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miércoles, 3 de junio de 2026

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI (ciclo A)

 EL QUE COME, VIVIRÁ POR MÍ


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Hoy es el domingo del Corpus Christi, el Cuerpo de Cristo; es el domingo de la Eucaristía y de la Caridad.

    La eucaristía es el gran regalo que Cristo ha dejado a su Iglesia, su presencia permanente de entre nosotros y aún dentro de nosotros, cada vez que lo recibimos en la Sagrada Comunión. En este sacramento de nuestra fe se cumple la promesa que nos hizo el Señor antes de volver al Padre en la Ascensión: “No os dejaré solos. Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

    Es verdad que no es la única presencia del Señor con que contamos: también está en el resto de los sacramentos, en la palabra del Evangelio, en la comunidad que se reúne en su nombre, en los pobres y necesitados, en cada uno de nosotros… Pero la presencia de Jesucristo en el sacramento del altar es realmente especial: está con su Cuerpo y con su Sangre, real y verdaderamente, aunque nuestros sentidos solo perciban un poco de pan y un poco de vino.

    Lo creemos y lo vivimos por la fe. Sabemos que Él no puede engañarnos, y si nos ha dicho “Esto es mi Cuerpo” y “Esta es mi sangre”, es porque realmente lo son.

    Podríamos hablar tanto de la eucaristía y nunca acabaríamos… muchos santos y místicos han dicho maravillosas palabras a lo largo de la historia de la Iglesia y, al final, la mejor palabra que encontraron ha sido el silencio y la adoración. Porque cuando se descubre por la fe la presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento, uno no puede menos de doblar la rodilla y adorar.

    La Palabra de Dios de este domingo del Corpus nos invita a ver las dos dimensiones inseparables que tiene la eucaristía: la vertical y la horizontal. Igual que en la cruz hay dos palos, uno vertical y otro horizontal, también en este sacramento hay siempre estas dos orientaciones.

    En la dimensión vertical, la eucaristía nos une a Jesucristo. Así nos lo dice en el discurso del Pan de Vida que recoge el evangelio de Juan. Recibirle en su Cuerpo y su Sangre, en el Pan y el Vino eucarísticos, hace que Él viva en nosotros y que nosotros vivamos en Él. Cuando los judíos le escuchaban decir que iba a dar su carne para la vida del mundo, no le entendían y se escandalizaban: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”.

    No sabían que estaba hablando de la Eucaristía, porque aún no la había instituido en la última cena antes de padecer. Nosotros sí lo entendemos bien. En el sacramento del altar, Jesucristo se hace para nosotros alimento de vida y bebida de salvación. Al comerlo y beberlo, nos unimos al Señor de un modo que nada puede igualar.

    Es el nuevo maná que Dios da a su pueblo peregrino para darle las fuerzas necesarias con las que seguir caminando hacia la verdadera y definitiva tierra prometida: el cielo.

    La primera lectura nos recuerda aquel maná del cielo con el que Yahvé Dios alimentó a Israel en el desierto, un pan generoso caído del cielo con el que sacia su hambre y que era un anuncio de esta eucaristía, regalo de Dios que recibimos cada domingo.

    En la dimensión horizontal, la eucaristía nos une entre nosotros, como Cuerpo de Cristo en el mundo, la Iglesia. Es lo que expresa el apóstol san Pablo en la segunda lectura: como el Pan eucarístico es uno solo, así nosotros, aun siendo distintos, nos hacemos uno solo al recibirlo. La Eucaristía nos une y nos invita a preocuparnos por el hermano, a verlo como un miembro que está conmigo en el único Cuerpo del Señor.

    Por este motivo, hoy además de ser el domingo de la eucaristía es también el domingo de la caridad. Porque la eucaristía nos empuja a la caridad y sin caridad no podemos celebrar la eucaristía. 

    “Elige amar. Elige comunidad” es el lema de este día de la Caridad: tenemos que ver al Señor en el Santísimo Sacramento y tenemos que verle en el hermano que necesita de mí.

Abrir los ojos de la fe para la Eucaristía y abrir los ojos de la caridad para todo el que sufre por cualquier causa. Creando comunidades en las que nadie se sienta excluido, ocupándonos y preocupándonos de que en ninguna mesa falte el pan necesario, elegimos amar como la Eucaristía nos reclama.

viernes, 26 de septiembre de 2025

DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO (ciclo C)

 ¡ABRE LOS OJOS PARA VER A TU HERMANO LÁZARO!


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Cada cierto tiempo los medios de comunicación nos presentan una nueva crisis. Fue la crisis energética, fue la crisis de los bancos, la crisis de la vivienda es la que ahora se presenta a diario… y vendrán más, nuevas crisis. Nos dicen que serán muchas las familias que no puedan conseguir lo necesario para alimentarse, que no puedan llegar a fin de mes o que no puedan encender la calefacción este invierno.

    Parece que el pesimismo y el desánimo nos va calando un poco, o un mucho, a todos. ¿Cuál ha de ser nuestra reacción como cristianos ante estas dificultades?

    Una reacción muy humana puede ser la de ponerse en guardia y a la defensiva, ahorrar y evitar el gasto superfluo por lo que pueda pasar… puede ser bueno, pero, ¿basta con esto?

    Escuchemos bien el mensaje de la Palabra de Dios en este domingo, que nos pide abrir los ojos y, sobre todo, abrir el corazón como el Señor Jesús nos pide, a los que tienen menos y están sufriendo más estrecheces que nosotros.

    Jesús dirige su parábola a los fariseos, de los que se dice que eran amigos del dinero, que se reían y despreciaban sus enseñanzas sobre las riquezas, como las que escuchábamos el domingo pasado: “ganaos amigos con las riquezas injustas para que os reciban en las moradas eternas”.

    El rico de la parábola, Epulón, cuyo nombre significa “el banqueteador”, no acaba en el lugar del tormento y de la perdición por haber robado o matado. No se dice que hiciera ninguna de estas dos cosas y puede que hasta su riqueza la haya ganado rectamente… pero el motivo de su castigo, de su infelicidad eterna, es su insensibilidad y su ceguera.

    Vivía tan bien, tan instalado en su zona de confort, rodeado de bienestar y capricho, que no fue capaz de ver que quien sufría a su puerta, llagado, enfermo, hambriento, era un hermano que tenía un nombre, Lázaro, y una dignidad como hijo de Dios.

