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miércoles, 5 de marzo de 2025

MENSAJE PAPA FRANCISCO CUARESMA 2025

 CAMINEMOS JUNTOS EN LA ESPERANZA

Queridos hermanos y hermanas:

Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3) [1].

En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.

Antes que nada, caminarEl lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos.

Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿Cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.

En segundo lugar, hagamos este viaje juntos. La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales [2]. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos [3]. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.

En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades. Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos [4]. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.

En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la esperanza de una promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del Jubileo [5], sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)» [6]. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado [7], y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.

Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?  

Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme [8]. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» ( 1 Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3) [9].

Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.

martes, 3 de septiembre de 2024

GRUPOS DE LECTURA CREYENTE DE LA BIBLIA

 

GRUPOS DE LECTURA CREYENTE DE LA BIBLIA

CURSO 2024-2025



GRUPO DE VILLARRODRIGO DE LAS REGUERAS

REUNIÓN: LUNES A LAS 18 HORAS EN EL SALÓN PARROQUIAL DE VILLARRODRIGO (C/Juan Fernández García, nº 30, bajo)

Inicio: Lunes 23 de septiembre

                                                                       

GRUPO DE VILLAOBISPO DE LAS REGUERAS

REUNIÓN: VIERNES A LAS 18:30 HORAS EN LA CASA PROVINCIAL DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD (C/ Real, 20)

Inicio: Viernes 4 de octubre


*No es necesario tener conocimientos previos de Biblia.


Conocer la Biblia es entrar a un mundo maravilloso, te permite conocer mejor a Dios, conocerte a ti mismo y a los demás.

jueves, 29 de agosto de 2024

COMIENZO DE LA CATEQUESIS PARROQUIAL

 Buenos días familias.


Como cada año al llegar estas fechas de cercanía al inicio del curso os hacemos llegar la propuesta de la Catequesis de Iniciación Cristiana.
Como ya sabéis es una ayuda, que creemos valiosa, para el crecimiento en la fe de vuestros hijos.


 Es una catequesis familiar porque se hace con y para las familias.
Y es una catequesis parroquial porque detrás está la comunidad cristiana de las parroquias que forman nuestra Unidad Pastoral.


Queremos comenzar el *jueves 10 de octubre a las 18:30* en las dependencias de las Hijas de la Caridad con un encuentro para todos los niveles. 


Ya a la semana siguiente el jueves a la misma hora empezaría primero y segundo (esta semana no habría los miércoles) y el viernes a la misma hora tercero y post-comunión.
Os esperamos a todos y deseamos que sea un curso feliz y lleno de momentos importantes.



miércoles, 13 de diciembre de 2023

¿POR QUÉ PONER UN BELÉN EN CASA? Responde el Papa Francisco

 


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Dentro de una semana será Navidad. En estos días, mientras corremos para hacer los preparativos de la fiesta, podemos preguntarnos: “¿Cómo me preparo para el nacimiento del festejado?” Un modo sencillo pero eficaz de prepararse es hacer el belén Este año yo también he seguido este camino: fui a Greccio, donde San Francisco hizo el primer belén, con los lugareños. Y escribí una carta para recordar el significado de esta tradición, lo que significa el belén en el tiempo de Navidad.

En efecto, el pesebre «es como un Evangelio vivo» (Carta apostólica Admirabile signum, 1). Lleva el Evangelio a los lugares donde uno vive: a las casas, a las escuelas, a los lugares de trabajo y de reunión, a los hospitales y a las residencias de ancianos, a las cárceles y a las plazas. Y allí donde vivimos nos recuerda algo esencial: que Dios no permaneció invisible en el cielo, sino que vino a la Tierra, se hizo hombre, un niño. Hacer el pesebre es celebrar la cercanía de Dios. Dios siempre estuvo cerca de su pueblo, pero cuando se encarnó y nació, estuvo muy cerca, muy cerca. Hacer el belén es celebrar la cercanía de Dios, es redescubrir que Dios es real, concreto, vivo y palpitante. Dios no es un señor lejano ni un juez distante, sino Amor humilde, descendido hasta nosotros. El Niño en el pesebre nos transmite su ternura. Algunas figuritas representan al Niño con los brazos abiertos, para decirnos que Dios vino a abrazar nuestra humanidad. Entonces es bonito estar delante del pesebre y allí confiar nuestras vidas al Señor, hablarle de las personas y situaciones que nos importan, hacer con Él un balance del año que está llegando a su fin, compartir nuestras expectativas y preocupaciones.

Junto a Jesús vemos a la Virgen y a san José. Podemos imaginar los pensamientos y sentimientos que tuvieron cuando el Niño nació en la pobreza: alegría, pero también consternación. Y también podemos invitar a la Sagrada Familia a nuestra casa, donde hay alegrías y preocupaciones, donde cada día nos levantamos, comemos y dormimos cerca de nuestros seres queridos. El pesebre es un Evangelio doméstico. La palabra pesebre significa literalmente “comedero”, mientras que la ciudad del pesebre, Belén, significa “casa del pan”. Pesebre y casa del pan: el belén que hacemos en casa, donde compartimos comida y afecto, nos recuerda que Jesús es el alimento, el pan de vida (cf. Jn 6,34). Es Él quien alimenta nuestro amor, es Él quien da a nuestras familias la fuerza para seguir adelante y perdonarnos.

