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lunes, 21 de abril de 2025

DESCANSA EN LOS BRAZOS DEL SEÑOR, PAPA FRANCISCO

    Las parroquias de nuestra Unidad Pastoral, con los fieles que en ellas viven su fe cristiana, damos gracias a Dios por el magisterio y el cuidado pastoral de Francisco, quien hasta hoy ha sido el sucesor de Pedro y pastor de la Iglesia Universal. Gracias por su cercanía, misericordia y sencillez, manifestado incluso en los momentos últimos de su vida, marcados por la enfermedad y el sufrimiento.

    Oremos en este tiempo de sede vacante y por el próximo Conclave, para que el Espíritu Santo asista a los cardenales electores y el escogido sea un buen pastor de corazón compasivo y celo evangelizador, el que la Iglesia y el mundo actual más necesiten.



TESTAMENTO ESPIRITUAL DEL PAPA FRANCISCO

En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén.

Sintiendo que se acerca el ocaso de mi vida terrena, y con viva esperanza en la Vida Eterna, deseo expresar mi voluntad testamentaria sólo en cuanto al lugar de mi sepultura.

Mi vida y mi ministerio sacerdotal y episcopal los he confiado siempre a la Madre de Nuestro Señor, María Santísima. Por tanto, pido que mis restos mortales descansen esperando el día de la resurrección en la Basílica Papal de Santa María la Mayor.

Deseo que mi último viaje terrenal termine en este antiquísimo santuario mariano, al que acudía en oración al inicio y al final de cada Viaje Apostólico, para encomendar confiadamente mis intenciones a la Madre Inmaculada y agradecerle sus dóciles y maternales cuidados.

Pido que se prepare mi sepulcro en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la citada Basílica Papal, como se indica en el anexo adjunto.

El sepulcro debe estar en la tierra; sencillo, sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus.

Los gastos para la preparación de mi entierro serán cubiertos por la suma del benefactor que he dispuesto, que será transferida a la Basílica Papal de Santa María la Mayor y para la cual he encargado las oportunas instrucciones al Arzobispo Rolandas Makrickas, Comisario Extraordinario del Capítulo Liberiano.

Que el Señor dé una merecida recompensa a quienes me han amado y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que se hizo presente en la última parte de mi vida lo ofrecí al Señor por la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos.

Santa Marta, 29 junio 2022

FRANCISCO



miércoles, 5 de marzo de 2025

MENSAJE PAPA FRANCISCO CUARESMA 2025

 CAMINEMOS JUNTOS EN LA ESPERANZA

Queridos hermanos y hermanas:

Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3) [1].

En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.

Antes que nada, caminarEl lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos.

Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿Cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.

En segundo lugar, hagamos este viaje juntos. La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales [2]. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos [3]. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.

En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades. Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos [4]. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.

En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la esperanza de una promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del Jubileo [5], sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)» [6]. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado [7], y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.

Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?  

Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme [8]. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» ( 1 Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3) [9].

Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.

sábado, 10 de febrero de 2024

"EL EFECTO SER HUMANO" (Carta del obispo de León)


Queridos hermanos y hermanas:

    Cabría esperar de todo ser humano un cuidado esmerado de la creación, comenzando por sus semejantes. Sin embargo, no siempre es así, como pone de manifiesto la Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas este año con el sugerente lema “El efecto ser humano”. La única especie capaz de cambiar el planeta lo hace provocando su degradación y consecuente destrucción. La casa común, la madre tierra, es don de Dios para que toda la humanidad viva dignamente y alcance su plenitud.

    El papa Francisco en su exhortación apostólica Laudate Deum, publicada hace unos meses, advierte «que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre» (LD 2). La falta de preocupación por la casa común es también desatención de los excluidos, descartados, hambrientos de nuestro mundo, y conlleva una grave complicidad con las guerras que nos asolan y causan más deterioro, desigualdades y hambre.

    Cualquiera de nosotros, si nos sentimos seguros, con recursos suficientes, libres de bombardeos y amenazas cercanas, podemos terminar mostrándonos insolidarios y cometiendo pecado de omisión, abandonando a hermanos y hermanas que necesitan nuestra ayuda. Y no sirve que tranquilicemos nuestra conciencia con un justo y necesario —ojalá que generoso— donativo, como hemos de hacer en esta Campaña Contra el Hambre en el mundo de Manos Unidas con la Jornada del domingo 11 de febrero y el gesto del Ayuno Voluntario el viernes anterior, día 9.

    Urge que tomemos mayor conciencia y hagamos lo necesario para que nuestro efecto en la tierra no sea devastador, sino cuidadoso y responsable en la protección de la casa común. Quizá tengamos que comenzar por superar la insistencia en restar importancia o despreciar la cuestión. El mundo necesita transformaciones profundas y duraderas por el bien del planeta y, por tanto, cambios en las rutinas despreocupadas de cada persona y de la sociedad. Es otra dimensión más del proceso de “caminar juntos”, sinodalmente, como queremos hacer en la Iglesia, buscando encuentros y procurando sinergias entre nosotros y con otros.

    Los cristianos creemos en Dios Creador y debemos trabajar para que el ser humano no usurpe su lugar, como pretende o pretendemos tantas veces. En el conocimiento y encuentro con Jesucristo descubrimos el amor de Dios por la humanidad expresado en las maravillas de la creación, en cuyo centro Dios ha situado al ser humano, enviando a su Hijo para la salvación de todos.

