jueves, 22 de enero de 2026

TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (ciclo A). DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

 DEJARON LAS REDES Y LO SIGUIERON


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    En este domingo tercero del tiempo ordinario, la Iglesia celebra, ya desde el año 2019, el Domingo de la Palabra de Dios. Es verdad que todos los domingos son domingos de la Palabra, porque es cuando el Señor Resucitado nos convoca para que le escuchemos en comunidad. Hay una expresión muy bonita: en la Eucaristía nos sentamos en torno a dos mesas de las que nos alimentamos: la de la Palabra y la del Pan de la Vida.

    El Papa Francisco pidió que tuviésemos un domingo especialmente dedicado a la Palabra porque necesitamos caer en la cuenta de la importancia que tiene para nosotros ser verdaderos oyentes de la Palabra. No basta con estar en misa, o en la celebración dominical en espera de sacerdote, y escuchar de fondo las lecturas del día mientras pensamos en otra cosa…

    Repetimos mecánicamente “Te alabamos Señor” cuando el lector dice “Palabra de Dios”. Pero, ¿he dejado que esa Palabra de Dios, como palabra viva que es, entre de verdad en mi mente y en mi corazón? ¿La he prestado la atención que se merece? Porque si no lo hago, sería como en aquella parábola: la mejor semilla no encuentra tierra buena en la que germinar, se queda caída al borde del camino en tierra dura y seca.

    El evangelio que hemos escuchado nos presenta los comienzos de la vida pública de Jesucristo, después del testimonio que nos dio Juan Bautista sobre él en el domingo pasado. No elige un lugar fácil para comenzar la misión, sino Galilea, la que llamaban despectivamente los judíos más puros “la Galilea de los gentiles”. Allí se mezclaban religiones e ideas en confusión, costumbres, supersticiones y también corrupciones morales.

    Allí quiere comenzar Jesús su misión con una predicación muy sencilla y parecida a la del Bautista: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Convertíos, cambiad vuestro corazón, aceptad de una vez que necesitáis el perdón y la luz de Dios para ser felices.

    Muchos no hubieran querido predicar en la pagana Galilea de los gentiles, pero Jesús ve en ella a muchos que caminan en tinieblas y necesitan luz, como dijo el profeta Isaías, a muchos que viven en desesperanza y muerte y necesitan que se les anuncie una Buena Noticia liberadora.

    Igual que hoy… muchos católicos terminamos creyendo que el mensaje de la fe no lo va a escuchar nadie, que no lo quieren, que ya no lo reciben, y dejamos de anunciarlo. Y, por culpa de nuestros miedos, muchas personas que lo necesitan, aunque no lo sepan, no lo oyen y se quedan en su tristeza, desesperación y tiniebla.

    Jesús quiere contar, desde el principio de su misión, con colaboradores: llama a los pescadores y les pide ser, con él, pescadores de hombres, testigos, anunciadores, misioneros.

    No pensemos que esta llamada es solo para unos pocos. Es para cada uno de nosotros, invitados a ser, donde estemos, sembradores de la Palabra que trae la Buena Noticia. Pero para poder comunicarla debemos primero estar habitados por la Palabra: “La Palabra de Cristo habite en vosotros” es el lema escogido para la jornada.

    Además de esto, para dar un testimonio convincente debemos superar divisiones, estar unidos. Se lo pide el apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto: “Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya división entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir”:

    ¿Por qué nos fijamos más en lo que nos separa, en las diferencias del otro, que en lo que nos une? Esto nos pasa, tantas veces, en lo social, en lo político y hasta, peor aún, en la Iglesia. De aquí vienen las diferencias y enfrentamientos que nos han separado, a lo largo de los siglos, a los cristianos.