    Dejó pasar la oportunidad de compartir lo que tenía con él, de hacer el bien con sus riquezas, de renunciar con amor a algo de lo suyo para mejorar la vida del que sufría allí mismo, a su puerta. 

    Cuando el tiempo de su vida se terminó, y se termina igual para ricos que para pobres, sus oportunidades de hacer el bien también se terminaron. Ya nada podía hacer para cambiar su vida, echada a perder por no haber vivido para los demás, sino para sí mismo.

    Seguramente habría escuchado tantas veces las palabras de advertencia del profeta Amós “Ay de aquellos que se sientan seguros en lechos de marfil, banqueteando, pero no se conmueven. Irán los primeros al destierro”. Pero pensaría que aquello no iba dirigido a él, sino a otros, que eso no le iba a pasar nunca.

    Puede que nos pase a nosotros lo mismo. Escuchamos la Palabra, con su llamada insistente a compartir, a pensar en los que más sufren, a poner de nuestra parte lo que podamos, pero sentimos que no va dirigida a nosotros, que no somos lo suficientemente ricos para tener que compartir, que la pobreza es inevitable y lo que hagamos no va a cambiar nada. No es que no veamos, es que preferimos volver la vista hacia otro lado, porque ver el sufrimiento ajeno nunca es algo cómodo.

    Ante las situaciones de crisis no basta para un cristiano con la reacción temerosa de guardar. Debe movernos, en cambio, a la generosidad, a compartir, preferentemente a través de la caridad bien organizada de la Iglesia, como Caritas, Manos Unidas o las obras de los misioneros.

    El sentido de la colecta en la misa es este: compartir los bienes materiales con los pobres y con la comunidad parroquial como el Señor comparte con nosotros su Palabra y el Pan de vida eterna.

    “Guarda el mandamiento sin mancha ni reproche” nos dice el apóstol Pablo. Y el mandamiento de Jesús es el que conocemos tan bien: “Amaos unos a otros como yo os he amado”.

 


jueves, 19 de junio de 2025

COMUNICACIÓN DE NUESTRO GRUPO DE CARITAS PARA EL CORPUS 2025

 

COMUNICACIÓN CARITAS DOMINGO 15 JUNIO

Buenos días a todos. El próximo domingo celebraremos la solemnidad del Corpus Christi. Es el día de la Eucaristía y es el día de la Caridad, porque eucaristía y caridad van siempre unidas en la vida del cristiano.

El Señor nos dejó en la última cena el gran regalo de su Cuerpo y de su Sangre, alimento y bebida de salvación. Al recibirle, nos hacemos uno con Él y con el Padre: el que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo vivo en él, nos ha dicho.

En el domingo del Corpus agradeceremos este maravilloso regalo, sin el cual nos faltarían las fuerzas necesarias para seguir el camino de Jesús y para vivir el mandamiento del amor a todos.

Caritas celebra el domingo del Corpus su día especial. El amor que tratamos de llevar a los más necesitados con gestos de ayuda real y concreta brota, precisamente, de la eucaristía.

Os hablamos en nombre del grupo de Caritas de nuestra Unidad Pastoral. Estamos atendiendo a cerca de diez familias en situación de vulnerabilidad de nuestro entorno. Esto no sería posible sin vuestra colaboración generosa en las parroquias. Cada año presentamos las cuentas para que todos podáis ver que la aportación que nos entregáis tiene un buen destino.

Lo que hacemos no lo hacemos en nombre propio, sino en nombre de las comunidades parroquiales de nuestra Unidad Pastoral.

Os pedimos que a la salida recojáis el sobre para la colecta del domingo del Corpus y que colaboréis generosamente para que podamos seguir ayudando a cuantos lo necesiten y llevando esperanza de un futuro mejor para las familias. Mientras haya personas hay esperanza.

Gracias a todos.

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI (ciclo C)

 EUCARISTÍA Y CARIDAD


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    Hoy es el domingo del Corpus Christi, del Cuerpo de Cristo, una fiesta que nació para defender, adorar y agradecer, la presencia verdadera de Jesucristo en la Eucaristía.

    Es una presencia permanente y única, como no se da en ningún otro lugar, con la que Cristo cumple la promesa que nos hizo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

    Es cierto que la eucaristía no es la única presencia del Salvador: también está en la palabra del Evangelio, en la comunidad que se reúne en su nombre, en los sacramentos, en cada uno de nosotros… Pero la presencia de Jesucristo en el sacramento del altar es realmente especial: porque está con su Cuerpo y con su Sangre, real y verdaderamente, aunque nuestros sentidos solo logren percibir un poco de pan y un poco de vino.

    Es algo que creemos y que vivimos por la fe. Sabemos que Él no puede engañarnos; si nos ha dicho en la Última Cena “Esto es mi Cuerpo” y “esta es mi sangre”, es porque realmente lo son.

    La Eucaristía es el mayor tesoro de la Iglesia y la fuente de la que brota todo lo que somos y hacemos como cristianos. Sin Eucaristía no hay Iglesia y, por ello, desde el comienzo las comunidades cristianas se reunieron en el nombre del Señor para repetir los gestos y las palabras de Jesús en la última cena pascual.

    San Pablo nos lo ha recordado en la segunda lectura de hoy: El Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomo pan, pronunció la acción de gracias y dijo… y después de cenar tomó el cáliz diciendo…

    Nos hizo un encargo: “Haced esto en memoria mía”. Nos pidió que siguiésemos reuniéndonos en su nombre, que fuésemos una comunidad de hermanos que se quieren y se cuidan, como sal y luz para el mundo. Y que partamos el pan y repartamos el vino, que son su Cuerpo y su Sangre. Al recibirle a él en la comunión, nos comprometemos a vivir como Él, a darnos a los demás como él lo hizo y lo hace.

    Este domingo del Corpus Christi nos recuerda la presencia de Jesucristo en la eucaristía con su Cuerpo y su Sangre. Pero también nos recuerda una presencia suya muy especial: en los pobres y los necesitados. Por eso hoy es un día muy señalado de Caridad.

    Los obispos españoles, en su mensaje para este día, nos dicen que comulgar con Jesús es comprometerse a ser pan partido y repartido para los hermanos. Somos pan partido y repartido cuando, como Jesús, pensamos más en las necesidades de los demás que en nuestro propio bienestar, y nos ponemos manos a la obra para ayudar, aliviar, acompañar.