El pesebre nos ofrece otra enseñanza de vida. En los ritmos de hoy, a veces frenéticos, es una invitación a la contemplación. Nos recuerda la importancia de detenernos. Porque sólo cuando sabemos recogernos podemos acoger lo que cuenta en la vida. Sólo si dejamos el estruendo del mundo fuera de nuestras casas nos abrimos a escuchar a Dios, que habla en silencio. El pesebre es actual, es la actualidad de cada familia. Ayer me regalaron una figura de un belén especial, una pequeña, llamada: “Dejemos descansar a mamá”. Representaba a la Virgen dormida y a José que hacía que el Niño se durmiera. Cuántos de vosotros tienen que repartir la noche entre marido y mujer por el niño o la niña que llora, llora, llora, llora. “Dejemos que mamá descanse” es la ternura de una familia, de un matrimonio.

El pesebre es más actual que nunca, cuando cada día se fabrican en el mundo tantas armas y tantas imágenes violentas que entran por los ojos y el corazón. El pesebre es, en cambio, una imagen artesanal de la paz. Por eso es un Evangelio vivo.

Queridos hermanos y hermanas, del pesebre podemos sacar también una enseñanza sobre el sentido mismo de la vida. Vemos escenas cotidianas: los pastores con las ovejas, los herreros que baten el yunque, los molineros que hacen pan; a veces se insertan paisajes y situaciones de nuestros territorios. Está bien, porque el pesebre nos recuerda que Jesús viene a nuestra vida concreta. Y esto es importante. Hacer un pequeño belén, en casa, siempre, porque es el recuerdo de Dios que vino entre nosotros, nació entre nosotros, nos acompaña en la vida, es hombre como nosotros, se hizo hombre como nosotros. En la vida diaria ya no estamos solos, Él vive con nosotros. No cambia mágicamente las cosas pero, si lo acogemos, todo puede cambiar. Os deseo, entonces, que hacer el pesebre sea la ocasión de invitar a Jesús a la vida. Cuando hacemos el belén en casa, es como si abriéramos la puerta y dijéramos: “Jesús, ¡entra!”, es hacer concreta esta cercanía, esta invitación a Jesús para que venga a nuestra vida. Porque si Él habita nuestra vida, la vida renace. Y si la vida renace es de verdad Navidad. ¡Feliz Navidad a todos!


miércoles, 29 de noviembre de 2023

ADVIENTO: EL SEÑOR ESTÁ CERCA

 

 

Esta sencilla reflexión quiere ayudarnos a entrar, con la mente y con el corazón, en el precioso tiempo litúrgico del adviento, que se abrirá ante nosotros este próximo domingo.

Es realmente un tiempo precioso, y no solo porque nos anuncia la inminente ternura de la Navidad, el nacimiento de un niño adorable, que espera ser acogido y amado, al que reconocemos como el Emmanuel, sino porque es un tiempo privilegiado para cultivar actitudes espirituales tan importantes en la vida cristiana como son la vigilancia, la esperanza, la conversión y la alegría. Siempre se ha dicho que es uno de los “tiempos fuertes” del año litúrgico cristiano.

Para nuestra sociedad el adviento es ya un tiempo desconocido; solo se habla de él en ambientes cristianos como este en el que estamos, en los templos, en las catequesis y en las clases de religión. Lo que importa para el mundo es adelantar la Navidad lo más posible, el encendido de las luces, la decoración, los productos rebajados... Con ello se busca únicamente aumentar de modo irracional el consumo, esperando de este lo que no puede ofrecer: un sentido para estas fiestas navideñas.

Para muchos hermanos nuestros, aunque lo intenten año tras año, como en aquel mito de Sísifo en que debía llevar cuesta arriba la pesada piedra que volvía a rodar cuesta abajo, la Navidad resulta una experiencia agotadora y frustrante. Se espera de ella lo que no puede ofrecer cuando su centro ya no es el acontecimiento por el que merece la pena que sea celebrada. Nuestra sociedad, en tantos aspectos ya post-cristiana, está condenada a vivir una Navidad sin sentido por haberla despojado de su verdadero centro, que es el nacimiento de Dios hecho hombre.

La Iglesia Madre nos recuerda a sus hijos cada año que necesitamos de la preparación intensa del Adviento para disponernos a la Navidad; en la medida en que lo vivamos con tensión espiritual de espera y esperanza, la Navidad resultará más o menos significativa para nosotros. Un buen Adviento, desde el punto de vista espiritual y cristiano, es garantía de una buena Navidad, vivida con pleno sentido y hondura.

Necesitamos de estas cuatro semanas, en las que la pedagogía de la liturgia de la Iglesia nos va llevando de la mano. La liturgia tiene mucho de pedagogía de Dios y de su Iglesia con nosotros: no se trata de celebrar acontecimientos del pasado como si fuesen aniversarios para el recuerdo. El pasado es pasado y ya no cambia el presente, se dice con razón. Pero en las celebraciones litúrgicas no hacemos una simple memoria, sino un memorial, que actualiza la salvación que una vez se realizó en la historia de la salvación. Lo que ya sucedió no vuelve a suceder, pero nosotros somos introducidos al celebrar en esa corriente de gracia que no cesa, la historia de la salvación.

Nos lo ha dicho el Papa Francisco en su reciente carta sobre la liturgia Desiderio desideravi: “La liturgia es lugar del encuentro con Cristo” y  es el “Hoy de la historia de la salvación”. Lo que ya sucedió al comienzo de la era cristiana se vuelve presente para nuestra salvación. Es algo que descubrimos bien si nos detenemos a ver los prefacios de las misas de la Navidad, que suelen ser oraciones que a los fieles les pasan desapercibidas:

Prefacio II Navidad: Porque en el misterio santo que hoy celebramos, el que era invisible en su naturaleza se hace visible al adoptar la nuestra; el Eterno, engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para reconstruir todo el universo al asumir en sí todo lo caído, para llamar de nuevo al reino de los cielos al hombre descarriado.