    Esta semana hemos estado rezando por la unidad de los cristianos, para que lleguemos a ser un solo pueblo los que creemos en él. Tengamos presente esta intención y comprometámonos a ser constructores de puentes y de unidad.

jueves, 15 de enero de 2026

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (ciclo A)

 ESTE ES EL CORDERO DE DIOS QUE BAUTIZA CON ESPÍRITU SANTO


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

El domingo pasado cerrábamos el ciclo de la Navidad con la celebración del Bautismo del Señor. En el rio Jordán la voz del Padre proclama a Jesús como el Hijo amado, en el que se complace, y el Espíritu Santo desciende sobre él en forma de paloma.

Así queda claro para los hombres que aquel que ha vivido los treinta años de vida oculta en Nazaret, como uno más, es realmente el Mesías anunciado por los profetas que trae al mundo el reinado de Dios y la salvación.

El tiempo ordinario que ahora hemos empezado, hoy estamos en el segundo domingo, es el tiempo más largo del año litúrgico cristiano. Iremos acompañando al Señor como sus discípulos, domingo tras domingo, aprendiendo de él, escuchándole, empapándonos de su Evangelio. Así caminaremos juntos hasta que lleguemos a la Pascua para celebrar su pasión, muerte y resurrección, preparados antes por los cuarenta días de la Cuaresma.

El evangelio de hoy lo podemos entender como una continuación del evangelio del domingo del Bautismo: Juan Bautista ha quedado profundamente conmocionado por lo que ha visto y oído al bautizar a Jesús.

Por eso da un testimonio convencido de él; ya no bautiza para preparar los caminos al Mesías de Dios porque ahora tiene claro que este ya ha llegado: es Jesús de Nazaret.

Todo el evangelio que acabamos de escuchar es una confesión de la fe de Juan Bautista en Jesús. Comienza llamándole el “Cordero de Dios”. A nosotros, como cristianos, esta expresión referida a Jesucristo nos resulta muy familiar, porque en la la repetimos hasta tres veces: en el Gloria, cuando decimos “Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre”, en la fracción del pan antes de comulgar “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo” y cuando el sacerdote nos presenta la Sagrada Eucaristía ya partida: “este es el Cordero de Dios”.

¿Por qué llamamos a Jesús cordero? Juan Bautista lo tiene claro y sus oyentes, que eran judíos, también lo entendieron muy bien al oírlo. El cordero es la víctima que se ofrece y se come en la Pascua hebrea, recordando aquel cuya sangre se puso en las puertas de los judíos para evitar la muerte de los primogénitos. Ese acontecimiento fue el decisivo para que Israel pudiera salir de la esclavitud de Egipto a la libertad, guiados por Moisés.

Desde entonces, en cada Pascua, un cordero inocente, que carga con los pecados de su pueblo, es sacrificado y su carne es comida en un banquete que crea comunión entre los comensales y de estos con Dios.

Está bien claro porque podemos llamar a Jesús Cordero de Dios: él se da en sacrificio de amor, muere libremente por nosotros para evitar nuestra muerte eterna, y se hace alimento, que se deja comer en el banquete de la eucaristía para crear comunión. Cada eucaristía es, al mismo tiempo, un sacrificio del Cordero de Dios que es Cristo y un banquete pascual del Pan de vida eterna, que es su Cuerpo.

Verdaderamente, las características que vemos en un cordero, como animal pacífico, inocente, hermoso, las tiene el Señor Jesús, que pasó por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo.

Pero Juan dice todavía más: Cristo es el que bautiza con Espíritu Santo. Puede hacerlo porque Él, como Hijo amado del Padre, está lleno del Espíritu, es el Mesías, que significa el Ungido.

Nosotros hemos recibido un bautismo mejor que el de Juan, hemos recibido el bautismo de Jesús, que es el bautismo con Espíritu Santo, el que hace de nosotros miembros de la Iglesia de Jesucristo.

¡Qué maravilla! El mismo Espíritu que se ha derramado sobre Jesús, se ha derramado sobre nosotros al ser bautizados. Y, por eso podemos llamar a Dios Padre, y por eso podemos, y debemos, hacer las mismas obras de Jesús.

Nuestra vocación de bautizados es la que anuncia el profeta Isaías en la primera lectura para el Mesías: “Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”.