    Es lo que hace Jesús en el evangelio que acabamos de escuchar, el relato de la multiplicación de los panes. Él mira y descubre el desvalimiento de aquella multitud: están en un descampado, no han comido ni tienen provisiones, se hace tarde para regresar a sus casas.

    Los discípulos piensan la solución más fácil para ellos “Despídelos y que vayan a buscar comida” o, dicho de otra manera, “Que cada cual se busque la vida”.

    Pero Jesús no les permite desentenderse de la necesidad de los hermanos y les manda “Dadles vosotros de comer”. Con lo poco que cada uno lleva, puesto en común, Jesús hace un milagro de solidaridad compartida.

    El pan se multiplica con su bendición, pero eso no hubiese sido posible si Jesús no les hubiese obligado primero a mirar el sufrimiento y la necesidad de los hermanos y a buscar una solución.

    El lema de la campaña de Caritas de este año dice “Mientras haya personas hay esperanza”. Mientras haya personas que aman, que ayudan, que comparten con generosidad, que se conmueven con el dolor y el sufrimiento de los demás, la esperanza es imposible que se pierda.

    El domingo del Corpus nos pide, como decían los Santos Padres, unir el sacramento del altar y el sacramento del hermano necesitado: Eucaristía y Caridad son inseparables.

 




martes, 18 de junio de 2024

COMUNICADO DE LA DELEGACIÓN DIOCESANA DE MISIÓN SAMARITANA

Comunicado sobre Acogida y Hospitalidad hacia Personas Migrantes

León, 18 de junio de 2024

La Delegación de Misión Samaritana de la Diócesis de León, en sintonía con los valores cristianos y la encíclica “Fratelli Tutti” del Papa Francisco, desea compartir algunas reflexiones y fomentar prácticas positivas en relación con la acogida y la hospitalidad hacia las personas migrantes.

Expresamos nuestra preocupación por las reacciones de desconfianza y rechazo ante la próxima apertura del Centro de Atención a Personas Migrantes en el Chalet del Pozo de León el próximo 22 de junio. Instamos a superar recelos y a recibir a los migrantes con apertura y comprensión.

Recordamos que la convivencia con personas emigradas es una oportunidad para el enriquecimiento mutuo. Las personas migrantes no son un problema, sino portadoras de talentos y experiencias culturales valiosas.

Alentamos a no considerar al migrante como una amenaza, sino reconocer su dignidad como persona; superando los prejuicios que el desconocimiento, el miedo y la desinformación puedan provocar en nosotros

Asimismo, exhortamos a todos los cristianos de nuestra diócesis a escuchar nuevamente el mensaje de Jesucristo, que nos llama a ser agentes de hospitalidad, promotores de la cultura del cuidado y constructores de puentes entre aquellos que son diferentes. Igualmente, animamos a todos a trabajar por una cultura de la justicia a nivel global, donde nadie se vea forzado a emigrar de su tierra.

Invitamos a todos los agentes pastorales a destacar la contribución positiva de las personas emigradas al bien común de la sociedad, evitando actitudes racistas y aporofóbicas y fomentando la cultura del encuentro fraterno y la ayuda que dignifica.

Como dice el obispo de León en su carta quincenal titulada “Iglesia en León es hospitalidad”, volvamos «la mirada a las raíces cristianas, evangélicas y evangelizadoras de la hospitalidad, porque la Iglesia que peregrina en la diócesis de León quiere ser hospitalidad […] Seamos hospitalidad para acoger, proteger, promover e integrar al emigrante y al refugiado. Son los cuatro verbos que el papa Francisco propuso en 2018 como respuesta común a los desafíos de las migraciones contemporáneas».


* La Delegación de Misión Samaritana coordina las siguientes áreas pastorales de la Diócesis de León: Cáritas Diocesana, Manos Unidas, Obras Misionales Pontificias, Justicia Paz e Integridad de la Creación, Pastoral de Migraciones y Movilidad Humana, Pastoral de Minorías Étnicas, Pastoral de la Salud, Proyecto Repara León y Pastoral Penitenciaria.

viernes, 31 de mayo de 2024

DOMINGO DEL CORPUS CHRISTI

 ESTO ES MI CUERPO, ESTA ES MI SANGRE 

EUCARISTÍA Y CARIDAD


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

Desde los tiempos de los apóstoles, cuando comenzaba a existir la Iglesia, los cristianos nos hemos reunido cada domingo para celebrar la Eucaristía. Jesucristo nos lo mandó hacer así cuando en la última Cena dijo: “Haced esto en memoria mía”. Sin la eucaristía no podemos vivir como cristianos.

La Iglesia, por ello, lo convirtió en un mandato, que aprendimos de niños en la catequesis “Celebrar la misa los domingos y fiestas de precepto”. Pero si participamos de ella solamente como un deber a cumplir, nos faltaría aún lo más importante: haber descubierto que necesitamos la Eucaristía para escuchar al Señor en su Palabra, orar con los hermanos y recibir el alimento de la vida eterna.

Este día del Corpus, dedicado a la presencia real de Cristo en el sacramento del altar, surgió hace muchos siglos para reafirmar la fe de los cristianos cuando esta se vio amenazada por algunas teorías falsas. Reavivemos hoy juntos nuestra fe verdadera: el pan y el vino llevados al altar, después de que el sacerdote invoque el Espíritu Santo sobre ellos y repita las palabras y los gestos de Jesús en la última Cena, son realmente su Cuerpo y su Sangre, aunque mantengan el color, el sabor y la forma del pan y del vino.

    Este es un misterio que desborda nuestra capacidad de entender, y por eso aclamamos diciendo “Este es el misterio de la fe”. Porque hace falta fe para acercarse a él, vivirlo y recibirlo, hace falta confiar en que aquello que nos dice el Señor en el evangelio es siempre verdadero y que si él nos dice “Esto es mi cuerpo” y “Esta es mi sangre”, esas palabras se cumplen siempre.

Gracias a la Eucaristía, Jesucristo cumple con la promesa que cerraba el evangelio del domingo pasado, fiesta de la Santísima Trinidad: “Y sabed que yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

La Palabra de Dios que nos propone la liturgia de hoy nos ayuda a entender este sacramento maravilloso, del que todo lo que podamos decir siempre será poco y pobre.

En la primera lectura, Moisés sella la Alianza entre Dios y su pueblo con el sacrificio y la aspersión de la sangre. Para los hebreos la sangre significa la vida, puesto que sin sangre no hay vida, y le pertenece solo a Dios. Si la alianza es un pacto de amor y de elección en el que la iniciativa corresponde a Dios, sellarlo con sangre significa decir que es una alianza para dar vida, porque Dios quiere que el pueblo viva en plenitud.