Prefacio III Navidad: Por él, hoy resplandece el maravilloso intercambio de nuestra redención: porque al asumir tu Verbo nuestra debilidad, no sólo asume dignidad eterna nuestra naturaleza humana, sino que esta unión admirable nos hace a nosotros eternos.

En ambos textos aparece repetido la palabra “hoy” y los verbos están en presente: es el presente eterno de Dios del que podemos participar a través de la liturgia de la Iglesia. Como dice el Papa “aquí está toda la poderosa belleza de la Liturgia”.

Si el adviento es el itinerario pedagógico del que Dios se vale, por medio de la liturgia de la Iglesia, para acrecentar en nosotros la espera de su Hijo, lo mejor y lo más provechoso que podemos hacer, es acercarnos a cada uno de los mensajes que la Palabra de Dios nos ofrece, especialmente en los cuatro domingos que viviremos.

El primer domingo, 3 de diciembre, nos situará ante la primera actitud espiritual propia del adviento: la vigilancia y la vela. El profeta Isaías suplica la intervención de Dios, padre y libertador, en la historia humana: ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!

Aunque la humanidad se ha extraviado en la impureza y en la injusticia y se marchita por la culpa, la compasión de Dios le hará intervenir. Isaías dice que esa intervención será por amor del Señor y recreará a los pueblos como el alfarero recrea la arcilla. La suplica del profeta de Israel es escuchada, Dios rasga los cielos y desciende, pero no en el modo en el que este esperaba, estremeciendo las montañas, sino con la carne humana de Jesús.

Pero su súplica nos pone a nosotros, creyentes del siglo XXI, en sintonía de seguir esperando, ahora ya la segunda y definitiva venida del Señor.

Este es el mensaje fundamental del primer domingo de adviento: estad atentos, vigilad, pues no sabéis cuál es el momento. El mal criado se olvida de estar despierto a la llegada de su señor, deja que su mente y corazón se emboten porque se retrasa y su regreso inesperado le encuentra dormido. Jesús nos invita a lo contrario: la vigilancia, vivir despiertos, siendo conscientes de que aguardamos aún su manifestación definitiva, como nos dice el apóstol Pablo.

¿Cómo está nuestra esperanza? ¿Esperamos todavía algo? ¿Esperamos al Señor que está cerca y su espera nos mantiene vivos y comprometidos con el trabajo por su Reino?

En el segundo domingo, 10 de diciembre, el evangelio dará todo el protagonismo a Juan Bautista y, con él, a la segunda actitud espiritual del adviento: la conversión.

Ya el profeta Isaías, siglos antes, había anunciado que un hombre sería la voz de Dios que grita pidiendo a los hombres preparar el camino al Señor que ha de llegar: los valles de miedo y tristeza deben ser levantados, los montes elevados de orgullos y vanidades deben ser abajados, los caminos torcidos y escabrosos del pecado deben ser enderezados. Dios viene como pastor a apacentar a su rebaño, cuidando de las ovejas más débiles o perdidas. La austeridad en el desierto del Bautista lo identifica como esa voz que había sido profetizada: en el desierto bautiza con un lavado de purificación que dispone a acoger a quien bautiza con el fuego del Espíritu. 

¿Cómo están los caminos de nuestro corazón este adviento del 2023 para que el Señor esperado pueda llegar a visitarnos con su salvación?

El domingo tercero, 17 de diciembre, el domingo Gaudete, será diferente a los dos anteriores: la actitud espiritual a vivir es ya la alegría porque el Señor está más cerca. El profeta Isaías desborda de gozo porque el Señor le ha ungido derramando sobre él el Espíritu Santo, y enviándole a llevar su compasión y salud a cuantos sufren. Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios.

Juan Bautista vive la alegría de ser el testigo de la luz y la voz que grita en el desierto. Todos podemos experimentar esta alegría honda de evangelizar, de la que tantas veces nos ha hablado el Papa Francisco desde el comienzo de su pontificado: la dulce alegría de haber sido escogidos y enviados por el bautismo para proclamar la buena noticia que necesita el mundo.

Pidamos ese don de la alegría evangélica al que nos exhorta también el apóstol Pablo en su segunda lectura: “estad siempre alegres” y que es compatible con las dificultades y sufrimientos de la vida, porque esta alegría brota de la fe, no de la ausencia de problemas.

A partir del domingo tercero, que este año será el 17 de diciembre, y hasta el 24, el adviento entra en una etapa especial, las llamadas ferias mayores del adviento, que son los ocho días previos a la Solemnidad de la Natividad del Señor; la liturgia se centra entonces con mayor énfasis en la preparación de la conmemoración anual del nacimiento del Redentor.

En el cuarto y último domingo el protagonismo será todo para la Virgen María, que recibe el anuncio del ángel y la actitud espiritual a trabajar es la espera activa y la acogida. El rey David recibe el anuncio profético de una esperanza que debe aceptar por la fe, porque no la verá realizada, un reinado definitivo sobre la casa de Israel de alguien de su descendencia, un rey que reinará para siempre, al que Dios tendrá por hijo y que llamará a Dios Padre. ¿Cómo será eso pues no conozco a varón? A la Virgen María le toca aceptar por la fe los planes de Dios que le han sido revelados; en ella el anuncio encuentra la fe más pura y firme “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”.

En la Virgen María, protagonista del último domingo del adviento, todas las actitudes espirituales propuestas para las semanas anteriores, encuentran su plenitud. Ella es la virgen que vela, la hija de Israel que, participando de las esperanzas y súplicas de los profetas de su pueblo y de los pobres de la tierra, ora a Dios “ojalá rasgases el cielo y descendieses, vinieses a visitar a tu pueblo”. En vela la encuentra el anuncio del ángel del cielo de que va a ser la madre del esperado.