Preguntémonos hoy: ¿Soy portador de la luz de Dios para los que tengo a mi alrededor?; ¿lo llevo también a las naciones, es decir, a los que no le conocen y, a causa de ello, viven sin ilusión ni esperanza?

Que la gracia y la paz de parte de Dios y de nuestro Señor Jesucristo nos acompañen durante toda la semana al salir del templo.

Feliz Domingo.

 


jueves, 8 de enero de 2026

BAUTISMO DEL SEÑOR (ciclo A)

 YO HE PUESTO MI ESPÍRITU SOBRE ÉL


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor, en el segundo domingo de enero, con la que se cierra el tiempo de Navidad.

En la Navidad y la Epifanía hemos celebrado el acontecimiento que cambia la historia de los hombres con Dios: Dios ha hecho una opción por nuestra humanidad, por cada uno de nosotros, y ha venido a compartir nuestra vida como el Emmanuel (que significa Dios con nosotros).

Después de los relatos de la infancia y del episodio de Jesús adolescente extraviado voluntariamente en el templo, los evangelios no nos dicen nada más de lo ocurrido.

Son casi treinta años de vida oculta y silenciosa en el pueblo de Nazaret… ¿qué hace Jesús en todo ese tiempo? Vivir como uno más, una vida sencilla y anónima, trabajar en el taller familiar, ir a la sinagoga, convivir. Esto es lo que ocurre en lo externo y visible, pero, ¿y en lo interior e invisible? Jesús va madurando como hombre su conciencia de ser el Hijo enviado, el que debe cumplir hasta el final la voluntad de su Padre del cielo.

El bautismo de Juan en el Jordán será el momento decisivo de comenzar la misión. Resulta llamativo que Jesús, que no tiene pecado alguno, que es precisamente el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, como le llamará Juan, quiera recibir este bautismo de conversión.

Por eso Juan no quiere bautizarlo y se resiste a hacerlo: “Soy yo el que necesito que tú me bautices y ¿tú acudes a mí?”. Pero Jesús le insiste, es necesario para que se cumpla toda justicia. ¿A qué se refiere el Señor Jesús?

Por un lado, al ponerse en la cola de los penitentes que piden el bautismo de Juan, Jesús está expresando desde el comienzo de su vida pública cuál es su misión: es el pastor que viene a buscar la oveja más perdida, es el médico que necesitan los enfermos.

Él no necesita el bautismo purificador de Juan, pero va a compartir la vida de los que buscan perdón y sanación, aunque eso le suponga ser llamado despectivamente “amigo de publicanos y pecadores” o “impuro”.

Por otro lado, el bautismo será la ocasión para que Dios Padre manifieste que Jesús es su Hijo amado, al que hay que escuchar, y derrame sobre él el Espíritu Santo, lo unja para que pase haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios está con él.

Jesús, después de recibir esta efusión del Espíritu, comienza la misión del Reino. Lo hace con el estilo que debía tener el enviado por Dios, según el profeta Isaías: sin gritar, ni clamar por las calles, con suavidad y amabilidad, invitando a todos a acercarse al amor de Dios.

Sin cascar la caña quebrada ni apagar el pábilo vacilante, valorando lo poco de bueno que cada uno pueda tener, la monedita de la viuda, la semilla pequeña, la levadura… este es el estilo de Jesús de Nazaret.

En este día del Bautismo del Señor, también pensamos en nuestro propio bautismo. Nosotros no hemos recibido el bautismo de Juan, sino uno infinitamente mejor, que aquel solamente anunciaba: el bautismo en el Espíritu Santo, el bautismo de Jesús.

Hemos sido hechos hijos en el Hijo, y somos amados con el mismo amor con el que el Padre ama a su Unigénito. Tenemos el don del Espíritu Santo, que va actuando en nosotros, que nos va transformando lentamente y desde dentro, que nos hace llamar a Dios Abbá-Padre.

