porque está convencido totalmente de que su vida está en las manos del Padre Dios. Los discípulos no lo tienen claro y por eso están muertos de miedo y llenos de dudas. Nos recuerdan a nosotros cuando las noticias nos llenan de inseguridad, nos quitan la paz, enrarecen nuestras relaciones… 

Jesús calma la tormenta y les salva, pero se siente dolido por su cobardía y falta de fe, aun teniéndole a su lado: ¿Aún no tenéis fe?, ¿No sabéis que todo lo que os sucede es para vuestro bien y que hasta los cabellos de vuestra cabeza tenéis contados, sin que nadie pueda añadir ni un solo día a su vida?

¿Quién de nosotros no ha experimentado alguna vez en su vida algo así y ha dudado también? Pidamos al Señor en este domingo que nos aumente la fe, que más que ser la aceptación de una serie de verdades o el ejercicio de un culto, es una actitud de confianza permanente en Dios, sabiendo que nuestra vida siempre está y siempre estará en sus manos.

 

martes, 18 de junio de 2024

COMUNICADO DE LA DELEGACIÓN DIOCESANA DE MISIÓN SAMARITANA

Comunicado sobre Acogida y Hospitalidad hacia Personas Migrantes

León, 18 de junio de 2024

La Delegación de Misión Samaritana de la Diócesis de León, en sintonía con los valores cristianos y la encíclica “Fratelli Tutti” del Papa Francisco, desea compartir algunas reflexiones y fomentar prácticas positivas en relación con la acogida y la hospitalidad hacia las personas migrantes.

Expresamos nuestra preocupación por las reacciones de desconfianza y rechazo ante la próxima apertura del Centro de Atención a Personas Migrantes en el Chalet del Pozo de León el próximo 22 de junio. Instamos a superar recelos y a recibir a los migrantes con apertura y comprensión.

Recordamos que la convivencia con personas emigradas es una oportunidad para el enriquecimiento mutuo. Las personas migrantes no son un problema, sino portadoras de talentos y experiencias culturales valiosas.

Alentamos a no considerar al migrante como una amenaza, sino reconocer su dignidad como persona; superando los prejuicios que el desconocimiento, el miedo y la desinformación puedan provocar en nosotros

Asimismo, exhortamos a todos los cristianos de nuestra diócesis a escuchar nuevamente el mensaje de Jesucristo, que nos llama a ser agentes de hospitalidad, promotores de la cultura del cuidado y constructores de puentes entre aquellos que son diferentes. Igualmente, animamos a todos a trabajar por una cultura de la justicia a nivel global, donde nadie se vea forzado a emigrar de su tierra.

Invitamos a todos los agentes pastorales a destacar la contribución positiva de las personas emigradas al bien común de la sociedad, evitando actitudes racistas y aporofóbicas y fomentando la cultura del encuentro fraterno y la ayuda que dignifica.

Como dice el obispo de León en su carta quincenal titulada “Iglesia en León es hospitalidad”, volvamos «la mirada a las raíces cristianas, evangélicas y evangelizadoras de la hospitalidad, porque la Iglesia que peregrina en la diócesis de León quiere ser hospitalidad […] Seamos hospitalidad para acoger, proteger, promover e integrar al emigrante y al refugiado. Son los cuatro verbos que el papa Francisco propuso en 2018 como respuesta común a los desafíos de las migraciones contemporáneas».


* La Delegación de Misión Samaritana coordina las siguientes áreas pastorales de la Diócesis de León: Cáritas Diocesana, Manos Unidas, Obras Misionales Pontificias, Justicia Paz e Integridad de la Creación, Pastoral de Migraciones y Movilidad Humana, Pastoral de Minorías Étnicas, Pastoral de la Salud, Proyecto Repara León y Pastoral Penitenciaria.

martes, 28 de mayo de 2024

HORARIOS JUNIO 2024

 CORPUS CHRISTI
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
(Día y Colecta de Caritas)

DOMINGO 2

11 H. VILLAMOROS

12 H. VILLARRODRIGO 

12 H. ROBLEDO (Celebración de la Palabra)

13:20 H. VILLAOBISPO (Procesión con los niños de Primera Comunión)

13:20 H. VILLANUEVA (Celebración de la Palabra)


