“Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor”. Dios ha respondido a los anhelos de la humanidad sufriente, que le buscaba entre imágenes y sombras, y ha cumplido las esperanzas y profecías de su pueblo Israel. Pero lo ha hecho de un modo desconcertante, que escapa a toda lógica humana…
La señal de que esto es cierto no puede ser más humilde: un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. En un acto de profunda confianza, los pastores se ponen en camino para adorarle.
Porque no se les da, no se nos da, otra señal sino esta: la pobreza de Belén, el misterioso y radical abajamiento de Dios hacia los hombres. Y “en esta etapa final, Dios nos ha hablado por el Hijo”, que es la Palabra hecha carne y acampada entre nosotros. Es todo lo que Dios quiere decirnos, su Hijo en carne mortal y nacido de mujer.

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