    El regalo del Creador clama por un cuidado responsable. Como gritan hermanos y hermanas que sufren las consecuencias de la desnutrición y el hambre, de la desigualdad climática, de la guerra, de las carencias educativas, de las enfermedades olvidadas…

    El mundo dañado y dolorido sigue necesitando la Buena Noticia de la salvación de Jesucristo con su oferta de cuidado, curación, paz, justicia, libertad y fraternidad universal. “Cuidar” y “curar” es lo que el Maestro nos invita a hacer a su modo, desde el amor del Padre y con el impulso del Espíritu Santo, compartiendo lo que somos y tenemos para que toda persona humana viva dignamente.

En el nombre del Señor Jesús, trabajemos por una humanidad sin pobreza, sin hambre, sin enfermedades, sin guerras ni desigualdades. Es consecuencia del seguimiento de Jesús de Nazaret, de la decisión de ser sus discípulos misioneros y nos acercará más al Reino de Dios.

Con mi afecto y bendición.

✠ Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Obispo de León 

miércoles, 13 de diciembre de 2023

¿POR QUÉ PONER UN BELÉN EN CASA? Responde el Papa Francisco

 


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Dentro de una semana será Navidad. En estos días, mientras corremos para hacer los preparativos de la fiesta, podemos preguntarnos: “¿Cómo me preparo para el nacimiento del festejado?” Un modo sencillo pero eficaz de prepararse es hacer el belén Este año yo también he seguido este camino: fui a Greccio, donde San Francisco hizo el primer belén, con los lugareños. Y escribí una carta para recordar el significado de esta tradición, lo que significa el belén en el tiempo de Navidad.

En efecto, el pesebre «es como un Evangelio vivo» (Carta apostólica Admirabile signum, 1). Lleva el Evangelio a los lugares donde uno vive: a las casas, a las escuelas, a los lugares de trabajo y de reunión, a los hospitales y a las residencias de ancianos, a las cárceles y a las plazas. Y allí donde vivimos nos recuerda algo esencial: que Dios no permaneció invisible en el cielo, sino que vino a la Tierra, se hizo hombre, un niño. Hacer el pesebre es celebrar la cercanía de Dios. Dios siempre estuvo cerca de su pueblo, pero cuando se encarnó y nació, estuvo muy cerca, muy cerca. Hacer el belén es celebrar la cercanía de Dios, es redescubrir que Dios es real, concreto, vivo y palpitante. Dios no es un señor lejano ni un juez distante, sino Amor humilde, descendido hasta nosotros. El Niño en el pesebre nos transmite su ternura. Algunas figuritas representan al Niño con los brazos abiertos, para decirnos que Dios vino a abrazar nuestra humanidad. Entonces es bonito estar delante del pesebre y allí confiar nuestras vidas al Señor, hablarle de las personas y situaciones que nos importan, hacer con Él un balance del año que está llegando a su fin, compartir nuestras expectativas y preocupaciones.

Junto a Jesús vemos a la Virgen y a san José. Podemos imaginar los pensamientos y sentimientos que tuvieron cuando el Niño nació en la pobreza: alegría, pero también consternación. Y también podemos invitar a la Sagrada Familia a nuestra casa, donde hay alegrías y preocupaciones, donde cada día nos levantamos, comemos y dormimos cerca de nuestros seres queridos. El pesebre es un Evangelio doméstico. La palabra pesebre significa literalmente “comedero”, mientras que la ciudad del pesebre, Belén, significa “casa del pan”. Pesebre y casa del pan: el belén que hacemos en casa, donde compartimos comida y afecto, nos recuerda que Jesús es el alimento, el pan de vida (cf. Jn 6,34). Es Él quien alimenta nuestro amor, es Él quien da a nuestras familias la fuerza para seguir adelante y perdonarnos.

El pesebre nos ofrece otra enseñanza de vida. En los ritmos de hoy, a veces frenéticos, es una invitación a la contemplación. Nos recuerda la importancia de detenernos. Porque sólo cuando sabemos recogernos podemos acoger lo que cuenta en la vida. Sólo si dejamos el estruendo del mundo fuera de nuestras casas nos abrimos a escuchar a Dios, que habla en silencio. El pesebre es actual, es la actualidad de cada familia. Ayer me regalaron una figura de un belén especial, una pequeña, llamada: “Dejemos descansar a mamá”. Representaba a la Virgen dormida y a José que hacía que el Niño se durmiera. Cuántos de vosotros tienen que repartir la noche entre marido y mujer por el niño o la niña que llora, llora, llora, llora. “Dejemos que mamá descanse” es la ternura de una familia, de un matrimonio.

El pesebre es más actual que nunca, cuando cada día se fabrican en el mundo tantas armas y tantas imágenes violentas que entran por los ojos y el corazón. El pesebre es, en cambio, una imagen artesanal de la paz. Por eso es un Evangelio vivo.

Queridos hermanos y hermanas, del pesebre podemos sacar también una enseñanza sobre el sentido mismo de la vida. Vemos escenas cotidianas: los pastores con las ovejas, los herreros que baten el yunque, los molineros que hacen pan; a veces se insertan paisajes y situaciones de nuestros territorios. Está bien, porque el pesebre nos recuerda que Jesús viene a nuestra vida concreta. Y esto es importante. Hacer un pequeño belén, en casa, siempre, porque es el recuerdo de Dios que vino entre nosotros, nació entre nosotros, nos acompaña en la vida, es hombre como nosotros, se hizo hombre como nosotros. En la vida diaria ya no estamos solos, Él vive con nosotros. No cambia mágicamente las cosas pero, si lo acogemos, todo puede cambiar. Os deseo, entonces, que hacer el pesebre sea la ocasión de invitar a Jesús a la vida. Cuando hacemos el belén en casa, es como si abriéramos la puerta y dijéramos: “Jesús, ¡entra!”, es hacer concreta esta cercanía, esta invitación a Jesús para que venga a nuestra vida. Porque si Él habita nuestra vida, la vida renace. Y si la vida renace es de verdad Navidad. ¡Feliz Navidad a todos!


jueves, 15 de junio de 2023

FIESTA MUNICIPAL DE LOS MAYORES 2023

Organizada por el Ayuntamiento de Villaquilambre el miércoles 14 de junio tuvo lugar esta Fiesta de los Mayores, en la que se homenajeó a tres personas centenarias del ayuntamiento y a cuatro matrimonios que cumplían 50 años de casados. Comenzamos con la Santa Misa en una carpa instalada en el parque de Villamoros.