Aquello que vivió el pueblo israelita, tan importante en la historia de la salvación, era el anuncio de algo infinitamente más grande que habría de llegar: la nueva Alianza sellada por Dios con el sacrificio de amor de su Hijo Jesús. Este pacto ya no es con un pueblo, sino con la humanidad de todos los tiempos, en la cual estamos nosotros.

La segunda lectura, tomada de la Carta a los Hebreos, nos ha invitado a admirarnos: Si la sangre de animales devolvía la pureza externa a los hebreos, "¡cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, para que demos culto al Dios vivo".

La Eucaristía es un verdadero sacrificio que renueva la entrega de amor de Jesús en la cruz. No es que nosotros le sacrifiquemos al celebrar la misa, es que él lo sigue haciendo por amor en favor nuestro. Ante esto solo podemos admirarnos, contemplar, celebrar, agradecer, adorar… como haremos al terminar la celebración llevando en procesión el Santísimo Sacramento de su Cuerpo.

Pero no olvidemos el segundo mensaje importante de este día: hoy es inseparablemente un domingo dedicado a la eucaristía y a la caridad. No se puede celebrar la entrega de amor de Jesús en la misa sin comprometerse a entregarnos también por amor a nuestros prójimos, a los cercanos y a los lejanos, especialmente a los que más sufren.

No podemos dar la espalda a nuestros hermanos porque si no reconocemos a Jesús en el prójimo tampoco le reconoceremos en el Santísimo Sacramento del Altar. El mismo Jesucristo que nos dice “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre” es el que nos dice también: “Lo que hacéis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis”.

Caritas es la ayuda organizada de la Iglesia, de nuestras comunidades, a los más pobres y vulnerables. Lo que ellos hacen por los necesitados y empobrecidos, lo hacen en nuestro nombre, somos nosotros los que lo hacemos. Por eso apoyar y ayudar a sus proyectos es nuestro deber como creyentes que reconocen a su Señor, sin distinción, en el Santísimo sacramento y en el hermano que sufre.

 

sábado, 10 de febrero de 2024

DOMINGO VI TIEMPO ORDINARIO (B)

QUIERO, ¡QUEDA LIMPIO!


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

En este domingo celebramos, al mismo tiempo, dos campañas eclesiales.

Por un lado, por ser el 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, es la Jornada Mundial del Enfermo: un día para orar por todos los enfermos, conocidos o desconocidos, y, no menos importante, por quienes les asisten, a veces con una dedicación impresionante. Que no les falte, a ninguno de ellos, el consuelo y la fortaleza que da la fe.

Por otro lado, hoy celebramos la Campaña contra el Hambre de Manos Unidas. Este año, con el lema “El efecto ser humano” nos pide reflexionar sobre cuál es nuestra huella en el mundo y en la sociedad. Porque como seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor, de construir y de destruir la casa común de la Creación.

En la Palabra de Dios que se acaba de proclamar, aparece claro el tema de la enfermedad. En la Biblia la enfermedad aparece muy a menudo; es normal, ya que la enfermedad es uno de los grandes desafíos del ser humano. Al estar enfermos muchas de nuestras seguridades se tambalean y experimentamos que somos mucho más limitados de lo que nos pensamos.

Hoy, tanto en la primera lectura, tomada del libro del Levítico, escrito unos quinientos años antes del nacimiento de Cristo, como en el Evangelio aparece una de las enfermedades más temidas por el hombre antiguo: la lepra.

El libro del Levítico recoge las leyes que Moisés da a los israelitas para tratar los casos de lepra. Nos puede parecer muy dura, pero realmente buscaba el bien común en un momento en el que no existían apenas medios de higiene y curación. Visto desde un punto de vista positivo su intención es proteger a los sanos de contraer la enfermedad; también en la pandemia pasada vivimos decisiones muy duras que pretendían frenar un mayor contagio.

Pero las consecuencias de estas leyes para el enfermo de lepra eran terribles: pasaba a estar aislado de su familia, de su gente, solo podía estar en compañía de otros leprosos y fuera de los pueblos y ciudades. Además, con la mentalidad israelita de que las enfermedades son un castigo de Dios, una enfermedad tan temible tenía que ser el castigo de un gran pecado; por eso se le consideraba religiosamente impuro, no podía frecuentar las oraciones con el resto, quedaba señalado.

Solo los sacerdotes hebreos, puesto que se consideraba un castigo de Dios, podían decretar su sanación y su vuelta a la sociedad y a la religión. Se protegía a la comunidad, sí, pero se dañaba gravemente la dignidad y los sentimientos del enfermo concreto. Unían al dolor físico el dolor moral de la marginación y la exclusión total.

            En esto, como en tantas otras cosas, Jesucristo trae la novedad de Dios que quiere la felicidad y la plenitud de todos sus hijos e hijas sin excepción ni barrera alguna. Confiado en su actitud misericordiosa, en su bondad, el enfermo se acerca a Jesús, haciendo lo que según la ley del Levítico no podía hacer. Lo hace con confianza y humildad, reconociendo la capacidad de Jesús para curarlo: Si quieres puedes curarme.

Y Jesús compadecido de él, extendió la mano y lo tocó. El gesto de tocar a un leproso era algo inconcebible en aquella sociedad, porque significaba compartir su propia enfermedad, su impureza; para Jesús la dignidad de este hombre está por encima de su enfermedad. Y Jesús no solo lo toca, sino que lo cura.

La curación de Jesús no solo abarca a su enfermedad física, sino también al otro aspecto mucho más doloroso. La acción de Jesús le ha devuelto la salud, y también su dignidad como persona y como creyente, que es mucho más importante. Este descubrimiento de la persona, de cualquier persona, como Hijo de Dios, era lo que el Levítico no intuyó, pero que Jesús tenía claro que era lo principal.

     La lección de Jesús en este domingo, es por tanto, importantísima, las personas y sobre todo los necesitados, los que sufren, los rechazados por todos, son para Él, los preferidos. Y nos pide a los que decimos que creemos en Él, que también tengamos entrañas de misericordia con aquellos que cumplen estas condiciones y que vivan junto a nosotros. Con aquellos que solicitan nuestra ayuda, nuestra compañía, nuestro apoyo, en los momentos malos y duros por los que pasan. Y que nosotros no busquemos excusas para evitar nuestro compromiso.