DOMINGO X TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 8 

20 H. VILLAOBISPO (Misa vespertina)

DOMINGO 9

11 H. VILLAMOROS

12 H. VILLARRODRIGO (Celebración de la Palabra)

12 H. ROBLEDO 

13 H. VILLANUEVA 


DOMINGO XI TIEMPO ORDINARIO 

SÁBADO 15 

19 H. ROBLEDO (Misa de Funeral)

DOMINGO 16

11 H. VILLAMOROS

12 H. ROBLEDO

12 H. VILLARRODRIGO

13 H. VILLANUEVA

13 H. VILLAOBISPO


DOMINGO XII TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 22 

20 H. VILLAMOROS (Misa vespertina)

DOMINGO 23

11 H. ROBLEDO

12 H. VILLARRODRIGO 

13 H. VILLAOBISPO 

13 H. VILLANUEVA (Celebración de la Palabra)


DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 29 

20 H. VILLARRODRIGO (Misa vespertina)

DOMINGO 30

11 H. VILLAMOROS

12 H. ROBLEDO

13 H. VILLAOBISPO (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLANUEVA (Fiesta de San Pelayo, patrono)


FIESTAS PARROQUIALES

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA: LUNES 24 ROBLEDO A LAS 12:30 HORAS

SAN PELAYO MÁRTIR: DOMINGO 30 VILLANUEVA A LAS 13 HORAS


sábado, 10 de febrero de 2024

"EL EFECTO SER HUMANO" (Carta del obispo de León)


Queridos hermanos y hermanas:

    Cabría esperar de todo ser humano un cuidado esmerado de la creación, comenzando por sus semejantes. Sin embargo, no siempre es así, como pone de manifiesto la Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas este año con el sugerente lema “El efecto ser humano”. La única especie capaz de cambiar el planeta lo hace provocando su degradación y consecuente destrucción. La casa común, la madre tierra, es don de Dios para que toda la humanidad viva dignamente y alcance su plenitud.

    El papa Francisco en su exhortación apostólica Laudate Deum, publicada hace unos meses, advierte «que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre» (LD 2). La falta de preocupación por la casa común es también desatención de los excluidos, descartados, hambrientos de nuestro mundo, y conlleva una grave complicidad con las guerras que nos asolan y causan más deterioro, desigualdades y hambre.

    Cualquiera de nosotros, si nos sentimos seguros, con recursos suficientes, libres de bombardeos y amenazas cercanas, podemos terminar mostrándonos insolidarios y cometiendo pecado de omisión, abandonando a hermanos y hermanas que necesitan nuestra ayuda. Y no sirve que tranquilicemos nuestra conciencia con un justo y necesario —ojalá que generoso— donativo, como hemos de hacer en esta Campaña Contra el Hambre en el mundo de Manos Unidas con la Jornada del domingo 11 de febrero y el gesto del Ayuno Voluntario el viernes anterior, día 9.

    Urge que tomemos mayor conciencia y hagamos lo necesario para que nuestro efecto en la tierra no sea devastador, sino cuidadoso y responsable en la protección de la casa común. Quizá tengamos que comenzar por superar la insistencia en restar importancia o despreciar la cuestión. El mundo necesita transformaciones profundas y duraderas por el bien del planeta y, por tanto, cambios en las rutinas despreocupadas de cada persona y de la sociedad. Es otra dimensión más del proceso de “caminar juntos”, sinodalmente, como queremos hacer en la Iglesia, buscando encuentros y procurando sinergias entre nosotros y con otros.

    Los cristianos creemos en Dios Creador y debemos trabajar para que el ser humano no usurpe su lugar, como pretende o pretendemos tantas veces. En el conocimiento y encuentro con Jesucristo descubrimos el amor de Dios por la humanidad expresado en las maravillas de la creación, en cuyo centro Dios ha situado al ser humano, enviando a su Hijo para la salvación de todos.

    El regalo del Creador clama por un cuidado responsable. Como gritan hermanos y hermanas que sufren las consecuencias de la desnutrición y el hambre, de la desigualdad climática, de la guerra, de las carencias educativas, de las enfermedades olvidadas…

    El mundo dañado y dolorido sigue necesitando la Buena Noticia de la salvación de Jesucristo con su oferta de cuidado, curación, paz, justicia, libertad y fraternidad universal. “Cuidar” y “curar” es lo que el Maestro nos invita a hacer a su modo, desde el amor del Padre y con el impulso del Espíritu Santo, compartiendo lo que somos y tenemos para que toda persona humana viva dignamente.