Ella nos estimula como nadie a vivir la actitud de la conversión; no porque la necesite la que está preservada de toda mancha de pecado, sino porque nos muestra por qué debemos enderezar sendas y caminos: para ser una senda recta como ella por la que el Salvador pueda venir a nuestro encuentro. En María, el plan salvador de Dios no encontró obstáculo alguno, ninguna senda extraviada, ningún valle profundo ni montaña empinada.

En ella la alegría es plena, es la alegría honda de Dios que tienen aquellos que le pertenecen por entero y sin reservas. En su Magnificat, con el que la Iglesia ora cada atardecer en el rezo de vísperas, María proclama la grandeza del Señor y se alegra su espíritu en Dios su salvador.

De la mano de la Virgen María y con la liturgia que la Iglesia nos propone, especialmente en la Palabra de Dios de los cuatro domingos, entremos con nuestros hermanos, experimentando la alegría de caminar con otros y no solos, en este tiempo hermoso y siempre nuevo del adviento, el tiempo de las promesas de Dios.

Ella es la que nos puede enseñar mejor a vivirlo plenamente, como nos dice el Papa Francisco (mensaje adviento 2022):

Hermanos y hermanas, en este tiempo de Adviento, ¡sacudamos el letargo y despertemos del sueño! Preguntémonos: ¿soy consciente de lo que vivo, estoy alerta, estoy despierto? ¿Estoy tratando de reconocer la presencia de Dios en las situaciones cotidianas, o estoy distraído y un poco abrumado por las cosas? Si no somos conscientes de su venida hoy, tampoco estaremos preparados cuando venga al final de los tiempos. Por lo tanto, hermanos y hermanas, ¡permanezcamos vigilantes! Esperando que el Señor venga, esperando que el Señor se acerque a nosotros, porque está ahí, pero esperando: atentos. Y la Virgen Santa, Mujer de la espera, que supo captar el paso de Dios en la vida humilde y oculta de Nazaret y lo acogió en su seno. Nos ayude en este camino a estar atentos para esperar al Señor que está entre nosotros y pasa.

miércoles, 7 de septiembre de 2022

COMIENZO DE LA CATEQUESIS DE INICIACIÓN CRISTIANA 2022-2023

 


Queridas Familias de nuestra Unidad Pastoral:

Después del parón veraniego y del merecido descanso de las rutinas del curso, que esperamos hayáis tenido todos, volvemos con ilusión para iniciar un nuevo curso de la Catequesis de iniciación cristiana.

Como siempre os hemos dicho, y es bueno recordarlo una vez más, lo que nosotros hacemos en la catequesis no es más que un apoyo que presta la comunidad parroquial, por medio del servicio generoso e ilusionado de los catequistas, al crecimiento en la fe de vuestros hijos. Pero nada suple lo que hagáis en el hogar, que es donde mejor se aprende a valorar la fe y donde primero ha de vivirse.

Quisiéramos que, al igual que nosotros os apoyamos en la formación en la fe, que tanto bien hace a los niños para que crezcan sanos de mente y espíritu en una sociedad tan confusa como la que vivimos, también vosotros apoyéis la tarea de la catequesis dándole el valor que tiene, procurando la asistencia puntual de los chicos a las sesiones y a las celebraciones y participando vosotros en cuanto os sea posible.

Os informamos de los horarios, que ya sabéis, para que podáis ir planeando la semana y previendo, sobre todo, que no haya actividades que interfieran en la catequesis el día que corresponde. Os recuerdo los días:

1º curso: miércoles a las 18:30 (cada 15 días)

2º curso: jueves a las 18:30

 3º curso: viernes a las 18:30

Postcomunión CAMINANDO JUNTOS (4º, 5º y 6º): viernes de 18:30 a 20:00 (cada 15 días)

Curso de la Confirmación: viernes a las 18:30

 

Como veis, mantenemos los horarios, excepto en los cursos que siguen a la Primera Comunión, con los que queremos comenzar algo diferente este curso, más dinámico, juntando más a los grupos, de modo que sea una experiencia distinta a la de los cursos anteriores. De esta manera confiamos en que les resulte más agradable y, al mismo tiempo que van conociendo más la fe, puedan divertirse en grupo.

Comenzaremos con los de Primero el 28 de septiembre, con los de Segundo el 6 de octubre y los de Tercero y Post-Comunión el 7 de octubre

El lugar será el de siempre, en la Casa de las Hijas de la Caridad de Villaobispo (C/Real, 20)

Esos días haremos las inscripciones y demás.

Hasta muy pronto.

 

Párroco y equipo de catequistas

lunes, 17 de enero de 2022

COMIENZA EL GRUPO SINODAL DE NUESTRA UNIDAD PASTORAL


    La Iglesia ha puesto en marcha un nuevo SÍNODO. El tema del Sínodo, convocado por el Papa Francisco, es: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Las tres dimensiones del tema son la comunión, la participación y la misión.

    Esta palabra significa, literalmente, caminar juntos, buscar juntos los caminos por los que deben caminar nuestras comunidades cristianas en el tiempo nuevo que estamos viviendo. 

    Ahora hemos comenzado lo que se llama la fase diocesana del Sínodo El objetivo de esta fase  es consultar al Pueblo de Dios para que el Proceso Sinodal se realice a través de la escucha de todos los bautizados. Al convocar este Sínodo, el Papa Francisco invita a todos los bautizados a participar en este Proceso Sinodal que comienza a nivel diocesano.

    Juntos, todos los bautizados son el objeto del sensus fidelium, la voz viva del Pueblo de Dios. Al mismo tiempo, para participar plenamente en el acto de discernimiento, es importante que los bautizados escuchen las voces de otras personas en su contexto local, incluidas las personas que han dejado la práctica de la fe, las personas de otras tradiciones de fe, las personas sin creencias religiosas, etc.