En nuestra sociedad los leprosos, son todos aquellos que son excluidos con solo pronunciar su nombre, aquellos que nadie quiere, aquellos que no cuentan para nada, aquellos a los que de una forma sistemática se les niega primero su dignidad como Hijo de Dios, y eso para el creyente es algo fundamental, porque es lo mismo que negarle su dignidad como persona. Pensemos cada uno de nosotros en quienes son hoy esos leprosos situados al borde de nuestra sociedad.

       Le pedimos al Señor, en este domingo, que nos haga más sensibles a las necesidades de las personas que conocemos. En este domingo nos comprometemos a no poner barreras entre nosotros, a dejarnos afectar por lo que le ocurre al vecino, a luchar contra la tentación de la insensibilidad del corazón. Seamos en esto imitadores de Cristo, como dice san Pablo.

Señor, te pedimos por los pobres, por todos los que sufren, los que están solos o enfermos, los que necesitan de alguien y no encuentran a nadie que les ayude en su problema.

"EL EFECTO SER HUMANO" (Carta del obispo de León)


Queridos hermanos y hermanas:

    Cabría esperar de todo ser humano un cuidado esmerado de la creación, comenzando por sus semejantes. Sin embargo, no siempre es así, como pone de manifiesto la Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas este año con el sugerente lema “El efecto ser humano”. La única especie capaz de cambiar el planeta lo hace provocando su degradación y consecuente destrucción. La casa común, la madre tierra, es don de Dios para que toda la humanidad viva dignamente y alcance su plenitud.

    El papa Francisco en su exhortación apostólica Laudate Deum, publicada hace unos meses, advierte «que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre» (LD 2). La falta de preocupación por la casa común es también desatención de los excluidos, descartados, hambrientos de nuestro mundo, y conlleva una grave complicidad con las guerras que nos asolan y causan más deterioro, desigualdades y hambre.

    Cualquiera de nosotros, si nos sentimos seguros, con recursos suficientes, libres de bombardeos y amenazas cercanas, podemos terminar mostrándonos insolidarios y cometiendo pecado de omisión, abandonando a hermanos y hermanas que necesitan nuestra ayuda. Y no sirve que tranquilicemos nuestra conciencia con un justo y necesario —ojalá que generoso— donativo, como hemos de hacer en esta Campaña Contra el Hambre en el mundo de Manos Unidas con la Jornada del domingo 11 de febrero y el gesto del Ayuno Voluntario el viernes anterior, día 9.

    Urge que tomemos mayor conciencia y hagamos lo necesario para que nuestro efecto en la tierra no sea devastador, sino cuidadoso y responsable en la protección de la casa común. Quizá tengamos que comenzar por superar la insistencia en restar importancia o despreciar la cuestión. El mundo necesita transformaciones profundas y duraderas por el bien del planeta y, por tanto, cambios en las rutinas despreocupadas de cada persona y de la sociedad. Es otra dimensión más del proceso de “caminar juntos”, sinodalmente, como queremos hacer en la Iglesia, buscando encuentros y procurando sinergias entre nosotros y con otros.

    Los cristianos creemos en Dios Creador y debemos trabajar para que el ser humano no usurpe su lugar, como pretende o pretendemos tantas veces. En el conocimiento y encuentro con Jesucristo descubrimos el amor de Dios por la humanidad expresado en las maravillas de la creación, en cuyo centro Dios ha situado al ser humano, enviando a su Hijo para la salvación de todos.

    El regalo del Creador clama por un cuidado responsable. Como gritan hermanos y hermanas que sufren las consecuencias de la desnutrición y el hambre, de la desigualdad climática, de la guerra, de las carencias educativas, de las enfermedades olvidadas…

    El mundo dañado y dolorido sigue necesitando la Buena Noticia de la salvación de Jesucristo con su oferta de cuidado, curación, paz, justicia, libertad y fraternidad universal. “Cuidar” y “curar” es lo que el Maestro nos invita a hacer a su modo, desde el amor del Padre y con el impulso del Espíritu Santo, compartiendo lo que somos y tenemos para que toda persona humana viva dignamente.

En el nombre del Señor Jesús, trabajemos por una humanidad sin pobreza, sin hambre, sin enfermedades, sin guerras ni desigualdades. Es consecuencia del seguimiento de Jesús de Nazaret, de la decisión de ser sus discípulos misioneros y nos acercará más al Reino de Dios.

Con mi afecto y bendición.

✠ Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Obispo de León 

sábado, 3 de febrero de 2024

DOMINGO V TIEMPO ORDINARIO (B)

CURÓ A MUCHOS


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

    ¿Tiene sentido la vida humana con sus cansancios y sufrimientos? Con frecuencia, nos sentimos débiles e impotentes. ¿Qué decir?, ¿Qué hacer? No es tan sencillo. 

    Tampoco lo es para el creyente en el Dios de Jesús. Cuando se pasa mal, cuando lo pasamos mal, decimos: ¿Dónde está Dios? ¿Es acaso compatible creer en un Dios bueno y salvador con la desgracia, con el mal, con el sufrimiento de tanta gente y, sobre todo, con el de las personas inocentes?

    El calado de estas preguntas lo representa muy bien Job, en la primera lectura de hoy. El mal padecido injustamente le lleva a cuestionarse el sentido de todo a pesar de ser un gran creyente. Se pregunta por el proceder de Dios. ¿Cómo no sentirse identificado con sus reflexiones? Sus preguntas son las de cualquier persona de fe que está angustiada y asediada por el dolor. Sus dificultades son también las nuestras. La Palabra de este domingo es valiente y nos coloca frente al misterio del mal y su  relación con la fe en Dios.

    Lo interesante de las lecturas que se nos ofrecen en este domingo, tanto las reflexiones de Job como el evangelio, es que no intentan dar explicaciones teóricas en torno al problema del dolor o del sufrimiento, que quizás no sirven de mucho.

    Jesús sale de la sinagoga de Cafarnaum, donde le veíamos el domingo pasado enseñando con autoridad, y sana a cuantas personas encuentra en su camino. La primera en recibir su sanación es la suegra de Simón, que le acoge en su casa. Después atiende también a las multitudes que acuden a la puerta (“curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios”).

