MARÍA CONSERVABA TODAS ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN
Hoy
es el primer día del nuevo año. Nos hemos deseado desde hace días, y
especialmente ayer, “Feliz año nuevo”. Ojalá que no lo digamos como una palabra
más, sino de corazón, deseando lo mejor al hermano.
Al
comenzar este tiempo nuevo, los cristianos queremos pedir la bendición de Dios
sobre nosotros: “El Señor te bendiga y te guarde. El Señor ilumine su rostro
sobre ti y te sea propicio. El Señor te muestre su rostro y te conceda la
paz”. Es la bendición que hacían los sacerdotes
israelitas sobre el pueblo en las grandes fiestas.
¿Qué
podemos desearnos mejor que esto? Que el Señor esté con nosotros a lo largo de
este año 2026, que no sabemos qué nos deparará, pero sí sabemos que todo
formará parte de su plan salvador. Que el Señor nos bendiga y nos guarde a todos.
Queremos
poner, también, este nuevo año bajo el amparo de nuestra Madre del Cielo. Por
eso el 1 de enero celebramos la solemnidad de santa María, Madre de Dios. Es el
primer título de la Virgen María, del que derivan todos los demás que decimos
de ella. María es la mujer escogida por Dios, preservada de todo pecado, para
ser la madre del Salvador, del mismo Dios hecho hombre, Jesús.
Sin
su aceptación generosa del plan de Dios, sin su donación total y sin reservas,
Dios no hubiera podido realizar la salvación por medio de su Hijo, hecho
semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, para que nosotros seamos
también hijos amados de Dios.
El
evangelio de hoy nos presenta a María en el portal de Belén, junto a su esposo
bueno José. Allí reciben la visita de los pastores, los más humildes, los
únicos que han tenido el corazón abierto para recibir la noticia del nacimiento
del Emmanuel. María no se guarda egoístamente a su hijo, sino que recibe con
alegría a cuantos llegan a verle y a adorarle. Les quiere hacer partícipes de
la Buena Noticia, para que todos puedan llenarse de la misma alegría y emoción
que tienen ella y san José.
Y
dice el evangelista que María conservaba todas estas cosas en su corazón y las
meditaba: el anuncio del Ángel, la generosidad de su esposo José, el rechazo de
las casas cerradas en Belén, la pobreza extrema del pesebre, la visita de los
pastores y los Magos… tantas cosas que meditar en su corazón de madre y de
creyente… pidámosle al Señor, para este año que comienza, un corazón como el de
María, que sabe meditar los acontecimientos, descubriendo en lo que ocurre la
acción de Dios.
Porque
si vivimos sin reflexionar, sin rezar, sin un poco de profundidad e
interioridad, la vida será solo una serie de acontecimientos que no nos dicen nada
de Dios. Vivimos porque van pasando los días y los meses… pero la vida ha de
ser mucho más que eso.
Hay
un último motivo en esta celebración de hoy. Además de pedir la bendición de
Dios para un nuevo año, además de dar gracias a Dios por el regalo de la Virgen
María Madre de Dios, que está siempre con nosotros, también es hoy la Jornada
de la Paz.
Vivíamos
muy tranquilos, aunque sabíamos que en muchas partes del mundo hay guerras que
desde hace años causan mucho sufrimiento a inocentes… pero las teníamos lejos. Desde
hace tres años la guerra se ha acercado hasta nuestras fronteras cercanas, en
el mismo continente europeo, y hemos caído en la cuenta, de golpe, que la paz
es un bien muy escaso y amenazado en este mundo.
Ojalá
pudiéramos acabar con las guerras del mundo, pero no está en nuestra mano. Hay
demasiados intereses, demasiada codicia, demasiados engaños, que no entendemos
y que nos superan. Pero sí podemos ser más pacíficos, más constructores de la
paz a nuestro alrededor: si no respondo con una palabra hiriente, construyo la
paz, si soy justo en mi relación con los demás, construyo la paz, si busco la
armonía en casa, aunque tenga que ceder, construyo la paz, si no hiero con la
lengua o con los gestos, construyo la paz.
Todos
tenemos parte de responsabilidad en que este mundo sea más pacífico o más
agresivo. Con la bendición de Dios pidamos un nuevo año de Paz, y trabajemos
todos juntos por ella.
Feliz
Año Nuevo.

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