    Esta fase diocesana es una oportunidad para que las parroquias y las diócesis encuentren, experimenten y vivan juntas el camino sinodal, descubriendo o desarrollando así las herramientas y los caminos sinodales que mejor se adapten al propio contexto local, lo que finalmente se convertirá en el nuevo estilo de las Iglesias locales en el camino de la sinodalidad.

¿QUIENES PUEDEN PARTICIPAR?

    Todos los que queramos compartir con otros acerca de la Iglesia, a todos los que les importe la Iglesia y quieran pensar juntos cuál ha de ser su futuro. Se nos convoca, en primer lugar a los que estamos ya en los grupos de la Unidad Pastoral: Catequistas, Caritas, Grupos de Lectura Bíblica, Asociación de la Medalla Milagrosa, Cofradías, Animadores de la Liturgia, Padres de niños en la catequesis, Familias, Personas que solo acuden a la Eucaristía Dominical.....

¿CUÁNDO NOS REUNIREMOS?

Tendremos tres reuniones sinodales para tratar los tres temas propuestos: 

1.     ENCUENTRO-COMUNIÓN: LUNES 24 ENERO (18 HORAS)

2.     ESCUCHA-PARTICIPACIÓN:  LUNES 7 DE FEBRERO (18 HORAS)

3.     DISCERNIMIENTO-MISIÓN: LUNES 21 DE FEBRERO (18 HORAS)

Nos reuniremos en el Salón Parroquial de Villarrodrigo de las Regueras (C/Juan Fernández García, nº 30, bajo). 





jueves, 9 de septiembre de 2021

COMIENZO DE LA CATEQUESIS PARROQUIAL 2021/2022

    Queridas Familias:

    Por medio de esta carta nos dirigimos a vosotros, ahora que estamos ya volviendo todos a nuestras rutinas con la ilusión de un nuevo curso por delante. Confiamos en que el verano haya podido ser un tiempo de merecido descanso, de reponer fuerzas después de un año duro, de volver a encontrar a seres queridos de los que la dichosa pandemia nos obligó a separarnos.

    El curso pasado fue todo un reto para la catequesis, pero, con la ayuda de Dios que no nos deja, y con la buena voluntad y cooperación de todos, salió adelante. Celebramos las Primeras comuniones y la Confirmación con un sentido de responsabilidad, de alegría y de agradecimiento que, a todos, nos dejaron muy buena impresión.

    Faltaron, claro, cosas muy importantes como es la asistencia a la misa de los domingos, sin la cual la vida de fe en la que están creciendo vuestros hijos queda muy incompleta para niños y adultos. Confiamos en que ahora que las circunstancias son distintas, con vuestro compromiso, puedan y podáis participar y que, pronto, volvamos a encontrarnos compartiendo la Eucaristía.

    Se acerca un nuevo curso de la catequesis y sois varias madres las que habéis ido preguntando cómo quedará este curso. Os informamos de los horarios, que quizás ya sabéis, para que podáis ir planeando la semana y previendo, sobre todo, que no haya actividades que interfieran en la catequesis el día que corresponde. Os recuerdo los días:

                      1º: miércoles a las 18:30

                                                                 2º: jueves a las 18:30

                                                                 3º: viernes a las 18:30

Postcomunión (4º, 5º y 6º): viernes a las 18:30

         Curso de la Confirmación: a convenir con el grupo

    La periodicidad ya sabéis que quedó alterada este curso pasado con respecto a lo que era normal en años anteriores, y pasó a ser un encuentro mensual en primero y cada quince días el resto de los grupos, combinándolo con algunas tareas on-line.

    Nos reuniremos el viernes 17 el grupo de catequistas, que tendrá a Dios gracias nuevas incorporaciones, y valoraremos qué periodicidad puede tener este curso, también viendo las posibilidades concretas de los catequistas que la realizamos.

    No hace falta hacer una inscripción previa ni rellenar fichas: el primer día ya os tomaremos los datos que haya que tomar y os daremos el impreso a rellenar en el caso de primero.

    Los días de comienzo (a las 18:30) serán: 

                                 Miércoles 6 de octubre: primero

                                 Jueves 7 de octubre: segundo

                                 Viernes 8 de octubre: tercero y resto de cursos


¡Hasta pronto! 

jueves, 10 de junio de 2021

ENCUENTRO GRUPOS DE LECTURA CREYENTE

Este curso 2020-2021 ha sido muy diferente a lo que estábamos acostumbrados en los grupos de lectura bíblica. No hemos podido tener los encuentros de los miércoles en Villarrodrigo y en Villaobispo, que siempre nos resultaban amenos y enriquecedores. Poder encontrarse con un grupo de personas afines para leer juntos la Palabra de Dios, para preguntarse por su sentido y cómo llevarla a la vida cotidiana de hoy es una gran suerte...

Como no hemos tenido encuentros presenciales, nos las hemos ingeniado para seguir adelante con la lectura bíblica. Precisamente en tiempos de desconcierto, de miedo, y hasta de soledad forzada, la Palabra de Dios es más necesaria que nunca; por eso no quisimos interrumpir nuestra actividad de lectura.

Y en el Whatsapp, que a veces nos hace perder el tiempo pero también puede resultarnos útil, encontramos una herramienta para ser grupo, aunque sea de otro modo. Los lunes comenzamos ya con unas pistas para hacer la lectura y estudio del evangelio del domingo siguiente. Y a lo largo de la semana, cada uno cuando mejor podía, íbamos colgando en el grupo nuestras reflexiones, oraciones.. con notas de voz o por escrito. Algunos lo hacíamos solos y otras se reunían en un pequeño grupo.