    Jesús no hace teorías sobre el mal o ante el sufrimiento de las personas, sencillamente intenta aliviarlo o hacerlo desaparecer. Dicho de otra forma: el Dios revelado por Jesucristo no quiere que la gente padezca el mal. Por eso hace todo lo posible por evitarlo. Es verdad que no sana a todos los enfermos de Israel, y es verdad que la enfermedad y el sufrimiento siguen estando ahí, pero atiende a cuantos se encuentra.

    Dios no quiere el sufrimiento, porque, de lo contrario, no habría mandado a su Hijo combatirlo. Sus palabras y acciones son, por así decirlo, una especie de cruzada contra el mal que daña a los hermanos, sea cual sea su causa, espiritual o corporal.

    Es relevante subrayar que este camino práctico contra el mal de Jesús solo se entiende desde la experiencia de Dios. Y hay aquí un dato que no se debe olvidar. Jesús, antes de curar, viene del encuentro con Dios en la sinagoga (en la Palabra) y, después, se retira a solas a orar. Lo que Jesús dice o hace para romper la experiencia del dolor de los hermanos brota de su relación con el Padre Dios. La auténtica experiencia de Dios no aleja, sino que acerca al mundo del dolor.

    En este sentido, el Dios de Jesús es un Dios compasivo y cercano que se identifica con el doliente y hace lo posible por aliviar su dolor. Esta cercanía es fruto del amor y llega, como sabemos, hasta el extremo de cargar con el sufrimiento de los demás.

     Hay aquí una enseñanza a retener. Dios no quiere el mal, como el ser humano no quiere el mal. La única receta frente a sus zarpazos es el amor, vía práctica que lo combate en términos de solidaridad y cercanía, de entrega generosa y ofrecimiento, de cercanía y compasión…

    Hay otro elemento a considerar: Jesús quiere luchar contra el mal allí donde este dañe al ser humano. Los discípulos encuentran a Jesús, que está en oración, y le dicen: “todo el mundo te busca”. Él responde: “Vámonos a otra parte para predicar también allí, que para eso he venido”. La misión del Maestro de Nazaret es una misión abierta. Tan abierta como los horizontes de lo humano y del mundo. Se trata de una misión universal. Ha de llegar a todos. Y esto porque el dolor y el mal, en la forma que sea, afectan a todos los hombres y mujeres del mundo.

    En clara correspondencia, la universalidad de la misión de Jesús conecta con nuestra misión de discípulos enviados al mundo entero, como él, a anunciar la Buena Noticia y a sanar.

    En la segunda lectura, Pablo da cuenta de ese ministerio, que es el que da sentido a su vida. Ministerio sostenido por la clave del amor y del servicio que brota del camino abierto por Jesucristo: “me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todos a todos para ganar, sea como sea, a a algunos. Y lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes”. 

    En este sentido, la Iglesia, como dice el papa Francisco es (o ha de ser) “un hospital de campaña”, “una Iglesia samaritana”. Su labor es la de luchar con las armas del evangelio contra el mal que daña al ser humano, sea el que sea.

    Última reflexión. ¿Tiene sentido la vida si hay mal? Según lo que la Palabra nos enseña en este quinto domingo del tiempo ordinario, desde la fe en el Dios encarnado, el sentido de la vida es, con y por Jesús, a través de la palabra y la acción movidas por el amor, tratar de acabar con el mal y el sufrimiento. 

    ¡Todo un desafío!

miércoles, 16 de agosto de 2023

SAN ROQUE. ROBLEDO 2023



HOMILÍA DE LA FIESTA

Saludo a las autoridades locales y municipales, hermanos y hermanas todos:

La fiesta de san Roque, tan popular y querido en infinidad de parroquias  del mundo rural, nos vuelve a reunir en Robledo. Como comunidad cristiana en este templo celebramos los acontecimientos más alegres y los más tristes de nuestra familia de bautizados.

Hoy toca celebrar uno particularmente alegre: la fiesta de san Roque, que sigue iluminándonos con el ejemplo de su vida cristiana de caridad. 

San Roque descubrió, e hizo vida, esa máxima que dice “hay más alegría en dar que en recibir”. Descubrió el sentido de su vida y la fuente de su alegría en consagrarse al cuidado de los últimos entre los últimos en aquel tiempo: los enfermos de la peste.

En aquellos enfermos llagados, deformes y abandonados, a los que nadie se atrevía a acercarse, descubría san Roque el rostro de Jesús crucificado. Quería aliviar la pasión de Cristo aliviando la enfermedad de sus hermanos, recordando que nos dijo el Señor: “lo que hacéis a uno de estos, los más pequeños, a mí me lo hacéis”.

Como huérfano y heredero del gobernador de Montpellier podía haber llevado una vida de comodidades y molicie, pensando sólo en sí mismo, pero se dio cuenta de que “¿De qué le vale a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”.

Como tantos otros jóvenes de la historia cristiana (San Francisco, San Ignacio de Loyola, san Antonio Abad y tantos otros...), que han querido llegar más allá de lo que el mundo considera normal y razonable, renunció a sus bienes y emprendió una peregrinación que tenía como meta las iglesias de Roma, la capital de la cristiandad.

Pero por el camino se le cruzaron los enfermos de la peste en Italia y san Roque entendió que el Señor, el mismo que quería encontrar en los templos romanos, estaba delante de él en los hermanos sufrientes. Peregrinaba hacia los templos de Roma y termino peregrinando hacia los enfermos hasta compartir con ellos su misma suerte y la enfermedad de la que se contagió.

Su ayuno de penitencia agradable a Dios fue el del profeta Isaías que hemos escuchado en la primera lectura: “soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, partir el pan con el hambriento, cubrir al que está desnudo y no desentenderse”.

Y dice el profeta: “entonces surgirá tu luz como la aurora”. Precisamente en la historia de san Roque ocurre esto, porque cuando el dueño del perrito que robaba un día tras otro el pan para llevárselo a Roque, que estaba enfermo en una cueva retirada para no serle gravoso a nadie, descubrió al ermitaño vio que de él manaba un resplandor que no era de este mundo. 

La luz de la caridad hasta el extremo era la que desprendía san Roque.

Los santos siempre desprenden la luz de Jesús, los de antes y los de ahora, también los santos cotidianos "de la puerta de al lado" que, como dice el Papa Francisco, comparten la vida con nosotros. 

"Vosotros sois la luz del mundo". Y hay muchos cristianos que viven consagrados a los enfermos en las casas, a los pobres en comedores sociales, a los huérfanos de la guerra o del sida en países del tercer mundo y desprenden la luz de Cristo, son su luz para el mundo.

