EL REINO DE LOS CIELOS SE PARECE A UN TESORO ESCONDIDO
COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA
¿Cuáles
son las realidades más valiosas de la vida humana? ¿Cuál es el verdadero tesoro
por el que merece la pena hacer cualquier esfuerzo?
La
Palabra de Dios de este domingo nos invita a encontrar en ella la respuesta a estas
preguntas tan profundas. O, dicho de otro modo: ¿Cuál es el sentido de la vida?
Hay
quien dice que no merece la pena gastar tiempo en este tipo de preguntas y
reflexiones, que es mejor ir gastando la vida distraídos, día tras día, ir
tirando, como decimos, sin pararse mucho a profundizar.
Pero
no funciona así. La vida verdaderamente humana necesita de un propósito y un
sentido.
A Muchos nos sonará el nombre de Viktor Frankl, un psiquiatra judío que estuvo
tres años prisionero en Auschwitz y otros campos de concentración nazis. Allí
descubrió, pese al horror que le rodeaba, algo muy importante: los prisioneros
que sobrevivían eran precisamente los que tenían un propósito profundo para
seguir vivos. Los que no lo tenían, se abandonaban y morían antes. Después de
ser liberado se dedicó a dar conferencias por el mundo entero para contar su
experiencia y lo que allí descubrió: el hombre necesita un sentido para la vida
tanto como necesita aire, agua o alimento.
Si
falta el propósito y el sentido, el ser humano, aunque lo tenga todo, no tiene
nada.
Jesús
tenía un propósito firme para su vida y lo llevó adelante con entereza, aunque
le supusiera la muerte en cruz: hacer la voluntad del Padre anunciando y
realizando el Reino de Dios en este mundo.
No
definía el Reino de Dios con teorías, sino con parábolas. Qué es el Reino lo
descubrimos en su modo de vivir y de actuar: uno deja que Dios reine en su vida
cuando tiene a Dios por Padre y se siente amado incondicionalmente por Él y
tiene a los demás por hermanos, amándolos también incondicionalmente hasta dar
la vida por ellos.
El
que vive así, como Jesús, es porque está en el Reino de Dios, es porque Dios
está reinando en su vida.
Jesús
nos dice en el evangelio de este domingo que quien ha descubierto lo que supone
vivir así, la alegría, la paz, la plenitud que supone, es como el que encuentra
un tesoro escondido en el campo o una perla de valor y rareza extraordinarias.
No le importa lo que tenga que hacer para conseguir ese tesoro, porque se ha
dado cuenta de que todo lo demás que tenía hasta entonces no se puede ni
comparar.
Vende
todo lo que tiene y compra el campo o compra la perla. El tesoro del Reino
supera el valor de todo.
No
todos lo descubren; hay quien solo ve un terreno o un montón de perlas. No han
buscado, no han profundizado y por eso no lo han descubierto. Está alcance de
todos, pero no todos se atreven a buscar y profundizar.
Hay
quien prefiere quedarse con las cosas superficiales, con las pequeñas
satisfacciones de vivir pensando primero en sí mismo, con las pequeñas alegrías
del consumo y de los bienes, aunque sepa, en el fondo, que no le van a poder dar
la alegría más auténtica.
El
rey Salomón aparece orando en la primera lectura. Es un rey joven, que ha
heredado un reino extenso y unido gracias a las conquistas militares de su
padre David. Podría pedirle seguir ampliando su reino, conquistas militares,
una larga vida o riquezas. Pero no lo hace. Lo que pide es un corazón atento,
que sepa escuchar, juzgar y discernir entre el bien y el mal, entre lo que no
es importante y el verdadero tesoro.
A
Dios le agrada la oración del joven rey y le otorga la sabiduría que pide, para
escuchar la voluntad de Dios, descubrir lo que de verdad importa y no
confundirlo con el resto.
Jesús
también dijo: ¿Cómo no va dar el Padre el Espíritu Santo a los que se lo pidan?
Dios no nos niega ese don de sabiduría del Espíritu que nos ayudará a ver con
claridad si se lo pedimos.
Con
la Palabra de Dios de este domingo se nos invita a la reflexión de algo central
para la vida: ¿me estoy centrando en las realidades verdaderamente importantes
de la vida, en el tesoro, o estoy malgastando mis ilusiones en aquellas que no
valen?
Hoy
celebramos la Jornada de los Abuelos y los Mayores con el lema “Yo no te
olvidaré”. El papa León, en su mensaje, nos dice a los que somos mayores o
abuelos que nuestra vida tiene sentido, que debemos seguir cultivando el don de
la fe y aportando nuestra experiencia de vida a niños y jóvenes. Y a los que
somos más jóvenes nos invita a cuidar con amor a los mayores, siendo para ellos
un signo del amor inquebrantable de Dios que no olvida a sus hijos ancianos.

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