martes, 26 de mayo de 2026

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (ciclo A)

  A TI GLORIA Y ALABANZA POR LOS SIGLOS


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Después de haber celebrado el pasado domingo la fiesta del Espíritu Santo en Pentecostés, en este celebramos el domingo dedicado a la Santísima Trinidad.

    En la Pascua se nos ha manifestado el amor del Padre y la entrega redentora del Hijo; de ambos viene el Espíritu como presencia permanente que habita en nosotros, que ora en nosotros, que nos defiende y nos conduce a la verdad salvadora. Por eso esta fiesta se celebra después de haber terminado el ciclo litúrgico de la Pascua.

    ¿Necesitamos un domingo dedicado a la Trinidad? ¿Acaso no son de la Trinidad y para la Trinidad todos los domingos? Podemos pensar así, ya que cuando empezamos la misa lo hacemos signándonos con la cruz en el nombre de la Trinidad y al salir recibimos la bendición en el nombre de la Trinidad. Toda nuestra vida cristiana está marcada por el misterio de amor de la Trinidad, desde que somos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

    Pero este domingo quiere ser una alabanza especialmente intensa a la Santísima Trinidad, el Dios único en quien creemos.

    Cuando se habla de Dios hay quien se imagina un ser poderoso, omnipotente, creador, etc…. Pero como si fuese un dios solitario en su perfección.

    Sin embargo, no es así como se nos ha dado a conocer en la historia de la salvación. Se nos ha ido manifestando, conforme el hombre podía irlo conociendo, como una familia de amor, un solo Dios en el que viven y se comunican tres divinas personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que se aman y se comunican, y que quieren hacernos participar de su vida de amor y comunicación.

    Las lecturas de hoy, más que hablarnos de un misterio inalcanzable, manifiestan, con toda claridad, que Dios quiere darse a conocer.

    Empezando por la primera, tomada del libro del Éxodo, en la que Moisés, como guía del pueblo de Israel sube a la montaña sagrada para interceder por el pueblo rebelde. Se han olvidado de Yahvé Dios, que les sacó de la esclavitud de Egipto, y se han hecho un falso dios de metal como los demás pueblos, un dios manipulable, con nombre y figura de animal.

    Dios pasa ante Moisés y le manifiesta su nombre: “Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia”. Aunque sea un Dios misterioso, diferente, ama con ternura a su pueblo y tiene la paciencia infinita de un padre con sus pecados.

    Este Dios que ama, va a amar a la humanidad hasta el extremo de enviar a su Hijo, que se hace uno con nosotros, que comparte lo que somos y que, por amor, entrega su vida para que nosotros tengamos vida si le aceptamos como nuestro salvador.

    Es lo que hemos escuchado en el evangelio: “Tanto amo Dios al mundo, que entregó a su Unigénito para que todo el que cree en él tenga vida eterna”. No envía a su Hijo a juzgar, sino a salvar. El juicio consiste en si nosotros aceptamos por fe, o rechazamos, esa salvación que Dios ofrece en su Hijo.

    Si creemos en el amor del Padre y del Hijo por nosotros, vivimos de un modo diferente, nuestra vida cobra sentido. Ya no somos simples criaturas vivas, somos hijos. Y si somos hijos de un mismo Padre, significa que somos hermanos unos de otros. Dejamos de ser rivales y enemigos y comenzamos a ser hermanos.

    Por eso dice San Pablo en la segunda lectura: tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz, el Dios que es familia y Trinidad estará con vosotros.

    Todos los domingos y toda nuestra vida está consagrada a Dios Trinidad. Pero en este, de un modo especial, le damos gloria, le alabamos y le agradecemos que se nos haya manifestado así, tal y como es: comunicación y amor.

    Hoy se celebra la Jornada “Pro Orantibus” de oración por los monjes y monjas que consagran su vida a la oración, a la alabanza de Dios. Ellos nos enseñan a dar un lugar central a Dios en nuestras vidas, nos recuerdan el valor de la fe.

    Oramos por ellos para que sean muy felices en su vocación y el Señor les premie su vida de oración continua.

 


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