Nunca agradeceremos lo suficiente el regalo del bautismo cristiano, el mayor tesoro que se nos ha podido confiar. Pero, como todo gran don, conlleva una gran responsabilidad: la de vivir como Hijos de Dios, al estilo de Jesús, según su Evangelio.

Que lo vivido durante este tiempo gozoso de la Navidad que hoy termina, nos ayude a vivir según nuestra vocación de bautizados.

lunes, 5 de enero de 2026

EPIFANÍA DEL SEÑOR (ciclo A)

 HEMOS VISTO SALIR SU ESTRELLA Y VENIMOS A ADORARLO


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    La encarnación del Hijo de Dios es una realidad tan grande, que necesitamos de todos estos días de la Navidad para poder ir asimilándola y profundizando en ella, aunque siempre nos desbordará.

    Hoy celebramos su Epifanía, es decir, su manifestación a las naciones paganas de la tierra, representadas en aquellos misteriosos magos llegados desde tierras lejanas del Oriente. Toda la Navidad es una constante manifestación (epifanía) del plan salvador de Dios. A los primeros a los que se les manifiesta es a María y a José que, por medio de los enviados de Dios, los ángeles, reciben el anuncio de lo que Dios quiere realizar a través de ellos: la redención de los hombres.

    Después es manifestado a los pastores que velaban al raso sus rebaños: son los últimos entre los últimos, los que tenían que dormir al raso, entre el ganado, cuidando las propiedades de otros. Ellos son los pobres que primero abren su corazón a la noticia del Emmanuel, precisamente porque en su vida dura son los que más necesitan una noticia así.

    Pero la manifestación llega también más allá de las fronteras de Israel, hasta el Oriente, a las naciones de gentiles que no compartían la fe hebrea, pero sí sus esperanzas en una presencia salvadora de Dios para una humanidad que sufre.

    ¿Quiénes son estos personajes del Oriente? Poco nos dicen los evangelios: son magos, un término que en la Biblia aparece, con frecuencia, relacionado con la sabiduría. Pueden ser sabios persas que conocen las Escrituras, las profecías sobre el rey de los judíos que habría de nacer en la ciudad de David, Belén, y que escrutan los cielos en busca de movimientos de los astros.

    Según la mentalidad oriental, el nacimiento de un gran personaje debía ser anunciado por el surgimiento en el cielo de su estrella: ellos la vieron y se pusieron en camino.

    El relato subraya un contraste fuerte entre la actitud de estos magos y la del rey Herodes con su corte de sabios y escribas. Estos sí que eran judíos, sí conocían las Escrituras, habrían visto también el brillo de la estrella… pero no se ponen en camino. No creen necesitar la redención, no quieren conocer la Buena Noticia que viene de Dios, porque ya están satisfechos en sus lujos y su poder….

    Herodes se inquieta, pero no con intención de adorar, sino por el miedo a perder su poder absoluto, por miedo a que llegue un rey legítimo que le destrone a él, el rey ilegítimo que no desciende de David.

    Los magos del Oriente no se espantan ante la pobreza de la escena: un niño acostado en un pesebre, con sus padres y algunos pastores como única compañía, no era un entorno digno de un rey. Pero la fe les hace ver más allá de lo que ven los ojos de la cara, se arrodillan y lo adoran. Le ofrecen tres regalos significativos, que son todo un programa que anuncia quien ese recién nacido: oro, el regalo de un rey, porque será rey del universo, incienso, el regalo de un dios, porque es el Hijo de Dios hecho hombre, mirra, con la que se amortajan los cuerpos, anunciando que será víctima y morirá para salvarnos.

    Esta escena de la adoración de los Magos, tantas veces representada en el arte, merece que la contemplemos con fe y admiración: unos personajes sabios, seguramente poderosos, hincan sus rodillas ante un recién nacido en el lugar más pobre, el último que alguien escogería para el nacimiento de un rey: un pesebre en una aldea remota. Pero su fe les dice que, quien está allí, es el Dios único y verdadero hecho carne, hecho hombre.