Queridos amigos y hermanos:

Es un motivo de alegría poder reunirnos para dar gracias a Dios por el don de la vida, y de la vida larga de todos vosotros. El Papa Francisco que, como todos sabéis, es un anciano de 86 años lleno de vitalidad pese a sus problemas de salud y movilidad, habla siempre de la necesidad de luchar contra la cultura del Descarte.

¿Qué es la cultura del descarte? Es esta idea que está muy metida en nuestra sociedad según la cual solamente valen los que son jóvenes, los que son activos, los que producen, los que triunfan. Los demás pueden ser orillados y descartados socialmente.

Creo que este encuentro de hoy es nuestra forma de luchar contra esa ideología perversa, y de muerte, que el Papa llama cultura del descarte. Por eso felicito al Ayuntamiento de Villaquilambre, con su Consejería de Bienestar Social, que ha tenido la iniciativa de reunirnos y que ha querido también contar con la eucaristía para inaugurar este encuentro festivo.

Desde la Iglesia y desde la sociedad civil y sus instituciones tenemos que sumar fuerzas para evitar que nadie sea descartado, que cada persona en nuestros pueblos pueda ser valorada en su dignidad y reconocida en lo que aporta al bien común de la sociedad.

Como el mismo Papa os ha escrito a los mayores en su mensaje para la II Jornada Mundial de los abuelos y los mayores, la Palabra de Dios dice, y es el salmo que hemos repetido, que “en la vejez seguirán dando frutos”. La ancianidad no es una enfermedad que deba ser combatida ni un mal que deba ser ocultado. Es una etapa de la vida bendecida por Dios en la que hay que seguir dando buenos frutos, abandonando las actitudes resignadas y pesimistas que muchas veces algunos mayores tienen: “Yo ya no valgo para nada”, “se acabo todo”…

Hay que vivir, dice también, una ancianidad con sentido, con proyecto y horizonte. Hay que convencerse de que aún se puede ofrecer mucho a los demás, aunque ya no sea desde la primera línea de la actividad vital.

“¡Envejecer no es una condena, sino una bendición!”. Me gusta mucho esta frase del Papa Francisco. Los años traen una sabiduría de vida que no se puede adquirir en los libros, sino viviendo.

Se aprende a separar lo importante de lo accesorio, se da importancia a lo que se ha descubierto como esencial.

Esto muchas veces los jóvenes no lo entienden, o no lo entendemos, y necesitamos el testimonio de los que ya habéis vivido, vuestra sabiduría de vida.

Hay otra aportación esencial que dice el Papa que podéis hacer a nuestro mundo: “la revolución de la ternura, una revolución espiritual y pacífica a la que los invito a ustedes, queridos abuelos y personas mayores, a ser protagonistas. Y es enseñar a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo a ver a los demás con la misma mirada comprensiva y tierna que dirigimos a nuestros nietos. Hemos afinado nuestra humanidad haciéndonos cargo de los demás y hoy podemos ser maestros de una forma de vivir pacífica y atenta con los más débiles”.

La ancianidad es una bendición y las personas mayores podéis ser fuente de bendición para nuestra sociedad. Dos lecciones podéis enseñarnos, y estoy glosando al Papa en todo momento: enseñarnos la sabiduría de la vida, que separa lo accesorio de lo esencial, y la ternura, enseñarnos a convivir de una forma más pacífica y humana.

Para ello necesitáis una ancianidad activa y comprometida, que busquéis convivir, salir de inercias y pesimismos, participar de actividades comunitarias como estas y las que se han desarrollado durante todo el curso en los distintos centros del ayuntamiento y en las parroquias.

Y también vivid intensamente la fe, que tanto ayuda y sostiene todo lo anterior; de entre todas esas actividades hay que sacar tiempo para cultivar la amistad con Dios, la vida de la Iglesia, la oración personal.

Feliz fiesta, que sea este un homenaje agradecido y, para vosotros, un estímulo y una inyección de ánimo.


miércoles, 22 de marzo de 2023

DOMINGO V DE CUARESMA (CICLO A)

 YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

Estamos ya en el último domingo de la Cuaresma. Después de los pasajes de los domingos pasados sobre la samaritana y el ciego de nacimiento, que nos revelaban a Jesús como agua viva y luz del mundo, este quinto domingo nos presenta el relato de la resurrección de su amigo Lázaro.

Es el séptimo signo o milagro narrado por san Juan, y ya que el número siete indica en la Biblia la plenitud, este es el más grande y definitivo, en el Jesús se manifiesta como la resurrección y la vida. La promesa de Dios, por el profeta Ezequiel, que escuchamos como primera lectura de hoy, se cumple plenamente en Jesús: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío”. Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis”.

