jueves, 23 de abril de 2026

CUARTO DOMINGO DE PASCUA (ciclo A)

 EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTA

COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    El Señor ha resucitado venciendo el poder del pecado y de la muerte. Esta es la fuente verdadera de nuestra alegría y de nuestra esperanza. La llama del cirio pascual, que alumbra en cada una de nuestras celebraciones nos sigue recordando que estamos en el gozo de la Pascua.

    Este cuarto domingo es llamado el domingo del Buen Pastor. La imagen del buen pastor, el que cuida de su rebaño hasta dar la vida por él, ya se usaba en el Antiguo Testamento para hablar de Yahvé Dios, que cuida de su pueblo, lo guía, lo anima, lo alimenta y lo protege.

    Es verdad que, en este tiempo en el que valoramos tanto la libertad individual y la autonomía, hablar de rebaños de ovejas guiados por un pastor nos puede sonar raro o quizás a algunas persones les suene hasta mal.

    Decimos que no queremos ser simples ovejas que caminan sin pensar, unas detrás de otras; queremos tomar nuestras propias decisiones y ser libres… aunque sepamos que realmente no los somos tanto.

    Eso es lo que queremos… pero, ¿realmente lo somos? Hay quien dice que, nunca como ahora, hemos sido tan espiados y dirigidos. Aunque, eso sí, haciéndonos pensar que somos libres.

    El mercado dirige nuestros gustos y nos hace descubrir necesidades que no tenemos cubiertas, la información que nos dan, aunque sea mucha, está sesgada y bien orientada, el móvil nos reclama continuamente y, si tenemos redes sociales, podemos estar pendientes de los gustos de los demás, reclamando de continuo su aprecio y respuesta.

    Entonces, ¿somos libres o vivimos en la fantasía de que somos libres?

    Cuando Jesús toma esta imagen bíblica del Buen Pastor y se la aplica a sí mismo, y cuando habla de sus discípulos como las ovejas que le siguen, esto no tiene carga negativa alguna. Porque este Pastor bueno, el mejor de todos, no abusa de su rebaño ni lo maltrata ni lo engaña.

    Eso es lo que hacen, dice Jesús, los falsos pastores, los ladrones y salteadores. Se trata de una crítica durísima que Jesús dirige a las autoridades religiosas de Israel, precisamente en el Templo, la sede del poder religioso, que es donde pronuncia estas palabras.

    Las características del Buen Pastor que es Jesucristo son estas:

    Entra por la puerta y no salta por el muro: respeta a las personas, no las violenta, apela a su libertad y las invita, “si quieres ven y sígueme”, pero sin coacción, quiere discípulos que le sigan por amor y no por miedo. Y el amor, para ser auténtico, necesita ser libre.

    Es digno de confianza: por eso el guardián le abre y el rebaño, al oír su voz, sale afuera. Podemos estar seguros de que nunca nos pedirá nada malo, que nunca nos conducirá por sendas extraviadas, como sí hacen otros falsos pastores.

    Conoce por su nombre a sus ovejas y las llama así: no somos bultos ni números para él, no somos la masa de la humanidad, sino que nos conoce personalmente, con nuestras luces y nuestras sombras, con nuestros sueños y nuestros miedos, y nos ama así, tal y como somos cada uno.

    Camina delante de sus ovejas: no nos pide nada que él no haya cumplido hasta el extremo, hasta dar la vida. Si nos manda servir él lava los pies de sus discípulos, si nos manda perdonar a los enemigos, él muere en la cruz perdonando…

    En el evangelio de hoy Jesús habla de sí mismo con otra imagen, además de esta del Buen Pastor: la puerta.

    La puerta de las ovejas, la verdadera puerta. Cuando tantos buscan sentido a sus vidas en espiritualidades extrañas, en el culto a su cuerpo y a su salud, en ideologías, Jesús dice: “Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”.

    No es una puerta falsa, que no lleve a ningún sitio, ni es una puerta que aprisione. Es la puerta que se abre para la Vida con mayúsculas, ya ahora y en la eternidad. Dios tiene una puerta y esa es Jesucristo, su Hijo. Seguir su evangelio y creer en él como salvador es cruzar la puerta que lleva a la vida: he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

    Precioso evangelio el de hoy, que conecta con el maravilloso salmo 22 que hemos repetido: “El Señor es mi Pastor, nada me falta”.

    ¿Con qué convicción lo digo?, ¿Es realmente mi pastor y guardián, conozco su voz y la sigo?

    En este domingo celebramos la Jornada de oración por las vocaciones con el lema “Todos oramos por todos”. Se acabó el tiempo de identificar vocación únicamente con sacerdotes y religiosas; la vocación bautismal la hemos recibido todos y debemos vivirla conforme a la llamada que Dios nos hace en su Iglesia. Cada vocación es necesaria para el Cuerpo de Cristo y cada vocación de la Iglesia es reflejo del cuidado del Buen Pastor de todos. Oremos con esta intención en esta celebración que continuamos.

 

 


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