En el nombre del Señor Jesús, trabajemos por una humanidad sin pobreza, sin hambre, sin enfermedades, sin guerras ni desigualdades. Es consecuencia del seguimiento de Jesús de Nazaret, de la decisión de ser sus discípulos misioneros y nos acercará más al Reino de Dios.

Con mi afecto y bendición.

✠ Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Obispo de León 

viernes, 3 de noviembre de 2023

DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

 EL PRIMERO ES EL SERVIDOR DE TODOS


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    En este evangelio de hoy, Jesús no se dirige directamente a los escribas y fariseos, aunque sí hable de ellos, sino a la gente y a sus discípulos. Les previene con duras palabras contra ellos y su forma hipócrita de vivir. Pero nos equivocamos si queremos ver este evangelio sólo como una denuncia de Jesús a personajes ajenos a nosotros, que ya no existen.

    Si hacemos esto, el evangelio sería un testimonio fosilizado de algo que ya no tiene que ver con nosotros. Entonces ya no sería la Palabra viva que es, la que siempre nos enseña y siempre nos corrige.

    Lo que Jesús dice de aquellos maestros de la ley judía también nos advierte a nosotros para que no caigamos en sus mismos errores. ¿Cuáles son estos?

    Tienen enseñanzas muy buenas, pero su vida es muy distinta a estas. Es el pecado de la incoherencia, de la diferencia radical entre lo que creemos y lo que realmente vivimos en el día a día, entre lo que afirmamos dentro de la iglesia y lo que luego vivimos al salir de ella. ¿No es cierto que todos podemos tener algo de esto, que hay diferencia entre creer que el amor a Dios y al prójimo son lo esencial y luego practicarlo?

    Cargan pesados fardos a otros, pero luego no mueven un dedo para empujar. Es el pecado de pedir a los demás lo que nosotros no damos, de ver la paja en el ojo ajeno sin distinguir la viga en el propio. ¿No es cierto que a veces somos muy duros con los defectos ajenos y muy indulgentes y blandos con los defectos propios? ¿No ponemos más energía en corregir al otro que en auto-corregirnos?

    Hacen las cosas para ser vistos por la gente. Es el pecado de querer aparentar ser mejores, más buenos, más solidarios que otros. ¿No es cierto que si hacemos algo bueno queremos que se nos reconozca y nos enfadamos si no se tiene en cuenta?

    Como vemos, las palabras de Jesús también nos son útiles para hacer un buen examen de conciencia y para pedir perdón y conversión. No podemos quedarnos en pensar lo malos que eran aquellos fariseos, lo falsos e hipócritas que eran… con eso no basta.

    Jesús ha querido crear un grupo de amigos y discípulos, la Iglesia, en la que se vivan otros valores diferentes a los del mundo: los valores del Reino de Dios. En esta familia con valores nuevos, que tiene que ser sal y levadura para la transformación de la sociedad humana, hay un solo Padre Dios, por lo que todos somos hermanos, iguales en dignidad, y hay un solo maestro, Jesucristo y su Espíritu Santo, que nos enseña desde el corazón.

    Y el primero, el más importante, no es el que tiene a los demás a su servicio, sino el que, por amor, se pone al servicio de todos.

    Es un proyecto maravilloso, que siempre está por comenzar. ¿Podemos decir, acaso, que ya vivimos así? ¿O, más bien, tenemos que reconocer, que debemos renovar nuestras mentes y corazones para vivir según este proyecto de Jesús?

    San Pablo es testigo de las enseñanzas de Jesús para los cristianos de Tesalónica: se porta con delicadeza y cariño de madre con ellos, a pesar de que podía tratarles con la autoridad del apóstol. No solo les entrega el evangelio, sino que se da él mismo por entero, no quiere aprovecharse de nadie, sino ser el servidor bueno de todos.

    Si todos nos decidiéramos a actuar así, nuestras comunidades cristianas serían un faro de luz para nuestro mundo, y dirían de nosotros como de los primeros cristianos: “Mirad como se quieren”.