Dios no abandona a su pueblo y aunque esté sumido en sepulcros de desesperanza, de abatimiento, de destierro, va a permanecer a su lado y va a infundir vida allí donde haya muerte.

Jesús quería mucho a Lázaro y a sus hermanas Marta y María. En su casa de Betania encontraba cariño y descanso, un hogar al que volver para descansar después de sus largas jornadas predicando el Reino de Dios. Siempre es bueno recordar que el Señor Jesús, como verdadero hombre, disfruta de todas las experiencias humanas, también de la amistad y el cariño.

La enfermedad de Lázaro, su querido amigo, no le deja indiferente, sufre por ella. Pero es necesario que se manifieste el poder vivificante que el Padre le ha dado; ese es el sentido de las palabras enigmáticas que pronuncia: “Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

Cuando Jesús llega a Betania, en la región de Judea, Lázaro lleva cuatro días enterrado. Al cuarto día, según la creencia judía, el espíritu del difunto abandonaba por fin el cuerpo y comenzaba la corrupción. Por eso Marta protesta y dice que lleva ya cuatro días.

Al igual que en el encuentro con la samaritana, Jesús va guiando con su diálogo a Marta hasta hacerla llegar a la confesión de la fe. Ella sí cree en la resurrección de los muertos, en que su hermano Lázaro resucitará, pero al final de los tiempos, como sostiene la fe hebrea. Pero Jesús le anuncia: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.

Estas palabras de Jesucristo las hemos escuchado munchas veces, especialmente en la celebración de funerales. ¿Nos las creemos de verdad?, ¿Qué significan para nosotros hoy?

Estamos hechos para la Vida, no para la muerte, aunque tengamos que pasar por ella como pasó el mismo Jesús. Venimos del amor de Dios y volvemos a él cuando nuestra existencia terrena se termina, sea después de largos años o sea inesperadamente. No podemos convertir la muerte en un tabú del que no se puede hablar, puesto que es una realidad segura para todos nosotros.

Pero al hablar de la muerte, los cristianos debemos hablar también de la vida eterna, puesto que la muerte no es el final, sino la puerta que se abre hacia la eternidad. Y hoy Jesús nos pregunta como a Marta: ¿Crees esto? ¿Vives animado por esta esperanza?

El signo de la resurrección de Lázaro sirvió para aquello que anunció Jesús: muchos creyeron en él y dieron gloria a Dios.

En este último domingo cuaresmal Jesús, el agua viva, la luz del mundo, se nos manifiesta como la Resurrección y la Vida.

Experimentamos ya ahora la muerte en el pecado: nos quita las fuerzas, nos hunde, nos separa de Dios y de los que nos rodean. Por eso el perdón que recibimos en el sacramento de la reconciliación es toda una experiencia de resurrección, de volver a la vida, de que Jesús nos saca de nuestros sepulcros y nos quita las vendas que nos atan, por medio del sacerdote que nos absuelve en el nombre de Cristo, como hicieron aquellos con Lázaro.

El Papa Francisco nos lo dice así: “el gesto de Jesús que resucita a Lázaro muestra hasta dónde puede llegar la fuerza de la Gracia de Dios, y, por lo tanto, donde puede llegar nuestra conversión, nuestro cambio… ¡No hay ningún límite a la misericordia divina ofrecida a todos! El Señor está siempre listo para levantar la piedra tumbal de nuestros pecados, que nos separa de Él, luz de los vivientes”.

Aprovechemos las celebraciones penitenciales y esta última semana de cuaresma para recibir el perdón en el sacramento de la reconciliación.

miércoles, 25 de enero de 2023

DOMINGO IV TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

 BIENAVENTURADOS, DICHOSOS, FELICES...


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

Hoy comenzamos a leer el gran discurso del monte en el evangelio de Mateo, que iremos leyendo, domingo tras domingo, hasta que comience la Cuaresma.

Muchas veces el evangelio dominical nos presenta a Jesucristo como médico, curando los males del cuerpo o del espíritu de aquella gente, que se le acercaban confiados y cargados de sufrimientos. Así terminaba, precisamente, el evangelio del domingo pasado: “recorría toda Galilea enseñando, proclamando el evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”.

En cambio, hoy se nos presenta como Maestro: se sienta en el monte, sus discípulos le rodean con deseo de escuchar y comienza a enseñarles. El lugar lo escoge a propósito: el monte en la Biblia es siempre lugar de encuentro con Dios, y nos hace pensar en el monte Sinaí, donde Moisés enseña al pueblo los diez mandamientos que deben guardar para permanecer en la amistad con Dios.

¿Qué enseña este Maestro en el monte? Un mensaje sorprendente, las bienaventuranzas, que va a contra corriente de los valores del mundo de entonces… y de ahora. Sin fe no se pueden entender ni aceptar estas palabras de Jesús; por esto, no olvidemos que las enseñaba a los que querían ser sus discípulos.

Son nueve bienaventuranzas y podemos ver diferencias entre ellas. Las cuatro primeras hablan de situaciones de la vida cotidiana de los discípulos: pobreza de espíritu, mansedumbre, tristeza, hambre y sed de justicia. Seguro que, si salimos a preguntar a la calle, a alguien que esté ajeno a este mensaje, y le decimos “¿los que pasan por estas situaciones pueden ser felices?”, nos responderán que los felices son los contrarios: los que no les falta de nada, los poderosos que pueden imponer su voluntad, los que no tienen penas, los que no tienen problemas.