Cuando ayer repasamos lo que había supuesto este modo de compartir, todos coincidíamos en que había sido muy enriquecedor escuchar esas notas de voz y esos textos que brotaban del corazón en el encuentro con la Palabra. ¡Verdaderamente hemos experimentado un curso más que la Palabra de Dios es viva e inagotable, porque en cada persona tiene resonancias y mensajes distintos!

Con la ayuda de Dios y si todo sigue evolucionando favorablemente, esperamos poder retomar, ya de modo presencial, nuestros encuentros de lectura creyente el próximo curso.





miércoles, 27 de enero de 2021

LAS CELEBRACIONES DOMINICALES DE LA PALABRA (O CELEBRACIONES DOMINICALES EN AUSENCIA DE SACERDOTE)

 


Ya llevamos un tiempo con este tipo de celebraciones en nuestra Unidad Pastoral; tanto los domingos como en tiempos señalados, como lo han sido las fiestas litúrgicas de la Navidad. Se ha procurado explicarlas convenientemente a las comunidades parroquiales, pero nunca está de más intentar comprenderlas mejor.

Para ello, tenemos que partir de una primera afirmación clara: La celebración de la Eucaristía dominical es el centro de la vida cristiana y el núcleo de la vida de la comunidad parroquial. El valor de la Misa es insustituible y hay que participar activamente en la celebración de la misa del domingo siempre que sea posible. 

Pero, actualmente, no siempre es posible asegurar que se celebre la Eucaristía dominical en cada parroquia, debido a la falta de sacerdotes, que tienen encomendadas más parroquias de las que pueden atender cada domingo. También puede ocurrir que el párroco esté enfermo, o ausente por alguna otra causa razonable, y no pueda suplirle otro. ¿Qué hay que hacer el domingo que el sacerdote no puede estar presente en una comunidad y no se puede celebrar la Santa Misa? 

Si se puede, es correcto desplazarse a otra iglesia para celebrar la Eucaristía. Para ello se facilitan los horarios de las misas en los otros templos de la Unidad Pastoral. Pero también es una opción buena y aprobada por la Iglesia y sus pastores, que la comunidad pueda reunirse para celebrar la fe, para vivir el domingo con una Celebración dominical de la Palabra.

         Estas celebraciones pueden ser presididas por un diácono, o bien dirigidas por un religioso/a, laico/a, con el encargo correspondiente del obispo y con la debida preparación previa, impartida por el párroco.  Estas celebraciones dominicales permiten a la comunidad reunirse en nombre del Señor resucitado, escuchar y acoger la Palabra de Dios, orar con toda la Iglesia, compartir la Comunión, y sentirse enviados para dar testimonioAyudan a sentirse Pueblo de Dios, miembros activos y corresponsables todos de la Iglesia. 

Ciertamente no sustituyen en su valor a la Eucaristía. Cuando un domingo una comunidad se reúne en una celebración sin presbítero, es como una continuación de la misa que se celebró el domingo anterior o la última vez. Las celebraciones en ausencia de presbítero no son lo mismo que la Eucaristía, pero es una buena manera de celebrar el domingo cuando no podemos participar de la misa y siempre será mejor que seguirla por radio o televisión, que deben ser el último recurso. 

    Hay que agradecer a las personas de nuestras parroquias, actualmente son cuatro, que, desinteresadamente, se han ofrecido a animar las Celebraciones dominicales de la Palabra. Y agradecer a todos los fieles de la Unidad Pastoral que han acogido y aceptado con comprensión este modo alternativo de celebrar el domingo cuando la Eucaristía no es posible.

miércoles, 15 de julio de 2020

Admisión a Órdenes del catequista Miguel Lescún




Queridos hermanos,el pasado 19 de Junio se celebró el rito de admisión a órdenes de un
seminarista y de dos candidatos al Diaconado Permanente en el Seminario Mayor Redemtoris
Mater Virgen del Camino.

A continuación paso a describiros como lo vivió un servidor.
Estaba francamente intranquilo; por un lado, por fin había llegado un paso importante: era y
es un reconocimiento que nuestra Iglesia nos hace a esa primera Llamada que un día
acogimos en nuestro corazón, pero también significaba adquirir mayor compromiso con
todos vosotros, los que conozco y los que no, y, por supuesto, la alegría de ser útil al Señor a
través de todos los que os habéis cruzado y cruzaréis en mi vida.

La verdad es que no tengo palabras para agradecer al Señor tanta dicha, por eso me sentía algo abrumado, pero ahí está, como siempre, Él marcando mis pasos y sabiéndome guiar en todo momento. Por otro lado, mi mente se trasladaba a tiempo atrás, cuando en un viaje parroquial a las Edades del Hombre, nuestro párroco don Rubén me habló de el orden de los Diáconos Permanentes
Gracias nuevamente, sin ti no se habría abierto el camino que ahora con tanto amor estoy recorriendo y, por supuesto, a mi familia ,que sabe comprender mis ausencias y que tanto me apoya en este camino.

Por todo ello quería hacer público mi agradecimiento a todos los que formamos nuestra Unidad Pastoral ,a mis compañeros Catequistas ,a mi querido grupo de Lectura Creyente y a toda nuestra gente. Gracias, sin vosotros y sin el Señor no habría llegado hasta aquí.

