jueves, 25 de diciembre de 2025

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA (ciclo A)

 

LEVÁNTATE, TOMA AL NIÑO Y A SU MADRE



COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

Seguimos dentro del maravilloso tiempo litúrgico de la Navidad, seguimos asombrándonos y gozándonos con la Buena Noticia que cambia el curso de la historia y da sentido a nuestras vidas: Dios se ha hecho hombre, la Palabra se ha hecho carne y ha puesto su tienda entre nosotros.

En este domingo de la Sagrada Familia damos un paso más para seguir profundizando en la belleza de este misterio salvador. Hoy se nos dice que Dios Padre ha querido contar con una familia humana para su Hijo unigénito.

Tan necesaria y valiosa es la familia para la vida individual y social, que el Hijo de Dios asumió el hecho de nacer y crecer en una familia humana como parte esencial de su encarnación.

El Verbo eterno, sin el cual no se hizo nada de cuanto existe, elige crecer en un hogar pobre, con las privaciones y penalidades propias de aquel lugar remoto en un tiempo difícil de su historia. Y conoce, además, el calvario que viven las familias de los refugiados que huyen de la persecución, porque también su familia tuvo que exiliarse en Egipto para salvar la vida.

Como cualquier niño normal es y educado y corregido y, con la guía y el ejemplo de sus padres santos, va creciendo en valores humanos, cívicos, mientras conoce la religión de su pueblo israelita. En definitiva, por amor “se hizo igual en todo a nosotros menos en el pecado”.

“Sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión (…) Y, por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la caridad consumada”. Las palabras con las que exhorta san Pablo a los cristianos colosenses en la liturgia del día, aparecen bellamente reflejadas en la Sagrada Familia de Nazaret. María y José se aman con afecto de esposos, pero, por encima de ese amor, ambos aman a Dios y aman su voluntad: que custodien como padres a su Hijo encarnado, dependiente en todo de ellos. 

Las imágenes de la Sagrada Familia que contemplamos en el arte son siempre idealizaciones: el manto blanco y azul de la Virgen, la serenidad contemplativa de José, representado como un anciano. Nos ocultan la dureza de lo que debió de ser su realidad: emigrados por el censo del rey, obligados a dejar Nazaret, un duro camino hasta Belén… y, al llegar allí, nadie les recibe y María ha de dar a luz en un establo.

Pensemos en esto cuando nuestras familias pasen por dificultades. No serán mayores, seguro, que las de la Sagrada Familia de Nazaret, porque Dios no quiso ahorrar a su Hijo Jesús ninguna de ellas. Así ya sabemos que Dios está especialmente cerca de los pobres y los que sufren, pues esa fue la vida que eligió.

La primera lectura, del libro del Eclesiástico, nos dice que Dios bendice cuanto se hace por los padres y tiene por un gran pecado olvidarse de ellos o desatenderlos en sus necesidades, especialmente cuando se vuelven débiles de cuerpo o de mente. La familia no solo es el pilar de la sociedad, sino también el lugar en el que mejor somos cuidados, donde somos aceptados tal y como somos, también con nuestras limitaciones y achaques.

Demos gracias a Dios por nuestras familias. A veces el barco pasa por aguas calmadas y otras por tempestades, pero si al timón dejemos que vaya el Señor, guiándonos, es seguro que las superarán y llegarán a puerto.

Feliz día de Navidad, porque seguimos dentro de su octava, y feliz domingo de la Sagrada Familia

 

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