Pero ¿esto es de verdad así? ¿Esas bienaventuranzas del mundo son verdaderas? ¿Uno puede ser feliz realmente, sentirse una persona plena, escapando de las tristezas y los problemas a toda costa, aunque eso suponga cerrar los ojos a lo que no está bien o es injusto, buscando que se cumpla el propio capricho a toda costa y por encima de quien sea?

¿No serán precisamente estas unas falsas bienaventuranzas, un mensaje que no es auténticamente humano ni conduce a ninguna parte?

¿No será que Jesús, como Maestro, quiere abrirnos los ojos a la verdad de la existencia, para que no nos dejemos engañar por espejismos de felicidad? Desde luego que sí. La tristeza, la pobreza de espíritu, la sed y hambre de justicia, la mansedumbre son situaciones que nos llegan inevitablemente si optamos por vivir pensando en los demás y buscando el Reinado de Dios en este mundo.

Pero es que lo contrario ni es humano, ni realiza a la persona, ni salva. Pero si se vive plenamente el proyecto de Jesús, aún con sufrimientos, se encuentra la felicidad ya en esta vida y, más aún, en la vida futura.

Las cuatro siguientes bienaventuranzas declaran felices, dichosos, a los que viven las actitudes del discípulo de Jesús: son misericordiosos, y por eso alcanzan misericordia; son pacíficos, y por eso viven ya como hijos de un mismo Padre Dios; son limpios de corazón, y por eso pueden ver a Dios en el hermano y lo verán después de la muerte cara a cara; son perseguidos por buscar lo que es justo y, aunque resulten incómodos, viven ya como ciudadanos del Reino de Dios.

La novena, y última, de las bienaventuranzas, describe algo que ya sabemos y que, quizás, hasta hemos experimentado alguna vez: quien vive así, de acuerdo a estos valores que van a contra corriente del mundo, se le señala, es objeto de burla y puede que hasta de persecución. Pero su recompensa será grande, porque son los valores más nobles, más altos, más humanos, los que dan la verdadera paz a quien los vive.

Hoy cada uno de nosotros, confrontándose con este evangelio, se debe preguntar: ¿me convencen las bienaventuranzas de Jesús o me quedo, en cambio, con las bienaventuranzas del mundo? ¿Dónde encuentro yo la verdadera felicidad y el sentido de la vida?

Porque, como nos dijo el Papa Francisco en sus catequesis sobre las bienaventuranzas: son la “carta de identidad” del cristiano, porque describen el rostro y el estilo de la vida de Jesús. No nos pide nada que no haya vivido Él a fondo.

Jesucristo es el Bienaventurado, el feliz, porque hizo vida, hasta el fin, todo lo que nos anunció. Por eso es nuestro Salvador y nuestro Maestro, porque nos enseña a vivir con sentido, buscando lo auténtico y rechazando los espejismos de felicidad que ni sacian ni dan vida.

viernes, 20 de enero de 2023

DOMINGO III TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

 ACRECISTE LA ALEGRÍA, AUMENTASTE EL GOZO


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

En este domingo tercero del tiempo ordinario, que estamos celebrando, la Iglesia celebra,  desde el año 2019, el Domingo de la Palabra de Dios. Es verdad que todos los domingos son domingos de la Palabra, porque es cuando el Señor Resucitado nos convoca, a todos sus amigos y discípulos, para alimentar nuestra fe con su Palabra y con su Cuerpo. Hay una expresión muy bonita que dice así: en la Eucaristía nos sentamos en torno a dos mesas de las que nos alimentamos: la de la Palabra y la del Pan de la Vida.

Pero si el Papa Francisco pidió que tuviésemos un domingo especialmente dedicado a la Palabra es porque necesitamos caer en la cuenta de la importancia que tiene para nosotros ser verdaderos oyentes de la Palabra. No basta con estar en misa, o en la celebración dominical en ausencia de sacerdote, y escuchar de fondo las lecturas del día mientras pensamos en otra cosa…

Repetimos mecánicamente “Te alabamos Señor” cuando el lector dice “Palabra de Dios”. Pero, ¿he dejado que esa Palabra de Dios, como palabra viva que es, entre de verdad en mi mente y en mi corazón? ¿La he prestado la atención que se merece? Porque si no lo hago, sería como la siembra infructuosa de la mejor semilla que no encuentra tierra buena en la que germinar, se queda caída al borde del camino en tierra dura y seca.

El evangelio que hemos escuchado nos presenta los comienzos de la vida pública de Jesucristo, después del testimonio que nos dio Juan Bautista sobre él en el domingo pasado. No elige un lugar fácil para comenzar la misión, sino Galilea, la que llamaban despectivamente los judíos más selectos como “la Galilea de los gentiles”. Allí se mezclaban religiones e ideas en confusión, costumbres, supersticiones y también corrupciones morales.

Es precisamente donde quiere comenzar Jesús su misión, con una predicación muy sencilla y parecida a la del Bautista: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Convertíos, cambiad vuestro corazón, aceptad de una vez que necesitáis el perdón y la luz de Dios para ser felices.

Muchos no hubieran querido predicar en la pagana Galilea de los gentiles, pero Jesús ve en ella a muchos hombres y mujeres que caminan en tinieblas y necesitan luz, a muchos que viven en desesperanza y muerte y necesitan que se les anuncie una Buena Noticia liberadora.

Igual que hoy… muchos católicos terminamos creyendo que el mensaje de la fe no lo va a escuchar nadie, que no lo quieren, que ya no lo reciben, y dejamos de anunciarlo. Y, por culpa de nuestros miedos, muchas personas que lo necesitan, aunque no lo sepan, no lo oyen y se quedan en su tristeza, desesperación y tiniebla.