Un abrazo en Cristo, hermanos


AQUÍ EL ENLACE AL VÍDEO DEL ACTO LITÚRGICO:


lunes, 24 de febrero de 2020

Mensaje para la CUARESMA 2020

«En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20)

Queridos hermanos y hermanas:

El Señor nos vuelve a conceder este año un tiempo propicio para prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria. Debemos volver continuamente a este Misterio, con la mente y con el corazón. De hecho, este Misterio no deja de crecer en nosotros en la medida en que nos dejamos involucrar por su dinamismo espiritual y lo abrazamos, respondiendo de modo libre y generoso.

El Misterio pascual, fundamento de la conversión
La alegría del cristiano brota de la escucha y de la aceptación de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerygma. En este se resume el Misterio de un amor «tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo» (Exhort. ap. Christus vivit, 117).
Quien cree en este anuncio rechaza la mentira de pensar que somos nosotros quienes damos origen a nuestra vida, mientras que en realidad nace del amor de Dios Padre, de su voluntad de dar la vida en abundancia (cf. Jn 10,10). En cambio, si preferimos escuchar la voz persuasiva del «padre de la mentira» (cf. Jn 8,45) corremos el riesgo de hundirnos en el abismo del sinsentido, experimentando el infierno ya aquí en la tierra, como lamentablemente nos testimonian muchos hechos dramáticos de la experiencia humana personal y colectiva.
Por eso, en esta Cuaresma 2020 quisiera dirigir a todos y cada uno de los cristianos lo que ya escribí a los jóvenes en la Exhortación apostólica Christus vivit: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (n. 123). La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren.

Urgencia de conversión
Es saludable contemplar más a fondo el Misterio pascual, por el que hemos recibido la misericordia de Dios. La experiencia de la misericordia, efectivamente, es posible sólo en un «cara a cara» con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí» (Ga 2,20). Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal. Más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene.
De hecho, el cristiano reza con la conciencia de ser amado sin merecerlo. La oración puede asumir formas distintas, pero lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios es que penetre dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón, para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad.
Así pues, en este tiempo favorable, dejémonos guiar como Israel en el desierto (cf. Os 2,16), a fin de poder escuchar finalmente la voz de nuestro Esposo, para que resuene en nosotros con mayor profundidad y disponibilidad. Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotros. No dejemos pasar en vano este tiempo de gracia, con la ilusión presuntuosa de que somos nosotros los que decidimos el tiempo y el modo de nuestra conversión a Él.

La apasionada voluntad de Dios de dialogar con sus hijos
El hecho de que el Señor nos ofrezca una vez más un tiempo favorable para nuestra conversión nunca debemos darlo por supuesto. Esta nueva oportunidad debería suscitar en nosotros un sentido de reconocimiento y sacudir nuestra modorra. A pesar de la presencia —a veces dramática— del mal en nuestra vida, al igual que en la vida de la Iglesia y del mundo, este espacio que se nos ofrece para un cambio de rumbo manifiesta la voluntad tenaz de Dios de no interrumpir el diálogo de salvación con nosotros. En Jesús crucificado, a quien «Dios hizo pecado en favor nuestro» (2 Co 5,21), ha llegado esta voluntad hasta el punto de hacer recaer sobre su Hijo todos nuestros pecados, hasta «poner a Dios contra Dios», como dijo el papa Benedicto XVI (Enc. Deus caritas est, 12). En efecto, Dios ama también a sus enemigos (cf. Mt 5,43-48).

El diálogo que Dios quiere entablar con todo hombre, mediante el Misterio pascual de su Hijo, no es como el que se atribuye a los atenienses, los cuales «no se ocupaban en otra cosa que en decir o en oír la última novedad» (Hch 17,21). Este tipo de charlatanería, dictado por una curiosidad vacía y superficial, caracteriza la mundanidad de todos los tiempos, y en nuestros días puede insinuarse también en un uso engañoso de los medios de comunicación.
Una riqueza para compartir, no para acumular sólo para sí mismo
Poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes de las guerras, de los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano, de las múltiples formas de violencia, de los desastres medioambientales, de la distribución injusta de los bienes de la tierra, de la trata de personas en todas sus formas y de la sed desenfrenada de ganancias, que es una forma de idolatría.
Hoy sigue siendo importante recordar a los hombres y mujeres de buena voluntad que deben compartir sus bienes con los más necesitados mediante la limosna, como forma de participación personal en la construcción de un mundo más justo. Compartir con caridad hace al hombre más humano, mientras que acumular conlleva el riesgo de que se embrutezca, ya que se cierra en su propio egoísmo. Podemos y debemos ir incluso más allá, considerando las dimensiones estructurales de la economía.
Por este motivo, en la Cuaresma de 2020, del 26 al 28 de marzo, he convocado en Asís a los jóvenes economistas, empresarios y change-makers, con el objetivo de contribuir a diseñar una economía más justa e inclusiva que la actual. Como ha repetido muchas veces el magisterio de la Iglesia, la política es una forma eminente de caridad (cf. PÍO XI, Discurso a la FUCI, 18 diciembre 1927). También lo será el ocuparse de la economía con este mismo espíritu evangélico, que es el espíritu de las Bienaventuranzas.
Invoco la intercesión de la Bienaventurada Virgen María sobre la próxima Cuaresma, para que escuchemos el llamado a dejarnos reconciliar con Dios, fijemos la mirada del corazón en el Misterio pascual y nos convirtamos a un diálogo abierto y sincero con el Señor. De este modo podremos ser lo que Cristo dice de sus discípulos: sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-14).

Francisco
Roma, junto a San Juan de Letrán, 7 de octubre de 2019
Memoria de Nuestra Señora, la Virgen del Rosario

domingo, 9 de febrero de 2020

Reunión de la Asociación de la Medalla Milagrosa


Una representación de los diversos consejos locales de la Asociación de la Medallla Milagrosa de nuestra diócesis de León nos reunimos, el sábado 8 de febrero en las Hijas de la Caridad de Villaobispo, convocados por el Consejo Diocesano.