Son los benditos del Padre, como les llama el evangelio que acabamos de escuchar.

El Papa Francisco en el encuentro con los jóvenes de la reciente JMJ (y aquí tenemos a varios de nuestros jóvenes que participaron) también les habló de brillar con la luz de Jesús a propósito del evangelio de la Transfiguración. Lo que les dijo nos vale a todos:

"Pero quisiera decirles que no nos volvemos luminosos cuando nos ponemos debajo de los reflectores, no, eso encandila.

No nos volvemos luminosos cuando mostramos una imagen perfecta, bien prolijitos, bien terminaditos; no, no, aunque nos sintamos fuertes y exitosos. Fuertes y exitosos, pero no luminosos.

Nos volvemos luminosos, brillamos, cuando, acogiendo a Jesús, aprendemos a amar como Él. Amar como Jesús, eso nos hace luminosos, eso nos lleva a hacer obras de amor. No te engañes, amiga, amigo, vas a ser luz el día que hagas obras de amor. Pero cuando en vez de hacer obras de amor hacia afuera, mirás a vos mismo, como un egoísta, ahí la luz se apaga"

martes, 21 de febrero de 2023

CELEBRACIÓN COMUNITARIA DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS 2023

 

 ¿Está enfermo alguno de vosotros? Que llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado” 

(Carta de Santiago 5,14-15)


MIÉRCOLES 1 DE MARZO

5 DE LA TARDE

CAPILLA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD DE VILLAOBISPO

 

 

PUEDEN RECIBIR EL SACRAMENTO LOS ANCIANOS, LOS ENFERMOS Y QUIENES SE PREPARAN PARA ALGÚN TRATAMIENTO MÉDICO U OPERACIÓN.


SI ALGUNA FAMILIA TIENE UNA PERSONA ENFERMA EN CASA A LA QUE NO SE PUEDA MOVER, PUEDE SOLICITAR QUE LA VISITE EL SACERDOTE.


CATEQUESIS DEL PAPA SOBRE ESTE SACRAMENTO:


jueves, 8 de diciembre de 2022

PROGRAMA DE NAVIDAD 2022


CONCIERTO DE NAVIDAD CORO VEGAZANA

SÁBADO 10 DE DICIEMBRE 18:30 H. IGLESIA PARROQUIAL DE VILLARRODRIGO

POSTERIOR INAUGURACIÓN DEL MERCADILLO SOLIDARIO DE NAVIDAD PARA CARITAS CON CHOCOLATADA SOLIDARIA EN EL SALÓN PARROQUIAL.


MERCADILLO SOLIDARIO DE NAVIDAD DE CÁRITAS DE LA U.P

DEL 12 AL 16 DE DICIEMBRE

DE 17:00 A 20:00 HORAS

SALÓN PARROQUIAL VILLARRODRIGO


CONCIERTO DE NAVIDAD CORO VOCES DEL TORIO

MARTES 13 DE DICIEMBRE 19:00 H. IGLESIA PARROQUIAL DE VILLAOBISPO


CONCIERTO DE NAVIDAD CORO VOCES DEL TORIO

SÁBADO 17 DE DICIEMBRE 19:00 H. IGLESIA PARROQUIAL DE VILLANUEVA


EUCARISTIA VESPERTINA DE NAVIDAD Y REPRESENTACIÓN DE LA PASTORADA

SÁBADO 24 DE DICIEMBRE 18:00 H. IGLESIA PARROQUIAL DE VILLAMOROS


EUCARISTIA DE NAVIDAD Y REPRESENTACIÓN DE LA TRADICIONAL PASTORADA

DOMINGO 25 DE DICIEMBRE 13:00 H. IGLESIA PARROQUIAL DE ROBLEDO


EUCARISTÍA DE LA EPIFANÍA Y REPRESENTACIÓN DEL AUTO DE REYES

VIERNES 6 DE ENERO 13:00 H. IGLESIA PARROQUIAL DE ROBLEDO


VISITA A LOS BELENES EN LAS IGLESIAS DE LA UNIDAD PASTORAL

sábado, 24 de septiembre de 2022

DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

 ABRE LOS OJOS PARA VER A LÁZARO


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

Llevamos ya varios meses en los que los medios de comunicación nos anuncian, continuamente, que van a llegar dificultades económicas, escasez y la tan temida crisis. Nos dicen que serán muchas las familias que no puedan conseguir lo necesario para alimentarse o que no puedan encender la calefacción este invierno.

Parece que el pesimismo y el desánimo nos va calando un poco, o un mucho, a todos. ¿Cuál ha de ser nuestra reacción como cristianos ante estas dificultades que se avecinan?

Una reacción muy humana puede ser la de ponerse en guardia y a la defensiva, ahorrar y evitar el gasto superfluo por lo que pueda pasar… ¿basta con esto?

Escuchemos bien el mensaje de la Palabra de Dios en este domingo. Abramos los ojos y, sobre todo, abramos el corazón como el Señor Jesús nos pide, a los que tienen menos y están sufriendo más estrecheces que nosotros.

Jesús dirige su parábola a los fariseos, de los que se dice que eran amigos del dinero, que se reían y despreciaban sus enseñanzas sobre las riquezas, como las del domingo pasado: “ganaos amigos con las riquezas injustas para que os reciban en las moradas eternas”.

Aquel rico de la parábola, Epulón, cuyo nombre significa “el banqueteador”, no acaba en el lugar del tormento y de perdición por haber robado o matado. No se dice que hiciera ninguna de estas dos cosas y puede que hasta su riqueza la haya ganado rectamente… pero el motivo de su castigo, de su infelicidad eterna, es su insensibilidad y su ceguera.

Vivía tan bien, tan instalado en su zona de confort, rodeado de bienestar y capricho, que no fue capaz de ver que quien sufría a su puerta, llagado, enfermo, hambriento, era un hermano que tenía un nombre, Lázaro, y una dignidad inalienable como hijo de Dios.

Dejó pasar la oportunidad de compartir lo que tenía con él, de hacer el bien con sus riquezas, de renunciar con amor a algo de lo suyo para mejorar la vida del que penaba a su puerta. 

Cuando el tiempo de su vida se terminó, y se termina igual para ricos que para pobres, sus oportunidades se terminaron. Ya nada podía hacer para remediar su vida echada a perder por no haber vivido para los demás, sino para sí mismo.