Jesús quiere contar, desde el principio de su misión, con colaboradores: llama a los pescadores y les pide ser, con él, pescadores de hombres, testigos, anunciadores, misioneros.

No pensemos que esta llamada es solo para unos pocos. Es para cada uno de nosotros, invitados a ser, donde estemos, sembradores de la Palabra que trae la Buena Noticia. El lema de este Domingo de la Palabra del 2023 nos lo dice bien claro: Proclamadores de la Palabra. Eso somos nosotros.

Para dar un testimonio convincente debemos superar divisiones, estar unidos. Se lo pide el apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto: “Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya división entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir”:

¿Por qué nos fijamos más en lo que nos separa, en las diferencias del otro, que en lo que nos une? Esto nos pasa, tantas veces, en lo social, en lo político y hasta, peor aún, en la Iglesia. De aquí vienen las diferencias y enfrentamientos que nos han separado, a lo largo de los siglos, a los cristianos.

Esta semana estamos rezando por la unidad de los cristianos, para que lleguemos a ser un solo pueblo los que creemos en él. Tengamos presente esta intención y comprometámonos a ser constructores de puentes y de unidad.

 

viernes, 23 de diciembre de 2022

NATIVIDAD DEL SEÑOR

 NOS HA HABLADO POR EL HIJO


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA

El profeta Isaías dice que “son hermosos los pies del que trae la Buena Noticia”. Aunque estén sucios del camino, heridos, cansados, son hermosos esos pies porque trae el mensaje del Emmanuel.

Nunca me había fijado en esta imagen, a pesar de que es siempre la primera lectura de la Navidad. Pero es muy expresiva: aunque estemos cansados, aunque estemos tristes, porque en estos días se sienten más que nunca los huecos que han dejado los que se han ido, o se nota más que nunca ese problema de enfermedad, laboral, de divisiones, que afectan a la familia… aun así… ¡Qué hermosos son los pies del que trae la Buena Noticia!

Y no estamos hablando de una noticia cualquiera. Estamos hablando de la gran Buena Noticia, la que cambia para siempre el curso de la historia, dividiéndola en un antes y un después. Esta Buena Noticia, que nunca se vuelve vieja, es esta: Dios se ha hecho hombre, Dios ha nacido, como nace cualquier niño de una mujer para compartir nuestra vida, para estar con nosotros.

El evangelista san Juan es diferente a los otros tres evangelistas; no nos cuenta el nacimiento de Jesús como Mateo o Lucas. Lo que ha ocurrido nos lo cuenta de otra forma, más profunda y más teológica: el Verbo, la Palabra que estaba siempre junto a Dios como el Hijo, y por medio de la cual se ha creado lo que existe, ahora se ha hecho carne y ha venido a acampar entre nosotros.

Ya no podemos decir que no le importamos a Dios, o que Dios está cómodo e inalterable en su perfección mientras que nosotros luchamos aquí por la vida. No es cierto desde la Navidad: Dios se hace hombre, un hombre que va a conocer el frio, el rechazo, la soledad, la pobreza, la muerte… nada de lo que vivimos los seres humanos le es extraño o ajeno.

Por eso los profetas le anuncian como el Emmanuel: es el Dios con nosotros. Y trae la Luz a la oscuridad del mundo: porque no hay mayor pobreza ni oscuridad que vivir sin Dios y sin la esperanza que brota de saberse infinitamente amados por Dios, seamos como seamos. Sin esta luz no vemos para caminar, vamos dando tumbos por la vida.

Y trae la Vida, porque nos enseña a vivir como Hijos de Dios, llenos de dignidad y de libertad, sin esclavitudes ni ataduras, con libertad interior. Y es resurrección y vida también para cuando franqueamos la última puerta de la muerte si hemos vivido unidos a él.

Dios es con nosotros, nunca más estará lejos, se queda a vivir a nuestro lado. Este es el misterio maravilloso de la Navidad, una Buena Noticia siempre nueva y siempre desconcertante. Dios nos ha hablado por medio de su Hijo, como escuchábamos en la segunda lectura, de la Carta a los Hebreos. Y lo que nos ha dicho es que nos quiere más de lo que podemos imaginar porque nos falta fe.

Cuando miremos y besemos la imagen del Niño Jesús en el Belén, debemos hacerlo como los pastores, como los Magos del Oriente: con ternura, con fe, con agradecimiento. Con corazones sencillos y humildes, como de niños, porque, si no, no entenderemos el misterio de la Navidad.

Como nos ha dicho el Papa Francisco en su preciosa meditación sobre el significado del Belén: Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos.

 

Feliz Navidad a todos.

domingo, 24 de julio de 2022

FIESTA DE SANTIAGO APÓSTOL. VILLAMOROS 2022






Señores concejales del Ayuntamiento de Villaquilambre, Señora presidenta de la Junta Vecinal de Villamoros, vecinos y amigos que nos acompañáis.

Celebramos con toda alegría y unidad la solemnidad, anticipada, del apóstol Santiago, patrono de España y patrono de este pueblo de Villamoros, que lo honra cada año de la mejor manera posible.

El apóstol Santiago, también llamado Santiago el Mayor, uno de los hijos de Zebedeo, junto con Juan, fue uno de los Apóstoles más cercano al Señor Jesús.