La finalidad era coordinar las acciones como Asociación para el nuevo curso, además de rendir cuentas e informar de las novedades en la vida de la Asociación.
Estuvo representada nuestro consejo local con varias de las asociadas, la presidenta, la tesorera y el consiliario.

Estáis invitados a conocer a la Asociación de la Medalla Milagrosa en nuestra Unidad Pastoral y a formar parte de ella para difundir la devoción a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa por medio de las capillas domiciliarias y otras actividades.


UN VÍDEO EN EL QUE PODÉIS VER LA HISTORIA DE LA DEVOCIÓN A LA MEDALLA MILAGROSA:

Formación para familias





El viernes 7 de febrero, tuvimos una sesión de formación dirigida a las familias de la catequesis de iniciación cristiana de nuestra Unidad Pastoral. El tema era de plena actualidad: la prevención del abuso por los niños y adolescentes de las nuevas tecnologías. Fue impartido, de una manera distendida y suscitando el diálogo, por Inés Paniagua y Amparo Martínez, trabajadoras del Centro de Orientación Familiar de León (COF). 
Nos invitaron a reflexionar sobre los riesgos que trae el abuso de las nuevas formas de comunicación y ocio, especialmente la dependencia y la incomunicación con los que nos rodean. Con vídeos como este:



Cuando ponemos en las manos de nuestros niños y adolescentes un dispositivo electrónico, simplemente para que sea como los demás, o para que no alborote y esté entretenido, tenemos que ser bien conscientes de los riesgos que entraña. Riesgos de los que el niño no es consciente y nosotros, en muchos casos, tampoco.

lunes, 3 de febrero de 2020

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR 2020

Queridas familias y queridos hermanos todos:

El tiempo de cada día, tan cargado de actividades como está, pasa deprisa, y ya han pasado cuarenta días desde que celebrábamos la Navidad.
La fiesta que hoy nos reúne -la Presentación del Señor Jesús en el Templo- recuerda aquel día en el que, como acabamos de escuchar en el Evangelio, el niño Jesús fue llevado al templo de Jerusalén por sus padres, María y José.
Era una tradición religiosa con la que todas las familias israelitas debían cumplir: cada hijo varón primogénito tenía que ser presentado ante la presencia de Dios en el templo de Jerusalén, que para ellos era el lugar más sagrado de la tierra, allí donde habitaba Dios mismo.
La ley religiosa tenía una doble motivación:

  • Presentar al hijo a Dios era hacer un reconocimiento de que aquel niño era un regalo venido de Dios y se le debía devolver como ofrenda.
  • También se buscaba la purificación de la madre después del parto, a fin de que pudiese llevar ya una vida religiosa normal.
En lugar del hijo primogénito ofrecido a Dios, se sacrificaba una víctima animal, acorde a lo que pudiera pagar la familia: los que más tenían ofrecían un animal grande y los pobres, como la Sagrada Familia, un par de palomas solo.

Fijaos en algo... aquella ley de los hebreos no obligaba a la Sagrada Familia. En primer lugar, porque aquel niño con el que María entra en el templo no tenía que ser ofrecido a Dios, porque era su Hijo Unigénito. No necesitaba ser bendecido, porque es Él quien nos trae toda bendición. No necesitaba que se ofreciera en rescate por Él victima alguna, ya que es Él quien se ofrecerá por todos como víctima perfecta en la cruz.
Tampoco la función de purificar a la Madre era necesaria, ya que la Santísima Virgen es toda pura, sin mancha alguna de corrupción o pecado desde antes de su concepción.
Pero aún así, cumplen con aquella ley que obligaba a todas las demás familias, porque, como dice la segunda lectura -de la Carta a los hebreos- el que viene a salvarnos se hizo semejante en todo a nosotros, participó de nuestra carne y sangre, se hizo uno con nosotros.

En el templo había un anciano, Simeón, que era un hombre de gran fe, que vivía por y para Dios. Movido por el Espíritu Santo, reconoció en aquel niño llevado por unos padres humildes, lo que nadie veía: al Salvador para todos los pueblos, la luz para alumbrar las naciones, el Mesías de Dios esperado.
Hoy habéis traído a la iglesia a algunos de los niños que han sido bautizados en nuestra Unidad Pastoral durante el año pasado. Es verdad que no somos israelitas sometidos a aquella ley de llevar los niños al templo. pero hay algo que sigue siendo verdad y que, con esta celebración, reconocemos: estos niños son un regalo de Dios, no solo para vosotros, sino para el mundo.
Vosotros, padres, los habéis engendrado uniéndoos en el amor, pero ha sido Dios quien les ha dado, en último término, la vida.
En el bautismo, que pedisteis para ellos a la Iglesia, Dios les ha hecho hijos en su Hijo, han pasado a formar parte del Pueblo de Dios, han quedado unidos para siempre a Jesucristo como parte de su Cuerpo, y han recibido el Espíritu Santo, que les habita, y será un día pleno por el sello de la confirmación.
Queridos padres, enhorabuena. Enhorabuena porque habéis querido darles el mayor y mejor regalo posible: el sacramento del bautismo.
Que la luz de la fe, que hemos representado al entra en procesión con las velas en el templo, y que el día del bautismo tomasteis para ellos en el cirio pascual, sea la que guíe vuestra vida diaria de familia. Vividla vosotros, en primer lugar, y enseñádsela a vuestros pequeños, porque una familia donde se vive la fe, no camina en la oscuridad.

Feliz día de las Candelas a todos.




DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO (ciclo A)

 NO GUARDES RENCOR A TU PRÓJIMO COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA      “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en...