DADLE A DIOS LO QUE ES DE DIOS
Las
parábolas que Jesús dirige a las autoridades religiosas de Israel, y que hemos
escuchado en los tres domingos anteriores, son mensajes fuertes, poderosas llamadas
de atención que no les dejaron indiferentes: los dos hijos, los viñadores
malvados y el banquete rechazado.
Jesús
al hablarles así, a ellos cuya autoridad moral y política nadie se atrevía a
cuestionar, pone en crisis el sistema religioso-político que les sostenía y
beneficiaba. Lo hace para invitarles a la conversión, abriéndose a la novedad
del Reino que con él comienza. Jesús no da a nadie por perdido, ni siquiera a
aquellos que parecían más cerrados a sus palabras de vida.
Las
crisis no son necesariamente malas, porque pueden remover y transformar
situaciones que no son buenas. Cuando Jesús dice “No he venido a traer paz,
sino división”, se está refiriendo a esto precisamente. Hay situaciones de
injusticia, de opresión, de muerte, que deben ser puestas en crisis si se
quiere que surja algo nuevo y mejor.
También
los cristianos deberíamos ser una fuerza en el mundo que ponga en crisis
situaciones que, no por ser normales, son buenas. Pensemos, como ejemplo, en la
terrible desigualdad de nuestro mundo, en el que millones de personas no tienen
lo mínimo para vivir mientras en nuestro mundo desarrollado se destruyen
alimentos en stock para que no decaigan los precios.
Avanza
mucho el desarrollo de la Inteligencia Artificial, pero parece que retrocede cada día la
compasión y la sensibilidad ante el sufrimiento de los otros, la Inteligencia
Emocional.
¿Porque
algo sea normal significa que sea justo? ¿No deben ser puestas en crisis muchas situaciones
habituales si queremos un mundo según la voluntad de Dios?
Hoy
que celebramos el domingo misionero del DOMUND tenemos muy presentes a nuestros
misioneros. Si ellos y ellas se conformaran con cómo está nuestro mundo se
quedarían en sus casas, disfrutando de comodidades y sin exponer su vida. Pero
el evangelio les ha hecho ir allí donde el Señor no es conocido o donde las
condiciones de vida de las personas tienen que ser dignificadas.
El
lema de este año, “Uno en Cristo, unidos en la misión”, nos recuerda que los
misioneros no hacen lo que hacen por simple altruismo, tienen una motivación de
fe más profunda: quieren ser un signo de Cristo participando de su misión: transformar
este mundo según el evangelio.
Jesús,
cumpliendo la voluntad del Padre, trae un mensaje que pone en tela de juicio lo que es injusto. Los fariseos y los herodianos, aunque eran enemigos entre ellos, hacen
frente común contra Jesús.
Le
tienden una trampa de la que no parece sencillo que salga bien: si contesta
que se debe pagar el tributo al emperador opresor del pueblo le acusarán de colaborar
con los que explotan, pero si contesta que no se debe pagar, le acusarán de
enemigo del orden y revolucionario peligroso.
La
respuesta de Jesús surge de la sabiduría de Dios. “A Dios lo que es de Dios y
al César lo que es del César”.
¿Qué imagen lleva grabada la moneda? La del emperador, luego dádsela a él, que deberá responder ante Dios, como todo gobernante, por lo que haya hecho con el pueblo al que debe servir.
Ciro, el rey de Persia, que aparece en la primera
lectura, sin ser israelita era un rey justo, que permitió la vuelta de los
exiliados y fue humano con ellos; por eso se le llama Ungido, que es lo que
significa Mesías. Hay gobernantes buenos y malos; oremos por todos, para que
desempeñen rectamente su misión por la cual deberán responder ante el Juez
justo.
¿Qué
imagen lleva cada hombre y mujer impresa? La imagen de Dios, porque dice el
relato del Génesis que estamos creados a su imagen y semejanza. Luego cada uno
de nosotros se debe a Dios y a nadie más.
No
somos propiedad de nada ni de nadie, le pertenecemos solamente a Dios. ¿Le doy
a Dios lo que es de Dios? Es decir, ¿me doy a mí mismo, viviendo como hijo o
hija suyo, libre y digno?
¿O
sirvo a otros diosecillos falsos, como la ambición, las ideas políticas, los
bienes materiales, que me quitan la libertad y la dignidad?
De
la palabra de Dios de este domingo surgen enseñanzas importantes, como cada
domingo:
No
podemos ser conformistas con las situaciones que no están bien a nuestro
alrededor y que no son según el evangelio. Como Jesús debemos ser profetas,
testigos de otro modo diferente de vivir, aunque nos parezca que nada va a
cambiar.
Vivimos
en el mundo y vivimos en la sociedad; si alguien está obligado a ser honrados,
leales, rectos, buenos ciudadanos somos los discípulos de Jesús: dad al César
lo que sea del César.
Llevamos
la imagen de Dios impresa en nosotros y, por eso, nos debemos por completo a
Dios. A Dios no le podemos dar las migajas de nuestro tiempo, lo que nos sobra
de amor y de atención. “Amarás a Dios sobre todo” es el primero de los
mandamientos, y este evangelio también nos lo recuerda.