De hecho, en los relatos del Evangelio lo encontramos acompañándole, junto con Pedro y su hermano Juan, en el episodio de la Transfiguración y en la Oración en el huerto de Getsemaní, dos de los momentos más cruciales en la vida de Jesús: la Transfiguración porque fue cuando les manifestó lo que hasta entonces estaba oculto, su condición gloriosa de Hijo de Dios, y la oración del huerto porque es un momento de intenso sufrimiento en la vida de Jesús, que sabe llegada la hora de padecer y morir en cruz.

 

Según la venerable Tradición, fue el evangelizador de España y por esto lo tenemos como Patrón. En él se cumplieron las palabras de Pablo que escuchamos en la Segunda Lectura, de la Carta a los Corintios: “el tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro”.

 

Santiago, un simple pescador de Galilea, probablemente sin formación alguna, se convierte en el apóstol que llega hasta el “fin de la tierra” y en el primero de los Doce en dar la vida por el Señor. No le detuvo su pequeñez, su incultura, su incapacidad, más aun, esto se convirtió en su fuerza porque de este modo se manifestó “que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros”.

 

Las palabras proféticas de Jesús en el Evangelio que responden a la petición de la madre de Santiago y Juan, se cumplieron con creces: Santiago bebió el Cáliz de la pasión del Señor, dio la vida por Él, compartió sus padecimientos, fue entregado a la muerte, y, por esto, venció: la “vida del Señor se manifestó en su carne mortal”.

Todos, pequeños y grandes, sencillos o preparados, estamos llamados desde el bautismo a esto. A dar testimonio del Evangelio de Jesús, que es la Buena Noticia que nosotros, nuestro mundo y quienes están a nuestro lado, necesitan, aunque no sean conscientes de necesitarlo.

 

A unos nos llamará Dios a dar testimonio desde una vocación de servicio directo a la Iglesia, a otros desde la entrega a la familia, desde el trabajo o desde la jubilación. Pero la fuente de la llamada es siempre la misma: el Bautismo en el que Dios ha puesto su mirada sobre nosotros y nos ha escogido para ser sus hijos e hijas amados.

A esta fiesta del Apóstol le hemos querido sumar, ya lo hicimos el año pasado, la Jornada Mundial de los abuelos y los mayores. Es una jornada nueva en la Iglesia, este es su segundo año, impulsada por el Papa Francisco. Su finalidad es doble: por un lado, promover que se reconozca en la sociedad y en la Iglesia, el valor insustituible que tienen las personas mayores. Por otro lado, haceros conscientes a todos los abuelos y mayores de que tenéis mucho que aportarnos al resto y que seguís teniendo una misión: nadie puede bajarse de la barca de la vida en la que vamos todos juntos y nos necesitamos los unos a los otros.

Para animar esta celebración ha escrito un mensaje precioso y esperanzador, que viene muy bien leer y reflexionar, especialmente ahora que vivimos una cultura del descarte, en la que parece que nos sobra todos los que no sean jóvenes y exitosos. Luego os la entregaremos para que la podáis leer tranquilamente. Lleva por título “En la vejez seguirán dando fruto” y quiero destacaros, solamente, algunas ideas de este mensaje:

La vejez es una bendición de Dios, no una enfermedad ni una carga pesada. Aunque traiga sus dificultades, como las trae cada etapa de la vida, puede ser una etapa muy fecunda, de crecimiento humano y espiritual, en la que se debe seguir dando frutos. ¡Envejecer no es una condena, sino una bendición!

Es necesario vivir una ancianidad activa, en lo espiritual y en lo humano, con la lectura de la Palabra de Dios, los sacramentos, viviendo la fe en comunidad. Y cultivando relaciones humanas, de familia y amistad, en las que se aporta lo aprendido en el camino largo de la vida.

La ancianidad es tiempo de seguir dando frutos y la mayor aportación que cree el Papa que debéis dar al mundo es la ternura, a un mundo herido y a tantas personas heridas por decepciones, violencias, cansancios, luchas… Los mayores, dice el Papa, que hemos afinado nuestra sensibilidad cuidando a tantos, “podemos ser maestros de una forma de vivir pacífica y atenta con los más débiles”.

Sigamos celebrando a nuestro querido Santiago Apóstol. Que él nos de la fortaleza para vivir a fondo nuestra fe cristiana. Que él ilumine a los mayores para que sean miembros activos que aportan sabiduría y ternura al resto. Que él ilumine a los jóvenes para reconocer la bendición que supone tener abuelos y mayores a nuestro lado.

Que a todos nos bendiga abundantemente.  Así sea.

 

 

jueves, 21 de julio de 2022

DOMINGO XVII TIEMPO ORDINARIO (ciclo C)

 ENSEÑANOS A ORAR...


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA


La primera lectura y el evangelio de hoy nos presentan el tema de la oración. Abraham, que en la lectura del pasado domingo recibía la visita de Dios en forma de tres misteriosos peregrinos del desierto, intercede ante Dios por la salvación de los pocos justos que queden en las ciudades pecadoras de Sodoma y Gomorra, ya que Yahvé le ha comunicado que serán destruidas por su corrupción.

El mismo asunto de la oración se retoma en el evangelio de hoy, compuesto de tres partes: el Padre Nuestro, la parábola del amigo importuno y el pasaje sobre la oración confiada. Las dos últimas partes tienen como tema central la perseverancia en la oración confiada.

Jesús enseña a sus discípulos porque le preguntan, quieren saber cómo orar. Los discípulos han comprobado que el Maestro se retira a rezar con frecuencia y ven que reza de un modo distinto. El evangelista Lucas lo menciona muchas veces. Suele presentar a Jesús orando a solas en los momentos cruciales de su vida. Además, se dirige a Dios como “Abba”, “Padre, Papá”, mostrando una cercanía y confianza propias de un hijo que se siente permanentemente querido.