    La encarnación del Señor, que es el cimiento de nuestra fe, y que celebramos durante toda la Navidad, no se puede entender sin humildad, sin ponerse de rodillas para adorar y agradecer. Con la lógica humana no puede entenderse que el Creador quiera hacerse criatura, que el eterno quiera hacerse mortal, que el todopoderoso quiera hacerse frágil… hay que entrar en la lógica del amor y de la fe con actitud humilde y adorante, o no entenderemos nada.

    La salvación que trae el Emmanuel es para todos, es universal. Así es desde el principio, como lo manifiesta esta visita que recibe desde el Oriente. Después, Jesús se saltará todas las barreras de su tiempo entre judíos y gentiles, samaritanos e israelitas, porque lo que él quiere es que todos, sin excepción, se llenen del amor de Dios Padre y entren a formar parte de su Reino. No podemos callarnos la Buena Noticia del Evangelio, hay que ser misioneros, estrellas que guían a otros ante el Emmanuel e invitan a adorar y agradecer.


Feliz Epifanía del Señor

 


sábado, 3 de enero de 2026

DOMINGO SEGUNDO DESPUÉS DE NAVIDAD (ciclo A)

 Y EL VERBO SE HIZO CARNE...


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

Profundizando en el regalo de la Navidad

    Hoy, hermanos, estamos celebrando el domingo segundo después de Navidad. Toda la liturgia de la Navidad constituye como una maravillosa catequesis completa en la que, guiados por la Palabra de Dios y por las oraciones, vamos profundizando en qué supone la encarnación del Salvador.

    Decimos que la encarnación es un Misterio en el sentido de que, por más que hablemos de la Navidad o la representemos visiblemente con los belenes y las tiernas imágenes del Niño Jesús, lo que ha sucedido en ella es algo que nos sobrepasa, que no podemos abarcar en absoluto.

    Este segundo domingo es un paso más en ese deseo de profundizar en el misterio del maravilloso intercambio, como se le llamó desde la antigüedad de la Iglesia: Dios se hace un hombre, como nosotros, para que nosotros podamos entrar en la familia de Dios participando, como hijos e hijas amados, de la naturaleza divina.

La verdadera sabiduría, don de Dios

    En la primera lectura que se nos acaba de proclamar, tomada del Antiguo Testamento, se presenta a la sabiduría personificada, como una enviada de Dios que, por deseo de este, viene a habitar en medio de su pueblo, a poner su morada entre los hombres. Es una sabiduría que brota de Dios, que no tiene principio, que existe desde siempre, que se hace amiga de los hombres, que comparte su existencia y les hace –nos hace- bien.

     Esa sabiduría de la Biblia, que viene a habitar entre los hombres y se regala a quienes la piden y la acogen de corazón, no es una acumulación de conocimientos, como cuando nosotros decimos que una persona es sabia en tal o cual materia. 

    Es, sobre todo, saber vivir rectamente ante Dios, saber vivir según su voluntad. Es bendita la sabiduría de Dios, ensalzada por los hombres y mujeres de buena voluntad, porque produce bien y alegría, sus frutos son de justicia y paz.

    ¡Qué importante es pedirle a Dios el don de la sabiduría, fruto del Espíritu Santo, para poder vivir como él espera que vivamos! Con tantos medios de comunicación al alcance de la mano, con tanta información disponible con solo tocar el teléfono que llevamos permanentemente encima…. y no por ello somos más sabios. Más bien nos quejamos, tantas veces, de que estamos confusos con tanta información, de que no sabemos separar lo importante de lo accesorio, de que ni podemos distinguir ya lo verdadero de lo falso…

    Pidamos el don de la Sabiduría divina para este nuevo año 2026 que acabamos de estrenar. Para que, con ella, no vivamos en las sombras, sino en la luz, no vivamos en la mentira, sino en la verdad, no vivamos en la confusión, sino en la claridad.

    Nos deseamos de corazón unos a otros, para este nuevo año, lo mismo que les desea san Pablo a los cristianos de Éfeso en la carta que hoy hemos leído: “que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os de espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos”.