 

sábado, 28 de octubre de 2023

HORARIOS NOVIEMBRE 2023

 

DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 4 (Misa vespertina)
18 H. VILLANUEVA

DOMINGO 5
11 H. VILLAMOROS
12 H. VILLARRODRIGO 
12 H. ROBLEDO (Celebración de la Palabra)
13 H. VILLAOBISPO 


DOMINGO XXXII TIEMPO ORDINARIO


SÁBADO 11 (Misa vespertina)
18 H. ROBLEDO

DOMINGO 12
11 H. VILLAMOROS
12 H. VILLARRODRIGO
13 H. VILLANUEVA (Celebración de la Palabra)
13 H. VILLAOBISPO 


DOMINGO XXXIII TIEMPO ORDINARIO 


SÁBADO 18 (Misa vespertina)
18 H. VILLAMOROS

DOMINGO 19
11 H. VILLANUEVA
12 H. ROBLEDO
12 H. VILLARRODRIGO (Celebración de la Palabra)
13 H. VILLAOBISPO

DOMINGO XXXIV TIEMPO ORDINARIO


SÁBADO 25 (Misa vespertina)
18 H. VILLARRODRIGO

DOMINGO 26
11 H. VILLAMOROS
12 H. ROBLEDO 
13 H. VILLANUEVA 
13 H. VILLAOBISPO (Celebración de la Palabra)

martes, 5 de septiembre de 2023

DOMINGO XXIII TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

 YO ESTOY EN MEDIO DE ELLOS


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

Ya estamos cansados de oír que vivimos en una sociedad individualista. A veces, por contraste con el pasado, al menos los que tienen ya experiencia y años, dicen que hoy se han debilitado mucho las relaciones entre las personas, el sentido de grupo y de comunidad.

Esto que experimentamos en la vida social cotidiana, que “cada uno va a su bola” como solemos decir, pasa también en las familias y en las comunidades parroquiales.

Muchos católicos hoy quieren cumplir con el precepto de la misa dominical en sitios cambiantes, en los que nadie les conoce ni ellos conocen a nadie. Como si fuese posible vivir la fe sin una comunidad, como si fuese posible encontrarse con Dios prescindiendo del hermano…

Pues la palabra de Dios de este domingo nos invita a pensar en la responsabilidad que tenemos los unos para con los otros. Aunque a nadie nos gusta que los demás se metan en nuestras vidas, a veces hay que hacerlo, si es buscando el bien del hermano. Sí, de eso nos habla la Palabra hoy.

¿Para qué escoge Dios al profeta Ezequiel si no es para que hable y corrija a sus paisanos israelitas? Para el profeta sería mucho más fácil callar, subirse al carro, pasar inadvertido. Es mucho más fácil callar ante el pecado y el error del otro que intentar hacérselo ver. Pero Dios le dice al profeta que si calla se hace cómplice, y que la muerte que le trae el pecado traerá también su propia muerte. Y si le ayuda a salvarse, se salva también él.

¡Qué radicalmente distinto es esto de los eslóganes que nos repetimos para tranquilizar nuestras conciencias! “Allá cada cual”, “yo no soy quien para meterme en la vida de nadie”, “ya tengo bastante con lo mío”, y tantos otros.

Cuando decimos todo esto, estamos poniendo una separación neta entre mi vida y la vida de los demás, como si no estuviésemos todos interconectados y no fuéramos, en el fondo, dependientes los unos de los otros.

Jesús en el evangelio nos lo deja igual de claro al darnos estas instrucciones sobre la corrección fraterna: corrige a tu hermano, primero tú solo, después con otros… no te desentiendas de su salvación, porque en ella está también en juego la tuya.

“Lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos” y “si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos” son dos frases del Señor que tenemos que tener muy presentes cuando nos venga la tentación de vivir la fe de forma individualista y sin comunidad. No es posible, la fe en Jesús no puede vivirse sin hermanos a los que querer y de los que preocuparse.

El Señor nos ha dejado, después de resucitar y ascender al Padre muchas formas de presencia entre nosotros: la Eucaristía, los sacramentos, su Palabra, los pobres… Pero una forma de estar entre nosotros, que no puede nunca faltar para que sean reales las otras formas, es su presencia en la comunidad de discípulos reunida en su nombre. “Donde dos o más se reúnen en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos”.