Seguramente habría escuchado tantas veces las palabras de advertencia del profeta Amós “Ay de aquellos que se sientan seguros en lechos de marfil, banqueteando, pero no se conmueven. Irán los primeros al destierro”. Pero pensaría que aquello no iba dirigido a él, que eso no le iba a pasar nunca.

Puede que nos pase a nosotros lo mismo. Escuchamos la Palabra, con su llamada insistente a compartir, a pensar en los que más sufren, a poner de nuestra parte lo que podamos, pero sentimos que no va dirigida a nosotros, que no somos lo suficientemente ricos para tener que compartir, que la pobreza es inevitable y lo que hagamos no va a cambiar nada…

Ante las situaciones de crisis no basta para un cristiano con la reacción temerosa de guardar. Debe movernos, en cambio, a la generosidad, a compartir, preferentemente a través de la caridad bien organizada de la Iglesia, como Caritas, Manos Unidas o las misiones católicas.

“Guarda el mandamiento sin mancha ni reproche” nos dice el apóstol Pablo. Y el mandamiento de Jesús es el que conocemos tan bien: “Amaos unos a otros como yo os he amado”.

sábado, 30 de julio de 2022

DOMINGO XVIII TIEMPO ORDINARIO (ciclo C)

 GUARDAOS DE LA CODICIA

COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

La Palabra de Dios que escuchamos cada domingo siempre es una invitación a pensar acerca del sentido de nuestra vida: ¿estamos guiándonos por valores auténticos, de los que engrandecen la persona, de los que nos hacen crecer humanamente… o nos guiamos por contravalores que nos alienan y desecan nuestro espíritu?

Las lecturas son como un espejo en el que mirarnos y ver cómo estamos, al menos una vez por semana.

Y este domingo la pregunta que nos lanza la Palabra es: ¿nos relacionamos cristiana y evangélicamente con el dinero y los bienes materiales? Esta pregunta aparece planteada en las tres lecturas: en la primera del libro del Eclesiastés, con su mirada pesimista, pero realista, sobre la vida del hombre. También en el evangelio, con la parábola del hombre rico pero necio. Y en la segunda lectura, con la invitación de San Pablo a buscar los bienes de arriba, los que no pasan nunca.

El evangelio es siempre el centro de las lecturas que se proclaman. Resulta que a Jesús le pide un hombre que sea juez en una cuestión espinosa que entonces, como ahora, trae, a menudo, disgustos y enfrentamientos: el reparto de una herencia. Cuantas veces las familias se fracturan, puede que para siempre, por los repartos de las herencias; se daña así el valor más grande, que es la armonía familiar, por el valor más pequeño y perecedero, que es el dinero y las posesiones.

Jesús no quiere ser árbitro de ese reparto entre hermanos, pero aprovecha la cuestión para enseñar algo más importante a una parte y a la otra: no os dejéis llevar por la codicia, no convirtáis los bienes materiales, que son solo un instrumento, en el centro de la vida, como si de ellos se pudiese esperar la salvación y la alegría completas.

San Pablo lo dice de otro modo: apartaos de la codicia y la avaricia, que son una forma de idolatría. Se puede hacer del dinero y del consumo, del bienestar, un ídolo que suplanta el lugar primero de la vida que debe ocupar únicamente Dios.

La parábola con la que Jesús ilustra la enseñanza, se entiende perfectamente, porque ha ocurrido y sigue ocurriendo muchas veces. Un hombre ha tenido una gran cosecha; seguramente ha trabajado mucho para obtenerla, se ha esforzado con acierto y sacrificio. No es malo que haya obtenido toda esta riqueza de su trabajo honrado.

Pero se le llama necio; no porque sea rico, sino porque se ha creído que su vida se la garantizaría los bienes acumulados, se ha imaginado que con almacenarlos y disfrutarlos es más que suficiente. No es malo, es necio, se ha equivocado, ha atesorado sus riquezas, pero no las ha aprovechado para hacerse rico ante Dios en buenas obras de generosidad, de compartir, de hacer el bien. Eso era lo que podía haberle hecho rico de verdad, rico de espíritu, rico de humanidad, rico en el único tesoro que podrá llevarse cuando deje esta vida terrena.

“Buscad los bienes de allí arriba, no los de la tierra”. Por supuesto que necesitamos el dinero para vivir en este mundo, en el que necesitamos alimento, vestido, comida y otras cosas. Pero todo eso son solo instrumentos que debemos usar responsablemente, sin dejar que se apoderen de nosotros, que ocupen nuestro pensamiento y nuestras ilusiones, como si fuesen el centro de la vida. Porque entonces seremos necios que no saben que su vida está en las manos de Dios, que estamos aquí de paso y que, al final, no nos preguntarán cuanto acumulamos, sino cuanto amor dimos.

La Palabra de Dios de este domingo nos previene y enseña para que no nos equivoquemos, ya que las riquezas, sean muchas o pocas, pueden convertirse en ídolos falsos a los que sacrificamos las relaciones familiares y de amistad, la salud, la paz interior, el equilibrio necesario…

Usemos lo que tenemos con sencillez y modestia, con alegría y paz, y aprovechemos que tenemos, poco o mucho, para hacer el bien que podamos. Como le gusta repetir al Papa Francisco “ningún sudario de difuntos tiene bolsillos y a ningún cortejo fúnebre le sigue un camión de mudanzas”. Los tesoros que nos acompañarán serán las obras de amor y generosidad.

miércoles, 20 de julio de 2022

II JORNADA DE LOS ABUELOS Y LOS MAYORES. 2022

 

Como ya hicimos el año pasado en la Unidad Pastoral, vamos a unir la Jornada de los Abuelos y Mayores, impulsada por el Papa Francisco, a la celebración de Santiago Apóstol, patrono de la parroquia de Villamoros de las Regueras. 

El próximo domingo, 24 de julio, el más cercano a la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, a las 13 horas, tendremos la Misa solemne en el Parque de Villamoros, que comenzará con la procesión de la imagen del Santo Apóstol por las calles del pueblo. 

Al término de la Misa, en la que les tendremos muy presentes, obsequiaremos, con la generosa colaboración de la Junta Vecinal de Villamoros, a los mayores de nuestras parroquias que estén presentes con una planta y el mensaje del Papa para esta jornada 2022.


Puedes leer el mensaje del Papa en este enlace:

MENSAJE 2022

DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO (ciclo A)

 NO GUARDES RENCOR A TU PRÓJIMO COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA      “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en...