 Acojamos la Palabra, Palabra hecha carne

    Un camino seguro para vivir la vida según la Sabiduría de Dios lo tenemos al alcance de la mano: es acoger su Palabra. El evangelio de hoy es el mismo que escuchabamos el día de la Navidad: el comienzo del evangelio según san Juan.

    En lugar de hablar del nacimiento de Jesús, del parto de María, de la adoración de los pastores y los magos, como los otros evangelistas, Juan nos invita a mirar en profundidad qué es lo que acontece allí: el Verbo, la Palabra de Dios que trae la luz y la sabiduría de Dios, ha venido al mundo para alumbrar a todo hombre.

    Jesús es la Palabra de Dios hecha carne. Todo lo que Dios necesita decirnos acerca de él, acerca de nosotros, nos lo dice ya en su Hijo Jesucristo. No necesitamos preguntarle nada más, porque nos lo ha dicho todo, en expresión de san Juan de la Cruz.

    Acoger la Palabra de Dios es acoger a Jesús, la Palabra humanada, y es acoger a Dios que nos lo envía.

    Pensemos un poco: ¿Cómo acogemos la Palabra de Dios en las celebraciones de la iglesia?, ¿con unos oídos, una mente y un corazón abiertos o, por el contrario, con desgana, con desinterés, con rutina?

    Porque dice el evangelista que la Palabra vino a los suyos y los suyos, que somos también nosotros, no la recibieron.

    Durante este nuevo año, ¿la Palabra de Dios estará presente en nuestras casas, en nuestras reuniones de familia, en nuestra vida cotidiana? ¿Buscaremos su sabiduría o trataremos de aprender de sabelotodos, opinadores e influencers que nos manipulan con intereses concretos?

    A cuantos reciben esta Palabra, les da poder de ser hijos de Dios, que es lo más grande y bonito a que podemos aspirar. Pidamos la sabiduría y busquémosla acogiendo de verdad la Palabra.


martes, 30 de diciembre de 2025

1 de enero. SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

 MARÍA CONSERVABA TODAS ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Hoy es el primer día del nuevo año. Nos hemos deseado desde hace días, y especialmente ayer, “Feliz año nuevo”. Ojalá que no lo digamos como una palabra más, sino de corazón, deseando lo mejor al hermano.

    Al comenzar este tiempo nuevo, los cristianos queremos pedir la bendición de Dios sobre nosotros: “El Señor te bendiga y te guarde. El Señor ilumine su rostro sobre ti y te sea propicio. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.  Es la bendición que hacían los sacerdotes israelitas sobre el pueblo en las grandes fiestas.

    ¿Qué podemos desearnos mejor que esto? Que el Señor esté con nosotros a lo largo de este año 2026, que no sabemos qué nos deparará, pero sí sabemos que todo formará parte de su plan salvador. Que el Señor nos bendiga y nos guarde a todos.

    Queremos poner, también, este nuevo año bajo el amparo de nuestra Madre del Cielo. Por eso el 1 de enero celebramos la solemnidad de santa María, Madre de Dios. Es el primer título de la Virgen María, del que derivan todos los demás que decimos de ella. María es la mujer escogida por Dios, preservada de todo pecado, para ser la madre del Salvador, del mismo Dios hecho hombre, Jesús.

    Sin su aceptación generosa del plan de Dios, sin su donación total y sin reservas, Dios no hubiera podido realizar la salvación por medio de su Hijo, hecho semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, para que nosotros seamos también hijos amados de Dios.

    El evangelio de hoy nos presenta a María en el portal de Belén, junto a su esposo bueno José. Allí reciben la visita de los pastores, los más humildes, los únicos que han tenido el corazón abierto para recibir la noticia del nacimiento del Emmanuel. María no se guarda egoístamente a su hijo, sino que recibe con alegría a cuantos llegan a verle y a adorarle. Les quiere hacer partícipes de la Buena Noticia, para que todos puedan llenarse de la misma alegría y emoción que tienen ella y san José.