Es la Iglesia, que se concreta en la parroquia como comunidad de comunidades. Y la regla de vida para pertenecer a ella es el amor fraterno, en el que se condensan, y tienen su plenitud, todas las demás leyes, como nos ha recordado el apóstol Pablo.

lunes, 28 de agosto de 2023

HORARIOS SEPTIEMBRE 2023

 DOMINGO XXII TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 2 (Misa vespertina)

20 H. VILLAOBISPO 

DOMINGO 3

11 H. VILLAMOROS (Celebración de la Palabra)
12 H. VILLARRODRIGO (Celebración de la Palabra)
12 H. ROBLEDO (Misa)
13 H. VILLANUEVA (Misa)


DOMINGO XXIII TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 9 (Misa vespertina)

19 H. CANALEJA (Celebración de la Palabra)
20 H. ROBLEDO

DOMINGO 10

11 H. VILLAMOROS (Misa)
12 H. VILLARRODRIGO (Misa)
12 H. VILLANUEVA (Celebración de la Palabra)
13 H. VILLAOBISPO (Celebración de la Palabra)


DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO 

SÁBADO 16 (Misa vespertina)

20 H. VILLANUEVA

DOMINGO 17

11 H. VILLAMOROS (Celebración de la Palabra)
12 H. VILLARRODRIGO (Celebración de la Palabra)
12 H. ROBLEDO (Misa)
13 H. VILLAOBISPO (Misa)


DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO


SÁBADO 23 (Misa vespertina)

13 H. CANALEJA (Misa de Fiesta)
20 H. VILLAMOROS


DOMINGO 24

11 H. VILLANUEVA (Misa)
12 H. VILLARRODRIGO (Misa)
12 H. ROBLEDO (Celebración de la Palabra)
13 H. VILLAOBISPO (Misa)
13:50 H. CANALEJA (Misa de difuntos)


FIESTAS

VIERNES 8 (13 H.) VILLARRODRIGO: LA NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA

SÁBADO 9 (13 H.) MISA POR LOS DIFUNTOS


SÁBADO 23 (13 H.) CANALEJA: SANTOS COSME Y DAMIÁN

DOMINGO 24 (13:50 H.) MISA POR LOS DIFUNTOS


VIERNES 29 (13 H.) CASTRILLINO: SAN MIGUEL ARCÁNGEL

SÁBADO 30 (13 H.) MISA POR LOS DIFUNTOS


jueves, 1 de junio de 2023

HORARIOS JUNIO 2023

  DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

SÁBADO 3 (Misa vespertina)

20 H. VILLANUEVA

DOMINGO 4

11 H. VILLAMOROS

12 H. VILLARRODRIGO

12 H. ROBLEDO (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLAOBISPO


DOMINGO DEL CORPUS CHRISTI

SÁBADO 10 (Misa vespertina)  

20 H. VILLAMOROS


DOMINGO 11


11 H. ROBLEDO

12 H. VILLARRODRIGO

13 H. VILLANUEVA (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLAOBISPO


DOMINGO XI TIEMPO ORDINARIO 

 SÁBADO 17 (Misa vespertina)

20 H. VILLARRODRIGO



DOMINGO 18

11 H. VILLAMOROS

12 H. ROBLEDO 

13 H. VILLANUEVA

13 H. VILLAOBISPO (Celebración de la Palabra)


DOMINGO XII TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 24 

13:15 H. ROBLEDO (Fiesta de San Juan Bautista)

20 H. VILLAOBISPO (Misa vespertina)


DOMINGO 25

11 H. VILLAMOROS

12 H. VILLARRODRIGO (Celebración de la Palabra)

12 H. ROBLEDO

13 H. VILLANUEVA (Fiesta de San Pelayo mártir)





viernes, 14 de abril de 2023

DOMINGO II DE PASCUA (CICLO A)

 PAZ A VOSOTROS

COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

La Pascua de resurrección del Señor es un acontecimiento tan importante para nuestra fe cristiana que no puede quedar reducida a un solo día de celebración. Realmente es el acontecimiento central, el que da sentido a todo lo demás que somos, creemos y practicamos. Cada domingo es una Pascua semanal, es el día de la resurrección del Señor.