Jesús, en su oración, da gloria al Padre y pide la salvación de los hombres. Rara vez pide por sí mismo (solo en la oración de Getsemaní y en la cruz). En definitiva, Jesús era hombre de oración, los discípulos lo ven y le preguntan cómo han de orar. Aunque ellos ya rezaban como pedían las prescripciones judías, le piden que les enseñe este modo de orar propio; quizá tenían la sensación de no saber orar o de hacerlo mal. También, a veces, nos pasa a nosotros que no sabemos cómo rezar; San Pablo dice que “no sabemos orar como nos conviene”.

La mejor oración, la más elevada, siempre será rezar el Padre Nuestro, porque nos la ha enseñado el Hijo para que se la dirijamos al Padre con Él. Si rezamos el Padre Nuestro con sentido, pasando por el corazón lo que decimos con la lengua, y no de un modo mecánico, este contiene todo lo que uno puede pedir a Dios. No hay deseo legítimo presentable ante Dios que no esté contenido, directa o implícitamente: su glorificación (santificado sea tu nombre), el cumplimiento de su voluntad (empezando en mí), el pan (material y espiritual) para uno mismo y los demás, la concordia entre los hombres (con el perdón), etc.

Por ser el domingo más cercano a la festividad de San Joaquín y Santa Ana, hoy celebramos en la Iglesia la II Jornada de los Abuelos y los Mayores. El Papa Francisco ha escrito para animar este día una preciosa carta titulada: En la vejez seguirán dando frutos.

La ancianidad no es una enfermedad ni es algo a descartar o a disimular, es una bendición de Dios y, como toda etapa de la vida, ha de ser una etapa provechosa, para fructificar.

El mayor fruto que dice el Papa que los mayores pueden aportar en este momento, a una sociedad tan herida y dividida como la nuestra por tensiones de todo tipo, es la ternura. Los mayores han vivido mucho, han aprendido, tantas veces con sufrimientos, que es lo importante y qué no lo es, han cuidado de muchos y han desarrollado paciencia y sabiduría. Ni la sociedad ni la Iglesia pueden prescindir de los frutos que dan los ancianos, que están llamados a sentirse útiles y fecundos en este momento de su vida.

Que la Eucaristía que estamos celebrando nos ayude a crecer en comunión entre jóvenes y mayores, para así abrir camino a una sociedad más pacífica e integradora de todos.

 

miércoles, 20 de julio de 2022

II JORNADA DE LOS ABUELOS Y LOS MAYORES. 2022

 

Como ya hicimos el año pasado en la Unidad Pastoral, vamos a unir la Jornada de los Abuelos y Mayores, impulsada por el Papa Francisco, a la celebración de Santiago Apóstol, patrono de la parroquia de Villamoros de las Regueras. 

El próximo domingo, 24 de julio, el más cercano a la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, a las 13 horas, tendremos la Misa solemne en el Parque de Villamoros, que comenzará con la procesión de la imagen del Santo Apóstol por las calles del pueblo. 

Al término de la Misa, en la que les tendremos muy presentes, obsequiaremos, con la generosa colaboración de la Junta Vecinal de Villamoros, a los mayores de nuestras parroquias que estén presentes con una planta y el mensaje del Papa para esta jornada 2022.


Puedes leer el mensaje del Papa en este enlace:

MENSAJE 2022

jueves, 3 de marzo de 2022

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2022

«No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a)


Queridos hermanos y hermanas:

            La Cuaresma es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado. Para nuestro camino cuaresmal de 2022 nos hará bien reflexionar sobre la exhortación de san Pablo a los gálatas: «No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kairós), hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a).

            En este pasaje el Apóstol evoca la imagen de la siembra y la cosecha, que a Jesús tanto le gustaba (cf. Mt 13). San Pablo nos habla de un kairós, un tiempo propicio para sembrar el bien con vistas a la cosecha. Ciertamente la Cuaresma es un tiempo favorable.

            La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir.

            No nos cansemos de orar. Jesús nos ha enseñado que es necesario «orar siempre sin desanimarse» (Lc 18,1). Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa. Con la pandemia hemos palpado nuestra fragilidad personal y social. Que la Cuaresma nos permita ahora experimentar el consuelo de la fe en Dios, sin el cual no podemos tener estabilidad.

            No nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida. Que el ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado. No nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, sabiendo que Dios nunca se cansa de perdonar.  No nos cansemos de luchar contra la concupiscencia, esa fragilidad que nos impulsa hacia el egoísmo y a toda clase de mal, y que a lo largo de los siglos ha encontrado modos distintos para hundir al hombre en el pecado. Uno de estos modos es el riesgo de dependencia de los medios de comunicación digitales, que empobrece las relaciones humanas.

            No nos cansemos de hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo. Durante esta Cuaresma practiquemos la limosna, dando con alegría (cf. 2 Co 9,7). Dios, «quien provee semilla al sembrador y pan para comer» (2 Co 9,10), nos proporciona a cada uno no sólo lo que necesitamos para subsistir, sino también para que podamos ser generosos en el hacer el bien a los demás. Si es verdad que toda nuestra vida es un tiempo para sembrar el bien, aprovechemos especialmente esta Cuaresma para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida (cf. Lc 10,25-37). La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar —y no evitar— a quien está necesitado; para llamar —y no ignorar— a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar —y no abandonar— a quien sufre la soledad.


DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO (ciclo A)

 NO GUARDES RENCOR A TU PRÓJIMO COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA      “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en...