    Y dice el evangelista que María conservaba todas estas cosas en su corazón y las meditaba: el anuncio del Ángel, la generosidad de su esposo José, el rechazo de las casas cerradas en Belén, la pobreza extrema del pesebre, la visita de los pastores y los Magos… tantas cosas que meditar en su corazón de madre y de creyente… pidámosle al Señor, para este año que comienza, un corazón como el de María, que sabe meditar los acontecimientos, descubriendo en lo que ocurre la acción de Dios.

    Porque si vivimos sin reflexionar, sin rezar, sin un poco de profundidad e interioridad, la vida será solo una serie de acontecimientos que no nos dicen nada de Dios. Vivimos porque van pasando los días y los meses… pero la vida ha de ser mucho más que eso.

    Hay un último motivo en esta celebración de hoy. Además de pedir la bendición de Dios para un nuevo año, además de dar gracias a Dios por el regalo de la Virgen María Madre de Dios, que está siempre con nosotros, también es hoy la Jornada de la Paz.

    Vivíamos muy tranquilos, aunque sabíamos que en muchas partes del mundo hay guerras que desde hace años causan mucho sufrimiento a inocentes… pero las teníamos lejos. Desde hace tres años la guerra se ha acercado hasta nuestras fronteras cercanas, en el mismo continente europeo, y hemos caído en la cuenta, de golpe, que la paz es un bien muy escaso y amenazado en este mundo.

    Ojalá pudiéramos acabar con las guerras del mundo, pero no está en nuestra mano. Hay demasiados intereses, demasiada codicia, demasiados engaños, que no entendemos y que nos superan. Pero sí podemos ser más pacíficos, más constructores de la paz a nuestro alrededor: si no respondo con una palabra hiriente, construyo la paz, si soy justo en mi relación con los demás, construyo la paz, si busco la armonía en casa, aunque tenga que ceder, construyo la paz, si no hiero con la lengua o con los gestos, construyo la paz.

    Todos tenemos parte de responsabilidad en que este mundo sea más pacífico o más agresivo. Con la bendición de Dios pidamos un nuevo año de Paz, y trabajemos todos juntos por ella.

Feliz Año Nuevo.

 


jueves, 25 de diciembre de 2025

HORARIOS ENERO 2026

 1 DE ENERO. SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

JUEVES 1

11 H. VILLANUEVA

11:45 H. ROBLEDO

12:30 H. VILLARRODRIGO

13:15 H. VILLAMOROS

13 H. VILLAOBISPO

SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD

SÁBADO 3 

18 H. VILLARRODRIGO (Misa vespertina y Concierto)

DOMINGO 4

11 H. VILLAMOROS 

12 H. ROBLEDO

13 H. VILLANUEVA (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLAOBISPO 

EPIFANÍA DEL SEÑOR

MARTES 6

11 H. VILLANUEVA

11:45 H. ROBLEDO

12:30 H. VILLARRODRIGO

13:15 H. VILLAMOROS

13 H. VILLAOBISPO

BAUTISMO DEL SEÑOR

SÁBADO 10

18 H. VILLAOBISPO (Misa vespertina)

DOMINGO 11

11 H. VILLAMOROS

12 H. VILLARRODRIGO

12 H. ROBLEDO (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLANUEVA

II DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 17

18 H. ROBLEDO (Misa vespertina)

DOMINGO 18

11 H. VILLANUEVA

12 H. VILLARRODRIGO 

12 H. VILLAMOROS (Celebración de la Palabra)

13 H. VILLAOBISPO 

III DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO 24

18 H. VILLAMOROS (Misa vespertina)

DOMINGO 25

11 H. VILLANUEVA

12 H. VILLARRODRIGO (Celebración de la Palabra)

12 H. ROBLEDO

13 H. VILLAOBISPO 


TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (ciclo A). DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

  DEJARON LAS REDES Y LO SIGUIERON COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA      En este domingo tercero del tiempo ordinario, la Iglesia celebr...