Estamos dentro de la Cincuentena Pascual, que llegará hasta la fiesta del Espíritu Santo en Pentecostés, y es bueno que nos sigamos deseando unos a otros: ¡Feliz Pascua!

En la Iglesia de los primeros siglos, los que habían sido bautizados en la Vigilia Pascual seguían vistiendo durante estos cincuenta días con su túnica blanca, signo de la pureza y el perdón de los pecados, y de la dignidad de hijos de Dios que habían recibido. Nosotros también hemos renovado nuestro bautismo en esa noche santa.

En este domingo segundo, el evangelio nos presenta una aparición del Señor resucitado a sus discípulos. Ocurre en el domingo, el día primero de la semana según el calendario judío, en el que el sábado era el día de descanso sagrado que cerraba la semana.

Los discípulos están escondidos, llenos de dudas y de miedos: ¿Qué será de ellos ahora que el Maestro no está?, ¿serán perseguidos como él?

Ya les han llegado las noticias del sepulcro vacío, que descubren primero María Magdalena y después Pedro y Juan, como escuchamos en el evangelio del domingo de Pascua. Pero esto no les basta para tener una certeza de algo tan desconcertante como la resurrección.

Les costó creer en la resurrección de aquel que han visto morir en la cruz, ser descendido de la cruz y sepultado. Ellos, como todos los hebreos, creían en una resurrección al final de la historia, pero no en la de alguien en particular, aunque Jesús se lo hubiese anunciado repetidas veces. No debe extrañarnos la reacción de Tomás que, aunque los demás discípulos le aseguren que han visto al Señor, quiere tocar las huellas de la pasión en su costado y en sus manos antes de estar seguro.

El Resucitado se presenta en medio de ellos y les saluda “Paz a vosotros”. No les reprocha su cobardía, ni que lo hayan negado y abandonado en las horas durísimas de su Pasión, sino que les saluda con el mismo amor de siempre y les desea la Paz, les trae la Paz que necesitan para sus corazones heridos y angustiados.

Sopla sobre ellos el aliento del Espíritu Santo que trae del Padre para que, con su fuerza, puedan continuar su misión. No olvidemos esto: somos sus discípulos para continuar su misión, para hacer en este mundo y en este tiempo que nos ha tocado vivir lo mismo que Él hizo: consolar, perdonar, alimentar, sanar… en definitiva, para amar hasta dar la vida.

La Iglesia, con todas sus instituciones, personas y recursos, está al servicio del Evangelio de Jesucristo, de su proyecto del Reino de Dios. Es esto, y solo esto, lo que debe dar sentido a lo que somos y hacemos.

Tomás tiene su oportunidad al domingo siguiente; de nuevo el Señor Resucitado se hace presente entre ellos, les trae la paz y se deja tocar por el incrédulo Tomás que pasa a reconocerle como su Dios y Señor.

A nosotros nos toca creer sin tocar ni ver. Por nosotros, y por los cristianos de todos los tiempos, dice el Resucitado esta bienaventuranza: Dichosos los que crean sin haber visto. Como también dice el apóstol Pedro: sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante.

Pero, aunque no toquemos al Resucitado físicamente ni podamos poner los dedos en sus llagas para creer, estamos rodeados de signos de su presencia. Basta con que miremos con fe ¿Cuáles son estos? Los que aparecen en la primera lectura, de los Hechos de los apóstoles, que describe la vida de la comunidad cristiana que surge de estas experiencias pascuales con el Resucitado: una comunidad que se conoce y que se quiere, que se reúne en el nombre del Señor para orar, para compartir la fe, que da testimonio de fe ante los demás, que comparte lo que tiene y vive la eucaristía dominical con alegría y sencillez de corazón.

Una comunidad así, una parroquia que sea así, es un testimonio para todos de que Jesús vive, de que ha resucitado y está con nosotros. A esa vida comunitaria es a la que todos debemos aspirar siempre, poniendo lo que cada uno es y puede al servicio de los demás. Y los que no conocen a Jesucristo podrán conocerlo por nuestra forma de vivir

DOMINGO XXVII TIEMPO ORDINARIO (ciclo A)

¿QUÉ MÁS PODÍA HACER YO POR MI VIÑA QUE NO HUBIERA HECHO? COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA      En este domingo hay una imagen que se re...